La persona que se muere joven no tiene que aprender nada

La persona que se muere joven no tiene que aprender nada. Por eso su paso por esta dimensión es rápido. Pero la persona que se hace anciana sí tiene que aprender algo.

La persona que fallece pronto no necesita conectar con la sabiduría, quizá porque es en sí mismo la expresión de la sabiduría; es un ángel, una emanación de Dios.
Pero las personas que avanzan en edad, sí necesitan aprender. Necesitan que su corazón no pese, para poder entrar en dimensiones superiores.

Las personas que mueren jóvenes, no venían a aprender. Somos las personas que avanzamos en el tiempo las que necesitamos aprender, o quizá desaprender, deshacernos de los juicios, llenarnos de ecuanimidad, generosidad, deshacernos de los enemigos y llenarnos de amor.

Podemos bendecir a todas esas personas, que han pasado rápido y no necesitaban hacer las cosas bien ni situarse en lo correcto. No lo necesitaban, porque ellos eran bendición. No necesitaban bendecir.
Somos los que estamos aquí los que estamos aprendiendo, los que estamos abriendo el corazón al amor. Este es un momento maravilloso para bendecir.

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