El auténtico voluntario necesita ser una persona libre y entusiasta

Escalones de sellos según colores
El voluntario es un entusiasta. Además, un auténtico voluntario necesita ser libre, es decir, es una persona libre entusiasmada, cuyo entusiasmo es similar emocionalmente al enamoramiento, con una adhesión total al proyecto.

En nuestra lectura del Tzolkin encontramos al voluntario asociado al sello de la tierra.
Los 20 sellos presentan una evolución, donde la tierra es la quinta presentación y mutación del rojo, de aquello que da realidad corpórea, que sustenta y es el vehículo con el cual el espíritu puede moverse.

La tierra es la quinta forma del rojo.
La primera forma del rojo, en el PRIMER ESCALÓN, es el dragón, que es luz cumpliendo una misión y para eso entra en la forma. La luz es un voluntario para entrar en la forma.
En este primer escalón, el espíritu del rojo (número 2) es el viento, asociado a la comunicación y también expresión máxima de Dios, Huracán, el dios creador. Cuando la luz decide entrar a tomar parte de un campo unificado donde va a aparecer la forma, está dando el vehículo a través de esa forma al espíritu, al dios creador, a la fuerza creadora de Dios, que es viento.
Pero también es noche, porque la fuerza creadora aparece en el ensueño. El descubrimiento de que el ensueño es una expresión de la fuerza creadora es un regalo para los seres humanos.
Así, el dragón, que es forma, traduce simultáneamente al viento como expresión dialogante que necesita al otro y también al ensueño.

El segundo rojo, en el SEGUNDO ESCALÓN, es la serpiente, que es la luz tomando forma en el ser humano. La luz, que primero toma forma en las cosas, luego toma forma en el ser humano, con la kundalini. Es un espíritu presente en el ser humano.
En este escalón aparece lo rojo como enlazador y mano. El enlazador pertenece a la familia del dragón, de la luz que ha tomado forma, y se muestra amorosamente, invitándote a prescindir del ego. Está asociada con la parte transformadora y fuego (azul).
Hemos hablado anteriormente de la ayahuasca, donde el fuego actúa en la cocción por la que la liana y la planta se transforman en ayahuasca. Para ello tienen que abandonar el yo, desapegarse del ego; no de la conciencia superior sino del “yo ego”, gracias justamente al fuego.
En este escalón, el fuego aparece en forma de la mano, que es sanación y realización pero también el reconocimiento de las faltas al amor, que forma parte de la cocción que permite emerger la kundalini.

En el TERCER ESCALÓN nos encontramos con la luna, que es propiamente la emoción. Primero aparece como cuerpo o vehículo la luz cumpliendo una misión, luego es la luz en el ser humano y después aparece la luna como emoción y agua en esa tercera presentación del rojo. Claro, esa asociación es la que permite entender qué es la emoción, que por un lado es amor incondicional (perro) y por otro lado una expresión del fuego-azul donde aparecen la alegría y el osar (mono). En este caso lo transformador es osar (azul), y ese osar produce alegría.
La luna es una emoción, que está asentada sobre la capacidad de resonar con su interior sin restricciones que le impidan actuar con total entrega. Por eso hay un osar que es como un romper rigideces, que viene propiciado por la incondicionalidad del amor y por reconocer las faltas al amor. Cuando reconoces y re-conectas con la fuente del amor, te produce alegría.
El reconocimiento de las faltas al amor es lo que te aporta alegría, por cuanto te reconecta. No es un “soy más bueno”, sino un elemento nutriente intrínseco imprescindible. Reconocer las faltas al amor es como volver a respirar, como haberte quitado la escayola y poder correr; devuelve tu ser y devuelve tu alma.
Eso forma parte de la luna como expresión del mundo de la emoción, porque la restitución está en el nivel emocional. Las faltas al amor es huir de poner límites, cotos y fronteras al amor.

Hay una progresión en este nivel. Cuando llegamos al 10, simultáneamente estamos en el 11, donde hay una progresión de la libertad, que es una progresión de la conciencia.
La línea del espejo, que expresa arriba y abajo, sucede entre las filas 10 y 11 del Tzolkin, ocupadas por los sellos del perro y el mono. El comienzo dentro del espejo está asociado al osar y a la libertad. El osar es el momento transformador que te va a permitir ser libre.
Osar, como azul, es una vivencia experiencial, que trae aparejada la alegría y te permite ser libre y ser humano, dando el siguiente paso que es el humano.

El osar del mono, como vivencia experiencial, abre el ser libre del humano, asociado a los pensamientos elevados. Es una fuerza elevante, expansiva y está enlazando con el siguiente paso que es el caminante del cielo, el rojo del CUARTO ESCALÓN, donde la exploración ya es más que un osar. O sea, el osar y el ser libre te llevan al caminante del cielo, asociado al explorar.
El vehículo corpóreo en la realidad visible al que hace referencia el caminante del cielo está representado por el mago y por el águila, que van a propiciar la aparición del voluntario.
El caminante del cielo, sello 13 asociado a la transcendencia, es un explorador que ha transcendido; es un paso más allá del osar; es un paso más allá de la libertad, donde ya no hay límites, produciendo un gozo porque te está permitiendo ser quién eres.
Esto está asociado con el mago, que es un caminante del cielo. El mago es uno de los sellos más controvertidos, porque hay quien lo aplica desde una expresión de poder, pero desde lo espiritual no expresa un poder, ya que estaría hablando de un enemigo, de tener un poder sobre alguien que te hace más fuerte que él.
El mago expresa una expansión emocional, porque es blanco, una expansión del agua, de la luna, que es emoción.
Por otra parte, vemos que las vivencias experienciales del mago están asociadas al ver (águila). La característica del mago es ver. De hecho, las ondas del mago y el águila son ondas asociadas, donde los ocultos de una están en la otra, y por ello están íntimamente asociadas.
De modo que el caminante del cielo es un mago que empieza a ver la maravilla.

La progresión dentro del espejo comienza con el osar del mono, que propicia la libertad del humano, y esto te transforma, te da un cuerpo donde se puede asentar el espíritu del mago que empieza a ver la maravilla, del mago como emoción amorosa que empieza a ver que las vivencias experienciales son ya de la maravilla, de la sociedad de la estrella.
Pero también es un inicio: el osar es un inicio, la libertad es un inicio y el caminante del cielo es un inicio del ver, que se transforma y faculta al voluntario.

Ahora eres voluntario para ese ver, como última expansión del rojo, en el QUINTO ESCALÓN. Esa quinta expansión del rojo es la del voluntario que ha hecho el camino desde la libertad, que cada vez es más entusiasmante porque aporta alegría, pensamientos elevados, gozo y la vivencia emocional amorosa y sanadora del mago (la mano es el oculto del mago), donde mientras reconoce sus fallos al amor se va nutriendo y expandiendo.

Cuando empiezas a ver se abre el cuerpo del voluntario, que está asociado al espejo, porque lo que ves es “tú eres otro yo”. Ves la unión, lo que supera el conflicto, pero también la resurrección (tormenta) y la luz (sol).

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