Es importante reconocer que es posible entrar en el desierto de la incertidumbre y desarmarte, porque no corres peligro

El viaje espacial del caminante del cielo, explorando lo desconocido, es el viaje al interior del gozo, donde esa espacialidad del vacío se transforma y aparece como plenitud habitada del ser.
Hay una frontera dimensional donde el explorador del espacio o astronauta entra en el vacío, por breve tiempo hasta ahora, siendo imposible allí la vida sin ayuda exterior.

Eso es a este lado del espejo o frontera dimensional, donde la gente se muere, hay enfermedades y de alguna manera te enseñan a ser fuerte, más fuerte que los demás, porque compites por la nutrición.

Eso traduce una forma de ver. Pero el caminante del cielo, como viajero dimensional que le convierte en caminante del cielo 13 transcendente -cuya raíz está en el dragón 1, asociado a la luz cumpliendo una misión- no entra en el vacío sino que empieza a caminar en el cielo, en la plenitud, porque su raíz no es la competencia por la supervivencia, sino la solidaridad y el amor.
Su raíz no es el miedo y la necesidad de ser más fuerte, sino la garantía de la comprobación de la realidad espiritual, que sustenta una aparente esperanza que es certitud. La raíz no es la inseguridad, la incertidumbre, sino la expansión de la conciencia, que podemos determinar FE.

El caminante del cielo transcendente, cuya raíz es la solidaridad y el conocimiento de la luz cumpliendo una misión (dragón 1 o Bosón Higgs), también canaliza (mano 7), viviendo un presente, algo azul, donde reconoce su falta al amor como algo que rompe la malla privándole de nutrición y de gozo, impidiéndole expandir su conciencia a la plenitud.
Esa es la enseñanza de los maestros huicholes caminantes de la sierra madre, como ángeles que viven en el desierto y que son similares a esos monjes cristianos que se retiran al desierto a establecer una conexión con Dios, de forma permanente.
Manik, el venado azul, como reconocimiento de las faltas al amor, es un sacramento y una reconstrucción de lo sagrado, que permite al caminante llegar a la transcendencia, es decir al gozo y a la plenitud.

Todos y cada uno de los sellos que unen el dragón con el caminante del cielo permiten la nutrición permanente del humano adulto, que como el faraón, que es el humano real, se acerca a Isis y recibe una nutrición que le devuelve la vida.

La mujer y la energía femenina nutren de manera real (dragón 1). En este momento es importante modificar los valores del sistema de creencias y reconocer cómo la maravilla actúa desde todas y cada una de las mujeres, y cómo es posible entrar en el desierto de la incertidumbre y desarmarte, porque no corres peligro. Solo son peligrosas tus armas, y una vez que te desarmas permites a esa energía del amor llegar a tu vida y transformarla.

Isis aparece como una madre con su hijo en brazos, tal vez dándole el pecho. También aparece como un árbol donde el faraón –es un hombre real adulto pero no un niño, porque esto sucede cuando toma posesión del reino, mostrando así que se trata de un adulto- se nutre de Isis-árbol, que es aquella energía cuya raíz se conecta con el corazón de la tierra, extrayendo nutrición para el faraón, y cuyas ramas se conectan con el corazón del cielo, extrayendo, a través de la fotosíntesis, nutrición para el faraón, para el hombre real adulto.

De esa manera el faraón aparece como niño con su mamá, y como adulto como rey, alineado con el corazón del cielo y de la tierra.
El niño, es decir el humano dormido, se relaciona con la mujer de manera exigente y dominante, “mi mamá”, “mi mamá me mima a mí”, intentando encerrar a la mujer.
Pero el adulto se relaciona con la mujer y con la energía femenina desde lo sagrado, con total libertad y expansión. Esa relación nutre al arquetipo desde el gozo.

Cómo no vamos a invitar a todos los seres humanos a explorar el gozo, a resucitar a la vida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *