La energía femenina y la luz

LA ENERGÍA FEMENINA Y LA LUZ (Libro de las Sincronías)
La energía femenina es una energía que enlaza y nutre, admite a todo lo existente. O podríamos decir que eso es la energía de la luz, algo que enlaza, nutre, se preocupa por todo lo que existe.
Reconocerlo hoy es fundamental, y vivir tiene que ver con eso.

El Tzolkin y el mensaje dejado en él por los sabios mayas, ha sido abierto para la humanidad a finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI. El propósito contenido en este mensaje, siendo el propósito precisamente algo sinónimo a intención o intento, es precisamente la energía femenina, es decir reconocer en la energía femenina la energía de la luz, de dimensiones más allá de la nuestra cotidiana, de peleas, conflictos, miedos, y reconocerla como una energía de solidaridad.

Pero el conocimiento del “intento” también se abre a finales del siglo XX, asociado a las enseñanzas de DON JUAN, la doble realidad y el ver.
Don Juan es el nombre de una persona, pero también tiene algo de palabra de poder en sí misma, es decir, es un sonido ordenante de realidades ocultas, las cuales hace aparecer ante nuestros ojos.
Don Juan y el intento son algo fundamental para el hombre del siglo XXI, en el borde, en el límite, en la frontera de las dimensiones. El intento es fundamental, porque habla de “tu poder”.
Tú creas la realidad con lo que crees. Cocreas la realidad con tu intento. El intento y la conciencia muestran la realidad al ser humano ciego. Por eso son tan importantes los trabajos con la meditación y la ensoñación.

Caminar por el cielo es vivir, y para eso se necesita reconocer lo sagrado en la mujer, reconocer la energía femenina como inicio del ascenso, porque es la energía de otras dimensiones que acude a ti, a tu conciencia; es la energía de la luz.

La humanidad es hombre y mujer, y el agravio a la mujer es un agravio a la humanidad, enfermante, deprimente, productora de toda clase de daños, físicos, emocionales y mentales, que necesita reconocerse en el espejo.

La energía femenina también está presente bajo otra resonancia de Juan, como es Juan Ciudad, JUAN DE DIOS, nacido el 8 de marzo y muerto un 8 de marzo. El único interés de dedicar un día, el 8 de marzo, a la mujer, que es la dueña de todos los días, es reconocer la energía de la solidaridad, la energía de enseñar, iniciar a los que no saben, alimentar y compartir con los que no tienen, incluso como una locura.
Si a un hombre preocupado por ganar dinero, prosperar en su profesión y ser reconocido, es decir un hombre normal de hoy, que defiende sus derechos, que enseguida quiere hacer huelga o matar a alguien, eso sí en guerras justas y legales, le dices que va a tener en su casa a una persona que no va a trabajar, a quien va a tener que alimentar, que va a tomar más protagonismo que él mismo, y que si es preciso va a mendigar o a sufrir cualquier desgaste, esfuerzo, menosprecio por él, te dirá “de eso nada, monada”.
Ciertamente, para ser mujer hay que estar loco, pero loco de amor y de entrega por la vida.

También está la resonancia en el evangelio de San Juan, que contiene las misteriosas palabras de Jesucristo en la cruz, es decir, en el límite de las realidades pero ya elevado, palabras que le dice a su madre “mujer, he ahí a tu hijo”, señalando a Juan.
En este momento en que se abren las puertas de las dimensiones, y el paso a una dimensión superior, hay tres personajes: dos son hijos y uno es mujer.
Pero la calidad de hijo que aporta la resonancia de esa mujer, es la de hijo de Dios, porque Jesucristo es Dios, hijo de Dios, cualquiera que sea el misterio que supone esto, y está mostrando cómo el camino para que aparezca esa resonancia de Dios-hijo de Dios, es o está con la presencia de la mujer.

Se pone como origen temporal, es decir, lo que es anterior, lo primero, a la mujer. Lo primero es la madre, que no es llamada madre sino mujer, y podríamos preguntarnos por qué, pero luego hay dos figuras “hijo”. De alguna manera es como si Jesús le dice a Juan “tú eres otro yo”, o como si el camino que se describe bajo el nombre de Juan, llegara hasta el lugar donde puede encontrar que él es hijo, sea lo que sea “hijo”.

Es necesario reconocer qué es esta energía femenina, cuya resonancia es imprescindible tanto para hombres como para mujeres, a nivel particular, y como la humanidad, a nivel general.
Puede ser interesante en estos momentos en que la puerta entre las dimensiones se está abriendo. Y será interesante escuchar “mujer, aquí tienes a tu hijo”, es decir hay un nuevo nacimiento; otro ha nacido; lo hemos conseguido.

EL LIBRO DE LAS SINCRONÍAS

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