La fuerza de la energía masculina tiene un sentido en relación a la paz

En el aniversario de la bomba atómica es buen momento para conectarse con el hemisferio creativo, que es el que permite el salto dimensional, entrando en otros escenarios no conocidos.

El hemisferio lógico te permite ordenar lo conocido, pero no entrar en lo no conocido. Por eso, cuando estás en el hemisferio lógico tratas de no dejarte llevar y no escuchar a tus emociones, porque te llevan a lo no conocido.
Las reacciones emocionales no son lógicas, pero para reacciones lógicas ya tenemos las máquinas, con sus programas lógicos.

El ser humano, al quedarse liberado de la lógica, puede explorar todo ese territorio de la emoción y del agua, que es donde la mujer, o sea la energía femenina, es la auténtica experta y conocedora.
Hay una criba que hacer respecto a las emociones, ya que no todas son válidas. Hay emociones reactivas, pero las que interesan son las activas. La emoción es una vibración creadora, mientras que la lógica y la reactividad son emociones conservadoras.

Hasta hace poco, hasta el último tercio del siglo XX, se creía que la persona nacía con un número de neuronas, que después no se podían reproducir.
Pero en el último tercio, o quizá en el último cuarto del siglo XX, se ha comprobado que las neuronas se reproducen en momentos de gozo y beatitud, asociados a emociones gozosas, que necesitan la paz y la ausencia total de la defensa, que es lo que activa las emociones reactivas.

Eso es un dato más en favor de la paz, porque la paz es la sensación de no peligro, que también sucede en el nivel subconsciente e inconsciente. Es necesaria para la auténtica sensación de gozo, que es cuando el cuerpo se regenera totalmente, empezando por las neuronas, pero también activando las células madre.
Esa sensación de paz precisa de una activación de las neuronas espejo donde lo que aparece es esa paz.

Si la prioridad es la paz, entonces también la fuerza de la energía masculina tiene un sentido, que ya no es ganar la guerra sino sostener la paz, pero no por la fuerza a través de la guerra.
Es diferente que el objetivo sea ganar la guerra a que el objetivo sea sostener la paz. La diferencia está en que, al sostener la fuerza, activas el hemisferio de la paz, donde está todo lo que conceptualmente llamamos energía femenina, que contiene sentir las necesidades de todas las personas y atenderlas.
Se trata de diferenciar entre enemigo, que reclama la fuerza de la guerra, y equivocado, que requiere diálogo.
El enemigo requiere ser vencido, para lo que recurres a cualquier arma, siendo todo válido, pero equivocación o discrepancia requiere palabras y búsqueda de soluciones.
Entonces, la fuerza también sirve como contención, y en casos extremos como bloqueo, por ejemplo, ante una enajenación. Ese es el juego de los hemisferios. Si te sitúas en un hemisferio creativo siempre hay una solución.

Una persona necesita sentirse fuerte. Por eso la relación con el cuerpo es necesaria. El cuerpo necesita ser alimentado adecuadamente, ejercicio adecuado, pero también ser escuchado como un maestro. El cuerpo, desde el punto de vista de la fuerza, sería la energía masculina.
Dos de los elementos fundamentales del cerebro masculino tienen que ver con más sinapsis en las áreas del cerebro donde se facilita la creación de músculos, y por tanto la fuerza muscular, y también las áreas del cerebro donde se activa la “agresividad”, como impulso para conseguir éxito, donde si desactivas la empatía, se convierte en éxito personal no empático, y entonces te da igual lo que le pasa a la gente.
Pero el cerebro de la paz es empático.

Por una parte la energía masculina necesita sentirse fuerte, pero también este momento requiere activar la empatía y situar su energía en la resolución de conflictos. De modo que cuanto más fuerte te sientes, mejor puedes resolver los conflictos, pero sin recurrir a las armas, que son el recurso del que no se siente tan fuerte como el otro, o sea del miedo.

Cuanto más miedo tienes, más miedo quieres producir. Pero cuanto más miedo quieres producir, más lejos estás de querer ser feliz.
El camino de la felicidad es el camino del amor, gracias a las neuronas espejo.
Si quieres ser feliz tienes que limpiar tus neuronas espejo y que todo lo que aparezca en esos espejos sea maravilloso. Entonces, estás en la maravilla.

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