Onda del dragón en el Tzolkin evolutivo

Onda evolutiva del dragón

El Tzolkin no se puede poner de cualquier forma, porque la secuencia de los 20 sellos y de los 13 tonos siempre es la misma y como consecuencia, la secuencia de las ondas siempre es la misma.
La primera onda, onda del dragón, ocupa la primera columna, que es programática porque expresa en sí el programa.

Al situar los sellos y las ondas en sentido horizontal en lugar de en sentido vertical, aparece lo que llamamos Tzolkin evolutivo, que es una disposición donde no se ve alterada las secuencias de los sellos, tonos y ondas. Lo único que cambia es que en lugar de ir de arriba abajo va de izquierda a derecha. Así, esta disposición es posible mantener los mismos contenidos.
De la comparación de los dos Tzolkin se pueden extraer consecuencias, una de las cuales es que se transforma la secuencia +1 en una secuencia + 7.

En el Tzolkin de sellos, va apareciendo cada sello siempre con el ritmo de +1: primero el sello 1, a continuación el sello 2 (1+1), después el 3 (2+1) y así hasta el sello 20, donde vuelve a comenzar (20+1=21, que sería el 1).
Sin embargo, la secuencia que aparece en las columnas vemos que sigue un ritmo de +7, porque la primera columna aparece con el dragón 1, la segunda con el dragón 8 (1+7), la tercera con el dragón 2 (8+7=15, 15-13=2), la cuarta con el dragón 9 (2+7), y así las 13 columnas irían siempre con el ritmo +7.

Vemos que la onda del dragón ocupa en vertical los 13 primeros lugares, asociándose de esa manera los sellos a los tonos: el viento, sello 2, adquiere el tono 2; la noche adquiere el valor equivalente del 3; la semilla, el valor 4; la serpiente, el valor 5, es decir aquello que da fuerza al propósito.
Este valor está actuando en el sello, impregnando toda su actividad por la analogía del tono. Por ejemplo, el enlazador va a tener una característica de portal, al corresponder el 6 a la columna donde están los portales; el perro siempre va a tener una característica que incluya la perfección; y el caminante del cielo, como sello 13, va a tener una característica que incluya la vivencia transcendente.

Cuando estos mismos sellos los situamos asociados al +7 se añade un nuevo contenido, de modo que el viento, que se asocia al 2, es decir al 1+1, cuando está como onda se sitúa en el 8, 1+7.
Así la actividad del VIENTO aparece asociada a lo resonante cuando la vivencia de la comunicación contiene integridad (dragón 8).

La NOCHE, que es el ensueño, aparece con el contenido de servicio, lo cual significa que ensoñar siempre es un servicio al resto de los seres humanos y también al resto de la realidad. Pero a su vez, aparece en forma resonante cuando da contenido al tono 2, que es el resultado del 8+7.
El dos, que es el otro, te da la oportunidad de experimentar la resonancia cuando te sitúas en la actitud de soñar la abundancia para el otro, no para ti. Tú eres el uno pero te sitúas como 2 en la “otreidad”; cuando de forma anónima e invisible deseas cosas buenas para “otro”, es decir, cuando dejas que el otro expanda su uno, su “ser el sujeto de la acción”.
Cuando desde la actitud meditativa del ensueño das fuerza al otr@ como héroe o heroína de la acción mientras tú te quedas en lo invisible, estás actuando en forma resonante, es decir activando programas que no pertenecen a la lógica sino a la maravilla.
La lógica no es la maravilla, porque la maravilla es supra-lógica, y cuando a través del ensueño entras a ocupar el papel del otro, del que no es el sujeto de la acción, permites que se active la resonancia de la maravilla en ti, lo cual en sí es una experiencia solamente apta para la conciencia del voluntario.

La SEMILLA, que aparece como 3+1 en la exposición de la onda del dragón, transforma al 4 en un 9. Cuando actúas como tú programa, es decir, sin interferencias, entras en un nivel de poder que te lleva a la transcendencia, a ti pero también a todo. El tono 9 es soporte del descenso de la fuerza para lograr la plenitud de la transcendencia.
Encontrar el programa, que proviene de dimensiones superiores, es conectar con la fuerza que te impulsa a la transcendencia, y contigo a todo tu mundo.

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