Sin dualidad no hay paraíso

Sin dualidad no hay paraíso. Si no hubiera dualidad, si no hubiera dos posibilidades, no podrías decir que has encontrado la maravilla, que has encontrado aquello que deseas, aquello que necesitas, aquello que te hace ser feliz. No podrías decir que has encontrado otra cosa que la que ya tenías. No podrías decir que has encontrado otra cosa que te da más plenitud que la que ya tenías. Cada encuentro de otra cosa es avanzar, adentrarte en “lo otro”; es adentrarte en lo dual.

Si no hubiera dualidad estarías siempre en el mismo sitio, y entonces, quizá si fueras todo poderoso también inventarías la dualidad. Si fueras todo poderoso entonces quizá utilizarías tu poder para crear al otro; utilizarías tu poder para crear la dualidad, para crear “lo otro”.
En realidad, la palabra “crear” siempre está significando “crear lo otro”. Evidentemente, crear no es crearte a ti mismo una y otra vez. Adentrarse en “lo otro” tiene muchos significados. Adentrarte en lo otro es saber quién eres, es ampliar la conciencia de ti mismo, adentrándote en todo lo que eres que desconoces. Inicialmente eres simplemente una persona que quiere tener éxito, que quiere divertirse o que quiere ser amada o incluso simplemente ser aceptada.
Cuando la conciencia se expande adentrándose en esa dualidad conocido-desconocido, de repente puedes reconocer tu conexión con tus ancestros; puedes reconocer tu conexión con todas las personas; puedes reconocer tu conexión con una energía maravillosa, más allá de todo lo conocido como simples cosas.
También puedes darte cuenta de que existe una realidad espiritual. Te puede hablar un árbol; puedes dialogar con una piedra, con el agua, con una mota de polvo; puedes encontrar que tu relación es siempre dual.
Entonces, quizá puedas amar la dualidad como forma de trascender la dualidad y también como forma de trascender la individualidad.

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