El presente no quiere contratos fijos

El presente no quiere contratos fijos, porque el presente es cambiante. Si fuera siempre lo mismo, sería una foto; sería una foto fija.
Pero el presente es cambiante, gracias a Dios, porque si fuera una foto fija sería similar a la inmovilidad del averno.
El conflicto de lo cambiante y también del presente, es el miedo y la inseguridad. Lo cambiante, o sea el presente, despierta el miedo porque está dentro, y es justamente entonces, cuando lo ves, cuando te puedes liberar de él.

Lo bueno de la inmovilidad del averno es que es siempre igual. No eres feliz, pero estás vivo. La inmovilidad del averno, donde no eres feliz, como es algo conocido te garantiza que estás vivo.
No eres feliz, pero tu vida no corre peligro y de vez en cuando la infelicidad se afloja, a lo mejor porque has vencido a alguien y es como una especie de revancha, o quizá porque alguien se ha compadecido de ti y desde la víctima te sientes bien.

Decimos que queremos vivir el presente, pero en realidad seguimos queriendo un contrato fijo en muchos casos.
Deseas vivir el presente porque en algún momento has experimentado que es más divertido ser libre y sientes más plenitud al ser tú. También aparece el amor, porque a veces percibes que estás rodead@ de amor.

Muchas veces, según te adentras en el presente, también te adentras en lo cambiante, en lo que no es seguro, y entonces aparece el miedo. Pero si aparece es porque está dentro y está ocupando el lugar de la conexión con la maravilla.
La conexión con la maravilla aparece cuando miras en el espejo de la realidad y ves a Dios.

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