La kundalini es ascendente y sube, pero primero tiene que bajar

árbol enraizado s
La kundalini, como la savia de los árboles, es ascendente y sube, pero primero tiene que bajar. La primera tarea para el trabajo con la kundalini es abrir los chakras superiores para propiciar el descenso de la luz, que es la kundalini celeste.

En nuestro código determinamos que la fuerza que va desde la tierra al corazón del cielo es ascendente, aunque desde un código celeste sería descendente, porque el centro estaría en el lugar celeste, y siempre lo que va hacia el centro es descendente.
Así, en nuestro código, del centro de la tierra hacia fuera, es decir, de los pies a la cabeza del ser humano, decimos que es ascendente.

La primera tarea es abrir la puerta a la kundalini celeste, para que descienda por el cuerpo hasta conectar con la tierra. Y en un segundo momento, abrir la puerta a la kundalini de la tierra, para que ascienda y vaya a buscar a la kundalini celeste del cielo.

Entonces es preciso abrir en primer lugar los chakras superiores, progresivamente hasta abajo, incluyendo a ser posible chakras espirituales de naturaleza no corpórea, y posteriormente abrir los chakras inferiores para favorecer el ascenso.
Eso evita muchos problemas, como que la energía se quede retenida en chakras superiores, pero sin enraizamiento, lo cual provoca alejamiento de la realidad.

Esa doble apertura, a una fuerza descendente, que se incorpore al interior de la tierra, y una segunda apertura a una fuerza transcendente que vaya a buscar lo celeste, evita muchos problemas.

El corazón es el lugar privilegiado y de intercambio de estas dos energías. A partir de ahí, del cuarto chakra y del timo en la proximidad del corazón, se puede comenzar a nutrir los distintos cuerpos del aura; los distintos cuerpos aurales pueden ser meditativamente nutridos desde el corazón y el cuarto chakra, favoreciendo su expansión, limpieza y descarga.

La luz descarga y limpia, y la tierra lo devuelve. Cualquier cosa que generaba un problema, al contacto con la tierra se ve alquimizado y se transforma, devolviéndolo la tierra con vitalidad.

Por eso el tercer paso, después de conectar conscientemente con la energía celeste y la energía de la tierra, es abrir el corazón a la kundalini del cielo, a la energía Dios, a la paz y al amor.
Es el tercer punto meditativo, que configura una nueva realidad, nutriendo al espíritu y al ser.

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