Es importante encontrar la similitud entre el humano y el árbol, porque el árbol es un maestro, en el moverse, en el tiempo, en la comunicación, incluso en relación al agua

Las plantas, o sea los árboles, esos monolitos, se nutren de luz solar. También las personas, o sea los seres humanos, se nutren de luz, y además es importante hacerlo.
Que las plantas se nutren de la luz del sol está claro. Que los seres humanos se nutren de la luz del sol quizá no está tan claro, porque se puede pensar que los seres humanos solamente se nutren de productos envasados, pero no. Es quizá importante, en un momento en que la vibración del día pulsa en la vibración de la semilla, reconocer la relación amorosa que sostiene la vida entre la semilla, el sol y el ser humano.

La onda del sol en sentido fluyente va a transformarse en forma transcendente en el humano, humano 13, y entonces la semilla aparece como dándole fuerza al propósito del sol.
Pero en sentido inverso, o sea cuando lo que está transcurriendo es la onda del oculto, algo que se inicia en la realidad transcendente del ser humano, vulgarmente humano 13, se está dirigiendo en lo oculto hacia la emergencia del sol, de la luz. Todas las transformaciones que se mueven en lo oculto, es decir más allá de la lógica, actúan poniendo en marcha fuerzas telepáticas, porque son totalmente transcendentes.

Por eso es importante encontrar la similitud entre el humano y el árbol, porque el árbol es un maestro, en el moverse, en el tiempo, en la comunicación, incluso en relación al agua.
En realidad el árbol es un maestro enlazador, o sea lo mismo que un humano transcendente.
Por eso es tan importante adentrarse en la onda del mago, porque el mago es el mago del agua.
Muchas veces desde lo masculino quisiéramos vivir en un mundo donde la mujer fuese reconocida. Quisiéramos hacerlo a veces desde las leyes, pero solamente la mujer dueña del agua puede recobrar en la conciencia su lugar cuando el hombre se transforma en un mago del agua, porque entonces la mujer ocupa su lugar celeste, ya que el agua es celeste cuando es luminosa.

Por eso la onda del mago, que transcurre en el primer castillo está asociada con la onda del águila en el quinto, o sea ver la maravilla.
Quizá no necesitamos leyes, o sea órdenes, que siempre te mandan a la sumisión y no a la libertad, que es lo propio del humano, y como máximo cuando están muy interiorizadas, a la máquina, sino encontrar ese momento donde el humano es transcendente, que para nosotros sabemos que está traduciendo la puerta al castillo verde como luna 1, donde el agua ya es celeste y expresa lo óptimo.
O sea, menos leyes y más corazón.

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