Enlazar y unir forman parte del proceso de la resurrección

Podríamos encontrar que enlazar y unir, o sea todos los procesos que desde la conciencia encuentran lo que te une a las demás personas y también a las demás culturas, forman parte del proceso de la resurrección. Es decir, forman parte de un proceso donde cada vez estás más vivo, como saliendo de un mundo oscuro donde todo está basado en el esfuerzo y la defensa.

El proceso de enlazar, resituar, redimensionar, redefinir las cosas, el proceso de iluminar la realidad de modo que ésta aparezca de una forma en que encuentras que siempre ha ido a tu favor, incluso cuando era necesario para despertarte que ocurriese algún hecho adverso, algún hecho que rompía totalmente tu esquema de vida, forma parte de la conciencia de la resurrección.
Cuando encuentras que todo lo que ha sucedido en tu vida está bien es porque era adecuado todo aquello que en algún momento pensabas que era inadecuado, y eso es un enlazamiento con dimensiones superiores.

Cuando te sitúas en esta iluminación entonces redefines tu relación con todas las demás personas que han pasado por tu vida, porque en muchas ocasiones reconoces que aquel conflicto o desgracia te estaba llevando u obligando a moverte justamente en la dirección donde luego ha sido posible el reconocimiento de la maravilla a través de aquella desgracia.
Muchas veces tienes que volver atrás, recalificar y bendecir a aquellas personas que creías eran tus enemigos y que quizá ciertamente en aquella dimensión de la muerte y la oscuridad parecían actuar de esa forma, pero porque tú en esa dimensión material también definías a las personas, o a la mayoría de las personas, como potenciales enemigos de los que tenías que defenderte.
De alguna forma esa era tu realidad, de la que creías que solamente podías salir a través del triunfo material, del desarrollo de tu poder personal y en caso de que no tuvieras ese poder, de tu capacidad de engaño y simulación, y en el peor de los casos de extremada sumisión.

Pero ni la extremada sumisión, ni el engaño, ni el abuso por la fuerza corresponden a la realidad de lo óptimo, es decir a la realidad Dios, a la cual en algún momento despiertas, porque formas parte de ella.

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