Hay dos visiones opuestas, pero la realidad es la de la vida eterna y gozo eterno


Con esto de las perspectivas pasa eso, no sabes si entras o sales, hasta que lo ves desde otro ángulo, o sea, desde otra consideración.
Con la imagen/símbolo de Jesucristo y la cruz sucede lo mismo. Desde una perspectiva, la de la realidad ordinaria del sufrimiento y la guerra, Jesucristo sufre y está entrando en la muerte/fracaso, pero desde otra perspectiva está abriendo la puerta del gozo, entrando en la vida eterna, es decir, en la dimensión del gozo y la plenitud, donde no existe muerte, sufrimiento ni fracaso, sino plenitud vital, o sea gozo, amor y armonía.
Las dos visiones son opuestas, pero la realidad es la de la vida eterna y gozo eterno. La muerte solo es vista desde la realidad ordinaria, donde la vida te la das tú con tu esfuerzo, luchando contra la muerte/fracaso, pero esa perspectiva solo es aparente.

Con Atlas sosteniendo la bóveda celeste pasa lo mismo. Parece que es un castigo, y entonces es como un trabajo forzado a perpetuidad, la máxima pena para un inmortal. ¡Sostener permanentemente la bóveda celeste¡, ¡menudo esfuerzo constante!
Sin embargo, eso solo es así desde la perspectiva del esfuerzo y el sufrimiento y, por tanto, desde la derrota y el castigo.
Desde otra perspectiva que existe, lo que hace Atlas es unir el cielo y la tierra, o sea, ser un camino por el cual pasas de la tierra, dimensión ordinaria del sufrimiento, esfuerzo y finalmente derrota, a otra dimensión superior/cielo/gozo/inmortalidad, como demuestra Atlas.

Para saber cómo hacerlo te tienes que situar como Hércules, reconociendo que desde tu dimensión de esfuerzo/lucha no generas vida sino muerte; reconociendo en qué momentos no actúas desde el amor, sino enloquecido o hechizado por el no amor.

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