La noche es como una nave espacial

La noche, según uno de los criterios que nos aproximan a la sabiduría maya, es el ensueño, esa capacidad que tiene el ser humano de recrear la vida a través de su visualización interior.
Con los ojos cerrados puedes recordar cosas, imaginar o visualizar, y así estar actuando en la realidad. En la quietud de tu cuerpo hay una energía interior que modifica la realidad.
Eso está en la simbología actual como algo básico. La visualización, los decretos, las afirmaciones crean la realidad. Tus creencias crean la realidad. Todo eso está en la psicología básica y eso lo sabían los mayas y lo situaban como noche.

También es importante añadir el siguiente contenido, que aportaban los aztecas, donde “la noche” se transforma en “la casa”. La casa es donde tú vives, donde estás a gusto y seguro, donde puedes tener tus cosas, tu familia, tu vida… Y resulta que, al poder de cocrear la realidad, los sabios aztecas o los abuelos aztecas, decían que era la casa, tu territorio, donde tú eres fuerte, donde recuperas tu poder, donde asientas tu identidad, donde hay una raíz que te cohesiona con la realidad.

Entonces, es importante añadir el contenido de casa al contenido de ensueño. El ensueño es mi casa.
¿Quién puede decir el ensueño es mi casa? Eso lo puede decir el ser espiritual. El ser espiritual en la dimensión espiritual encuentra esa frecuencia o vibración como la vibración de su casa.

La noche es como una nave espacial. Todas las personas tenemos una nave espacial a nuestra disposición, dispuesta a ir allá donde nos dirijamos. La nave se dirige según tu ensueño y tu visualización. Tu ensueño es lo que dirige la nave.
Tienes la nave esperando y tienes los mandos, con los que todos los días juegas. Solo tienes que acoplar los mandos a la nave y entonces dirigirte a la realidad que desees.

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