Si no hay felicidad, no hay realidad sino irrealidad.

Los seres humanos están compuestos de agua y de luz.
Los seres humanos como microcosmos, es decir como expresión cuántica de la totalidad, están compuestos de lo mismo que la totalidad, de agua y de luz. La totalidad se presenta en cada persona y al mismo tiempo cada persona es una expresión de la totalidad.
Esa es la enseñanza cuántica: la parte contiene al todo y el todo es la reunión de todos los iguales. Por eso la visión cuántica es la visión de la estrella.
De esta forma, lo que aparece en cada persona está expresado por lo mismo que aparece en la realidad.

Entonces, la visión dual de Tezcatlipoca y Quetzalcóatl también está presente en cada persona. Cada persona tiene su parte Quetzalcóatl y su parte Tezcatlipoca. Si están enfadados o no se relacionan bien, se separan, apareciendo enfermedades, conflictos, violencias o sumisiones forzadas, que son indeseables porque te alejan de la felicidad.
La realidad es la felicidad. Podemos decir con toda rotundidad que la felicidad es la realidad. Si no hay felicidad, no hay realidad sino irrealidad.
Y la felicidad también es el amor. Si no hay amor no hay felicidad, y si no hay felicidad no hay amor. Habrá cualquier cosa que se asemeje, como mirándolo en espejos lejanos, pero cercanos, que indiquen aquí, no. Estás yendo hacia allí como posibilidad.

Es importante considerar y reconocer esta dualidad en cada persona, porque esta dualidad se funde en otra dimensión cuando ha llegado a una plenitud; no se funde en otra dimensión cuando la realidad luz está agujereada o cuando la realidad agua está parcelada, sino cuando está expandida.
La luz forma el cuerpo y la conciencia. La conciencia que podemos considerar como águila en el quinto castillo, y que también es el presente, es una visión gozosa, desde arriba.
Hay arriba y abajo; arriba es expandido y abajo es no expandido. La visión del águila es una visión expandida y desapegada, porque si está pegada está abajo.
El águila forma parte de la luz, ya que pertenece a la familia de la luz (serpiente, perro, águila y sol). Eso conforma la luz cuando se compacta y cuando toma forma. Por eso vemos las cosas que tienen forma, porque es la luz. La luz y el ver están unidos.

La luz en nuestra dimensión se presenta en forma ascendente. La luz cuando se compacta para la eternidad, y al parar la eternidad da origen al tiempo. Pero la vocación de la materia es llegar a ser materia de la supernova y plasma estelar, con sus propias leyes estelares.
Eso forma la conciencia, el ver, la forma y el tiempo. Aparece en nuestra realidad en lo no visible; es un descenso, porque viene de dimensiones superiores; la luz viene de lo alto a la concreción de la forma y del tiempo como un descenso. Pero eso no lo vemos; solo vemos la forma de la luz cuando aparece en esta dimensión, y entonces podemos, a través de la conciencia, saber que se está dirigiendo al plasma.

Por otro lado está el agua, que conforma la otra parte de la realidad dual. La vemos descender en la lluvia o cuando vuelcas un vaso lleno de agua. Pero en lo no visible, asciende, porque esa agua que vuelcas o que cae en forma de lluvia termina regresando al cielo, haciendo el viaje al cielo.
La materia hace el viaje al cielo en forma de vocación a la supernova, al plasma y al cuerpo de las estrellas -tu cuerpo en el espejo aparece con vocación de cuerpo estelar-, mientras que el agua desciende en lo visible y sabemos desde la conciencia que asciende.
En realidad el agua también viene de más allá de la forma, más allá de la luz, del corazón del cielo. Por eso recibe el nombre de Huracán, como viento y tormenta; viento, que es la comunicación y la palabra, y tormenta, que es la emoción.

La vocación es la de comunicarse, produciendo vida, porque la fuerza que trae el agua es de más allá de la forma; la fuerza que trae el agua de producir vida es más allá. Es la fuerza del más allá y su vocación es el amor.
El agua cae visiblemente y se eleva cuando entra en la otra realidad de lo no visible; la realidad de lo no visible es ascendente. Toda la realidad es ascendente.