La mujer como dueña del agua (Extracto del Libro de las Sincronías)

La mujer como dueña del agua (Extracto del Libro de las Sincronías)

La mujer como dueña del agua, siendo el agua representación y presencia del núcleo interno, amoroso, vital y gratificante de dimensiones superiores de la vida más allá de la luz, es puro misterio.
La vida es puro misterio, que sólo aparece como lógica ante los seres humanos en dimensiones de supervivencia y cumplimiento, pero que en dimensiones trascendentes de la vida ya no necesita aparecer como lógica sino como gozosa.
Porque la vida es gozosa, por lo menos en su realidad REAL, quizás esperando que la encuentres, y la mujer igual.

La mujer es la puerta y el cómo, tanto para humanos masculinos como para humanos femeninos.
La mujer es gozo y paz, por eso la mujer es SABIA, si la dejan y si ella misma se autoriza.

La mujer no busca la confrontación sino que su vibración interna es de acogimiento y colaboración con lo existente; colaboración desinteresada sin protagonismo. Por eso puede gestar, porque cede su espacio y aporta su vida. Por eso puede acompañar a los “nuevos”, a los recién llegados de forma inolvidable, pero también a los “viejos” en sus últimos momentos, dándoles lo que tiene siempre, paz y amor; y puede acompañar a los que están, a los que ya llevan algo de tiempo pero no es su último tiempo, sino que están en pleno entrenamiento, y los puede acompañar animándoles, porque sin ego los éxitos de ellos son también suyos.

La humanidad como ser dual, hombre-mujer, precisa reconocer esa realidad dual y modificar comportamientos y valores tal vez útiles en la supervivencia, pero actualmente totalmente invalidantes.
El camino de la paz y el camino de la sabiduría parecen ser el mismo, exactamente el camino del gozo, es decir encontrar ese allí, ese lugar, enfoque, realidad, quizá podríamos decir “esa dimensión”, donde “yo soy tú, y tú eres yo”.
Sabiendo que la mujer siente más que el hombre, la acción sabia es colaborar a que ella sienta más y más y más. Colaborar a que ella sienta, y para eso necesita entrenarse y quererlo.

Activando los cuatro centros del sentir en la polaridad femenina del ser dual hombre-mujer al máximo posible, es decir al nivel del éxtasis, y si se produce esa “duplicación”, el cinco encuentra que el cuatro es otro yo.
La mujer, llegado al máximo de lo posible, transmite al hombre ese sentir, y se activan los cuatro centros del sentir en el hombre, en espejo, como los de la mujer.

La mujer, contiene el cómo sentir, en espejo, a través de la experiencia de “tú eres otro yo, y yo soy otro tu”, y siendo el espejo una mayor densidad o intensidad de la realidad, se activa el centro en el hombre, produciéndose así una intensidad mayor.
El uno del hombre solo es más bien como un tiro al aire, y no es dimensional.

Se trata de activar el sentir. Por eso es necesario realizar el cuatro de la mujer, a través de la experiencia de “tú eres otro yo y yo soy otro tú”.
Entonces, el hombre siente como la mujer, porque la mujer en espejo le transmite el sentir, y la mujer produce una emisión de agua, es decir el hombre siente y la mujer emite.

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