La tristeza y otras emociones adversas, normalmente no deseadas, es necesario pasarlas porque te enriquecen

(4 marzo 2015)
La tristeza es necesario pasarla. La tristeza y otras emociones adversas, normalmente no deseadas, es necesario pasarlas porque te enriquecen. Forman parte del conjunto de experiencias posibles del ser humano y de alguna manera enriquecen su registro.
Es como la gripe, es decir, te vacuna y te hace fuerte frente a ese agente patógeno que podría venirte de cualquier persona en tu interacción. Por eso te enriquece.

La tristeza, por su característica emocional, forma parte del diálogo con el espíritu. Te introduce en realidades experienciales, no materiales sino espirituales. Es una especie de azul en código Tzolkin y por tanto forma parte del despertar.

Tiene un efecto ampliador. Por eso es un enriquecimiento. Por supuesto no se trata de quedarse en la tristeza, algo que es prácticamente imposible si no estás destinado a ello. Aunque haya personas que vivan en ella, ese no es tu caso.
La persona que establece un diálogo con el espíritu no es una persona triste. Aunque haya personas que viven eso, tal vez sea su cometido como ángeles, pero no es tu caso. Puede parecer incomprensible o injustificado que lo afirme tajantemente, pero lo afirmo: no es tu caso.
La persona a la que me estoy dirigiendo puede pasar por esa experiencia y debe pasar por ella, pero como parte de la expansión y de la vitalización.

Parte de la vitalización, de la construcción y del nacimiento del ser real puede ser expresado por adentrarte en el desierto y en la inexistencia, y regresar con una plenitud que facilita los milagros y la resurrección.
Entrar en el desierto y salir un hombre nuevo, con una conexión establecida con dimensiones superiores. De eso se trata.

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