El lenguaje de los símbolos, en el tiempo de la comunicación merece ser encontrado como supracultural o supralingüístico y además enlazador

El lenguaje de los símbolos, en el tiempo de la comunicación, es un lenguaje que merece ser encontrado como supracultural, o sea supralingüístico, y además enlazador. No conviene relacionar un símbolo únicamente con una cultura, de donde ha surgido o que le ha dado soporte o cobijo, sino encontrar cómo todos los símbolos, independientemente de la cultura en que parecen surgir, del idioma que pudiera ser que hablasen sus creadores y del tiempo, en realidad están creados para la persona despierta del siglo XXI, que está resolviendo un problema que atañe a toda la humanidad.
O todos o quizá ninguno, o sea todos, porque desde donde se ha inventado la vida, lo que se ha inventado es comercialmente el éxito, deportivamente el triunfo, agrícolamente el florecimiento, y en el mundo de los ludópatas, el máximo premio.

De modo que todo está hecho para florecer, triunfar, lograr, expandirse, para la plenitud; no para perder el tiempo, porque también es la vida. Y el oro del que puede hablarse es el oro del HOR, o sea de la luz, del aura, o sea de tu luz, y en todo caso también el tiempo del oro puede ser el tiempo del “hablo” desde el corazón, como la catarsis más preciosa, la alquimia más conseguida.
Respecto a las personas que antes decíamos despiertas del siglo XXI que están resolviendo un problema que atañe a toda la humanidad, deberíamos decir que lo que están contemplando gozosamente es la expansión, la plenitud y el florecimiento, desapegándose de todos aquellos valores que quieran nutrir su ego personal, su ego nacional, su ego racial y por supuesto su ego de género.
En este siglo que podemos llamar XXI, todos los símbolos parecen estar despertándose y volviéndose muy charlatanes, y escucharlos es gozoso, porque es nutritivo, pacificador, expansivo

Hay muchas vidas mirando y avanzamos conectados con el corazón, despojados de la mente por un terreno sagrado, el tiempo de lo sagrado cotidiano, porque el tiempo es sagrado y sobre todo puede serlo.
Todos nuestros ancestros están presentes.

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