Se podría pensar que envejecer es algo fisiológico, y eso puede ser cierto, al menos en parte

Se podría pensar que envejecer es algo fisiológico, y eso puede ser cierto, al menos en parte.
Sin embargo, también es cierto, al menos en parte, que envejecer es educacional.
Volverse decrépito y lograr que los órganos no respondan a sus actividades fisiológicas también es el resultado de una elección.
Hay una diferencia entre cómo envejecen unas personas y otras. Hay personas que con 30, 40 o 50 años ya son ancianas y otras que con 60, 70 u 80 años aparecen relativamente como jóvenes, de modo que únicamente la edad es insuficiente explicar estos resultados.

Envejecer, sobre todo en sus posiblemente peores manifestaciones, es algo educacional. Parte de la educación consiste en convencer a las personas de que es mejor hacerse viejos que ser niños, gracias en muchas ocasiones a elementos correctores como castigos y también al juego de premios, que potencia actitudes de viejo, entendiendo que se empieza a ser viejo cuando se empieza a ser adulto, abandonando las actitudes de niño.

El niño es aquel que no coarta su fuerza vital; que no se reprime y juega si quiere jugar, salta si quiere saltar, duerme si quiere dormir, o canta si quiere cantar.
La persona que en algún momento de su vida ha realizado esa experiencia de romper estereotipos, empezando a hacer cosas extrañas que incluyen saltar cuando le apetece, correr, dar volteretas y hacer cualquier cosa que se le ocurra en cada momento, empiezan a rejuvenecer.

Quizá usted esté convencido de que el envejecimiento es algo fisiológico y que lo que estamos diciendo no está demostrado. Sin embargo, tiene la posibilidad de comprobarlo. Haga usted caso a su interior, y cuando quiera hacer algo, hágalo, aunque no sea correcto, sobre todo a nivel físico o corporal. Si quiere dar un salto par la calle, hágalo, aunque sea una persona que pretende ser respetable, entendiendo que respetable es como viejo.
Revise usted esos contenidos y luego me dirá si es demostrable o no esa conexión con el rejuvenecimiento, o sea con el estar vivo.

Todo esto tiene una expresión en el Tzolkin en el sello 11, el mono, donde se trata de osar, en relación a la inocencia y a la alegría. No se trata de osar contra nadie. Hay un osar que está unido a la alegría, a la inocencia y a la pureza, siendo una fuerza rejuvenecedora.
Entendemos que el tono 11 contiene la referencia a un agente secreto, a alguien que está cumpliendo una misión, consistente en parte en conectar a las personas con la resurrección, con la vida y con el gozar.
De modo que podemos decir que hay un traspasar el velo asociado al osar, dando un paso más allá hacia el gozo y alejándote de un estándar de bienestar que te conduce a la inmovilidad, al silencio y a la decrepitud; hay un traspasar el velo que es reconectar con la inocencia y con la alegría, pero también con el amor incondicional, porque la figura, realidad o concepto oculto debajo del mono como sello 11, es el amor incondicional (sello perro).
También, a nivel colectivo de lo expresado en las ondas, lo que está oculto debajo del 11 es el espejo, el “tú eres otro yo”. Hay un traspasar el velo adentrándote en el 11.

Gracias maestro del 11, gracias José el de los 100 ojos, gracias José Arguelles. Tú eres otro yo. In lak’ech.

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