Hay que agradecer a la persona que te permite ser tú

Hay que agradecer a la persona que te permite ser tú. Quizá eres como una computadora muy bien programada para hacer muchas cosas, pero si no hay una persona o simplemente un dedo que te pone en marcha, no eres nada; eres una cosa más encima de una mesa. Quizá eres como un CD que contiene unas melodías maravillosas, pero si nadie lo pone en marcha eres un plástico más en un mundo de plásticos. Por eso hay que agradecer a las personas que activan tus emociones, que te escuchan, que te preguntan, incluso en ocasiones que te incomodan y te impulsan a moverte.

Perdonar, agradecer, bendecir y ser tú mismo completan la vida de nuestros ancestros


Por eso en muchas ocasiones, ante determinadas vivencias necesitas adentrarte en el perdonar, porque quizá estás compensando emociones de tus antepasados. Pero también es importante que sientas cuál es tu vocación, qué cosas te interesan, porque quizá también compense la frustración de algún antepasado que no ha osado ser él mismo y ha vivido una vida limitada, impidiéndole agradecer. Pero agradecer y bendecir también es necesario para completar las vivencias de nuestros antepasados.
Perdonar, agradecer, bendecir y ser tú mismo completan la vida de nuestros ancestros. Y, sobre todo, amar.

Cualquier cosa que tienes la puedes perder


Cualquier cosa que tienes la puedes perder. Y cualquier persona que te acompaña también puede desaparecer. Por eso merece la pena valorar lo que tienes y las personas que te acompañan en el tiempo real, en el presente. Merece la pena valorarlo en el presente y no dar por sentado que lo tienes y que va a estar siempre así, que te va a acompañar siempre, sino valorarlo cuando sucede, cuando eso es real y presente.

Eso te sitúa en despertar tu conciencia y apreciar lo que vives, lo que te acompaña y forma parte de tu realidad, valorándolo, viviéndolo y agradeciéndolo, porque, aunque las cosas y las personas existan, solo forman parte de tu realidad cuando están presentes. Que una cosa sea posible no quiere decir que la vivas. Por eso se trata de ser consciente de lo que vives, de amar lo que vives y valorarlo.

A veces, en realidad es bastante frecuente, no vives ni valoras lo que tienes porque estás pendiente de otra cosa, estás enajenado de ti mismo, de tu realidad, tratando de llegar a otra realidad. No vives la realidad real y tratas de vivir otra realidad, pero incluso cuando la consigues, tampoco era exactamente por la que no vivías la realidad real.

Por eso, dialogar con lo real, valorar lo real y vivir lo real es un buen camino, una buena vía de entrada en lo maravilloso. La realidad tiene su propia expansión y su propio programa, que casi nunca es coincidente con el programa que tú diseñas, que muchas veces te lleva a un aislamiento, a un “que no me lo quiten”, y cuando lo consigues, no era allí donde querías ir, porque estás aislado con lo que tienes, sin interactuar con la realidad total.

En cualquier situación, por estresada o adversa que sea, existe un centro, que está conectado con el centro de la vida, con la maravilla, con el amor y con la plenitud. Ese centro es lo real.