Era importante no olvidar tu origen, pero ahora es el tiempo de la realidad, o sea de ser.

Estamos en el fin de la oscuridad y eso es lo que significa el 20-12, que tanta alarma provocó en su momento junto a tantas expectativas de acercamiento a la maravilla.
Hablar del 20, según el código Tzolkin es hablar del sol, o sea de la luz, donde el sello 20 es el sol, y también lo es hablar de la sociedad de la estrella o sociedad de seres humanos iluminados, que son criaturas celestes y viven en una dimensión celeste, donde la onda 20 es la estrella.

Esto está siempre dirigido a todos los seres humanos. Por eso no es un asunto folclórico, donde se manifiestan tradiciones ancestrales, ni étnico, donde se refuerzan las barreras y tú no eres yo porque no eres de mi clan, sino que el 20-12 es un asunto que atañe a todos los seres humanos sin excepción.
El 20-12 es el humano iluminado, y eso es lo mismo que hablar del arquetipo humano, que no es creado por el ser humano sino CANALIZADO por el ser humano, para lo cual necesita eliminar los obstáculos de esa canalización.
Entendemos que canalización no es lo mismo que meter una masa en un tubo y empujarla para que salga por el otro lado como un churro o un embutido, o un dibujo con crema pastelera con merengue o chocolate, sino que canalizar dimensiones superiores es expandir tu conciencia, tu ser y tu aura, y expandir también los contenidos de lo óptimo, de tal manera que lo que te rodea es la realidad de lo óptimo, donde reconoces al otro como tú porque los lazos que unen la realidad son amorosos, luminosos, de colaboración y de entrega, y donde no necesitas ser quien no eres, porque no eres el más fuerte ni nunca lo serás, al menos no ininterrumpidamente; si quieres ser el más sanguinario, solo podrás serlo durante un breve tiempo, porque habrá otro que lo será más que tú.

Canalizar lo óptimo es eliminar la referencia a la depredación, al abuso, al miedo y a la necesidad, permitiendo entrar en la consistencia real de la maravilla, donde todo es posible si está acompañado de una emoción amorosa y cuanto más intensa mejor.
El arquetipo del ser humano es el ser humano de la quinta dimensión, que no tiene días nefastos, porque no existe lo nefasto; no necesita mirar qué le depara el futuro o con qué energía se va a encontrar, como quien necesita acertar, sino que se instala en la plenitud y en el gozo.

La referencia al miedo, a la necesidad de sentirte protegido por la capacidad de atemorizar que inhiba a tus enemigos, o a ser más poderoso siendo las demás personas como juguetes en tus manos, son una referencia de tercera dimensión.
La referencia a la necesidad de acertar puede ser de cuarta dimensión, pero estamos en el tiempo del fin de la oscuridad, que es un encogimiento de la realidad, y el humano expandido, o sea la persona que encarna el arquetipo humano, encarna también lo óptimo y la semejanza de lo óptimo, que coloquialmente se denomina con cuatro letras en este idioma puente: D, I, O, S.

Hablar de Dios es hablar de tu familia y de ti, y ese es el clan.
De eso han hablado todas las tradiciones, porque era importante no olvidar tu origen, pero ahora es el tiempo de la realidad, o sea de ser.

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