Si tienes tiempo, y no creo estar hablando con un fiambre, lo que necesitas es encontrar la emoción

Si tienes tiempo, y no creo estar hablando con un fiambre, lo que necesitas es encontrar la emoción.
Bueno, al menos, eso parece sugerirse desde el código de los colores del Tzolkin, donde la secuencia es rojo-blanco-azul-amarillo y la separación entre los 4 sucede entre el blanco y el azul. Ahí se situaría el espejo, es decir, la entrada de la visión y la presencia; la presencia que ve.

Puede haber muchas cosas, en muchos lugares, o quizá las ha habido en muchos otros tiempos, pero aunque eso fuese así y lo que llamamos infinito fuese infinito de cosas, sería casi similar a no existir, porque las cosas, a no ser que todas estuvieran pegadas y fueran la misma cosa, necesitarían un espacio para situarse y un suelo.
Pero entonces, no sabríamos qué sería infinito antes, si las cosas o el suelo que las contuviera, y todo ello sin que nadie las mirase.

Cuando te pones a mirarlo, porque sigo creyendo que estoy hablando con alguien, quizá podríamos preguntar ¿hasta dónde llega tu infinito? y ¿cómo es de grande el infinito de cosas?
Bueno, no parece que tenga mucho sentido, pero la pregunta se sugiere sola, ¿cómo he salido yo entre un infinito de cosas inertes?, o ¿existe también un infinito de yo mismo?
Porque claro, si ese campo unificado está basado en infinitos tendría que haber infinitas repeticiones de cada persona en cada uno de los infinitos planos.
El asunto suena a disco rayado que no se acaba nunca, o sea un infinito de ruidos infinitos.

Sin embargo, si las cosas existen asociadas a la CONCIENCIA, no a la realidad cosa, el asunto es diferente. Ya es un asunto de VER. Entonces, puede haber muchas cosas (rojo), sin que nadie las mire, pero que inicien su ser y su entidad ante una conciencia.
Es como si la tierra se formara como tierra, no para que haya infinitas tierras, sino para que exista el humano. Entonces, el inicio que puede haber en esa dimensión de realidad antes del humano, está fuera del tiempo, esperando a que entre esa conciencia que puede ver las cosas y la realidad material. Ese es el ROJO.
El Tzolkin habla de cosas que están ahí, infinitas o incontables, porque sin una conciencia que las cuente son incontables.

También hay otro inicio que es el AZUL. Tzolkin sitúa el azul como fuego, que es el ver. Lo sitúa como conciencia, que es un despertar -la conciencia siempre está despierta, si no, es inconsciencia-.
Hay un ver y hay un despertar. Claro, el despertar está asociado a distinguir, a reconocer las cosas, y eso supone un aprendizaje, que a su vez supone una realidad espiritual (BLANCO), porque no se trata de un simple sensor que detecta volúmenes o cosas, sino que el aprendizaje desde la conciencia está hablando de un ser en la conciencia que se está expandiendo (AMARILLO). Es decir, cada vez sabe mejor qué cosas son las que está viendo. Y esa expansión no es que se ponga gordo, sino que amplía su conciencia.

La secuencia de cuatro colores tiene un origen en algo corpóreo, cosa que está ahí o rojo, que en el código Tzolkin está asociado, por la relación de los ocultos, con el amarillo.
La relación de los ocultos es una de las leyes que conforman el Tzolkin como transmisor de un diálogo, ya que en el diálogo no puede haber ruidos inconexos, sino solo con un sentido.
La relación de los ocultos es fundamental en el Tzolkin, porque está traduciendo la imagen en espejo, que saca fuera la realidad que no se ve.

Entonces, en un lado está el rojo y las cosas, que son fronteras del ver, ya que cuando miras una cosa solo puedes ver su superficie y no su interior. De eso que no puedes ver, es de lo que habla la frontera del espejo, y más allá de la frontera, el espejo presenta lo oculto.
Lo oculto de lo rojo es amarillo y lo oculto de lo azul es blanco.

Si encuentras que tienes tiempo, que es lo azul, necesitas encontrar lo blanco, que es la realidad oculta detrás de lo azul. Lo blanco es emoción y espíritu, pero también como espíritu es emoción, porque todo lo blanco tiene como ejemplo ilustrativo al agua.
El hombre, incluso la persona más alejada del mundo de las emociones, cuando se emociona produce fluidos y agua: se puede emocionar y aparecer agua en sus ojos, en otro nivel se le puede hacer la boca agua y, en niveles íntimos amorosos, también es expresivo la presencia del agua.

Por eso, en estos momentos que estamos entrando en otro biorritmo, es decir, en otro tiempo, si tienes tiempo, busca la emoción, o sea el amor, y encontrarás la vida.

Están las cosas (lo rojo). Cuando aparece la conciencia (lo azul), que ya es algo que está más allá de las cosas, y se llena, encuentra la emoción (lo blanco). Entonces, las cosas, el cuerpo, tu cuerpo, se sitúan en un estado diferente, apareciendo una corporeidad diferente. Eso es lo amarillo, lo rojo expandido, lo rojo lleno de amor y lleno de tiempo. Entonces, es amarillo.

Pero cuando el amarillo se junta con el azul, sucede el verde, que existe y está lleno de amor, de tiempo y de conciencia; un cuerpo nuevo, no un cuerpo de exigencia, de carencia y de peso.

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