Cada persona que se despierta al reconocimiento de la realidad espiritual es como una luz que se enciende

Cada persona que se despierta al reconocimiento de la realidad espiritual, que es básicamente el despertarse al reconocimiento de que lo que crea la vida es el amor, es como una luz que se enciende.

El reconocimiento de que lo que crea la vida y la sustenta es el amor, te instala y te introduce en una realidad, una dimensión donde la energía actuante es el amor. Eso produce una modificación en tu conciencia, porque te das cuenta de que estás vinculado con la realidad, pero de una forma que no es el peligro, la enfermedad y la guerra lo que te rodea, sino el amor y la vida.
Para defenderte de una realidad que crees hostil, lo que haces es que retiras conexiones, te desconectas. Es como una persona en un castillo, que levanta una muralla para defenderse de lo que considera un mundo hostil, o en las guerras actuales que rodea todo de minas para que nadie pueda entrar.
La persona, cuando está situada en su sistema de creencias en un mundo hostil, corta las comunicaciones y no las favorece. Necesita saber quién entra, y quien entra tiene que identificarse. Eso son los sistemas de seguridad que van rodeando y aislando, intentando defenderte de algo que en realidad no existe.

Esa es una realidad, donde tú estás aislado. Pero cuando te das cuenta, despiertas a una realidad amorosa. Cuanto más te aíslas, más te alejas de la vida, y cuanto más te alejas de la vida, más te alejas de la plenitud, del gozo, de la salud y del amor.
Entonces, aunque seas fuerte dentro de esa fortaleza que te aísla, no te renuevas; tu vitalidad no se renueva y te avocas a la vejez, la enfermedad y el deterioro. Tienes un esplendor momentáneo.
Por eso en estos tiempos se está produciendo una transformación en los sistemas de creencias y muchas personas forman parte de una masa crítica que se está despertando a la realidad espiritual. Es como si se encendiera una nueva luz. Es como si una célula más del sol se despertara a ser sol. Se había olvidado que era sol, y al recordarlo vuelve a ser luz.

Eso es lo que estamos viviendo en un día como hoy.
En un día como hoy se te invita a emitir luz, algo que necesita que te sitúes en el conocimiento y el reconocimiento del amor incondicional.

El amor reordena el ADN

El amor es lo que reordena el ADN, porque lo que ha desordenado y roto el orden del ADN ha sido justamente la falta de amor, que ha aparecido como miedo, desprecio, ira o envidia. Eso es lo que ha causado un desorden, una alteración en el ADN. Y lo que le reintegra y hace que recupere el programa original y está reflejando la realidad Dios es el amor.

Esa es la razón de las terapias vibracionales y también es lo que define el tiempo de lucidez en que vivimos.
El tiempo de lucidez en que vivimos pide y convoca a las personas a despertar la conciencia de lo divino en su interior y a conectarse con su ser espiritual, para vibrar en la frecuencia del amor y de esa manera sanar y rescatar a las personas que están en el sufrimiento y la enfermedad.

Gracias y bendición. Bendición y agradecimiento para todas las personas que escuchan y acuden a esa llamada, que son todas, porque todas las personas están inconscientemente buscando el amor, ya que eso está en sus cromosomas, en su ADN. Es una vibración que ha iniciado su vida.
Eso explica que muchas personas cometan errores, pero cuando ves una persona o a ti mismo en el error, lo que necesitas es situarte en la ecuanimidad y en la paciencia, porque sabes que esa persona o tú mismo está cometiendo un error y quizá haciendo daño a otra persona, y que realmente lo que está buscando es el amor. Solo que no sabes porque estás todavía actuando no desde la conciencia sino desde la inercia.

Además, en ese movimiento es necesario que se muevan muchas cosas, lo cual muchas veces supone también la aparición de momentos absolutamente indeseados y violentos, pero que son necesarios para romper la rigidez y liberarte, sacarte de la cárcel.
Gracias y bendición.

La alquimia resucitadora que aparece en el mito de Osiris

La alquimia resucitadora que aparece en el mito de Osiris se inicia bajo el nombre y la consideración de Isis, como expresión de la magia del amor. Esto es particularmente importante en este tiempo, porque el hombre, el ser humano masculino, siempre trata de ser el primero. Como espermatozoide, antes de nacer, ya ha participado en esa carrera y ha llegado antes que muchos otros. Esa energía de competitividad forma parte del arquetipo masculino.

Por eso Osiris aparece como rey, es decir, como el primero, pero ser primero no es lo que le va a devolver la vida, sino el amor, porque ese espermatozoide que llega primero puede ser amado, o sea aceptado, unido e integrado, o rechazado. Y ya vemos cómo ese saber de aceptación, o sea de amor, está en el óvulo. Si el óvulo lo rechaza, por muy fuerte que sea el espermatozoide, sencillamente muere. El óvulo le abre la vía a la vida, más allá de su poder, es decir, a la transcendencia.
Ya en esta fase vemos que ese saber está en la mujer; esa cualidad le pertenece. Es el amor el que abre la puerta a la vida. La vida no se conquista a la fuerza. Es el amor el que abre la puerta. Y esa sabiduría aparece asociada como energía femenina desde el primer momento.

El amor es la fuerza que le lleva a la vida y aparece como mujer, como una fuerza femenina, porque no es lo importante ser el primero -para la mujer no es lo importante ser el primero-, sino la capacidad de crear vida, que aparece cuando gesta y sostiene la vida en su interior, de tal manera que donde hay uno en realidad hay dos. Esa fuerza no está en la capacidad de ser el primero.

La capacidad de ser el primero no crea vida, sino que lo crea ese rol que durante mucho tiempo aparece como secundario, que es el rol de la mujer. Físicamente es más débil, consecuentemente no se va a imponer por la fuerza, pero tiene la fuerza de generar vida, de abrir la puerta de la transcendencia, de abrir una puerta más allá de los límites y entonces entrar en otra realidad, con otras leyes, con otras formas. Y eso es pura magia.

Esa forma de unirse con la realidad es la que va a generar vida, no queriendo imponerse a la realidad, sino queriendo fundirse con la realidad, como hace el amor. El amor no se basa en ser el primero, sino en esa fuerza que de dos hace uno. Esa fuerza mágica de armonía, belleza y ganas de vivir y compartir es la que unifica todos los fragmentos separados, o sea rompe la división, y tiene esa característica que en la dimensión ordinaria de fuertes y débiles, primeros y segundos, se asocia con el segundo, que aparentemente es débil, pero que en verdad transciende la realidad y está imbuido en esa fuerza del amor.

Amar al enemigo: Los uros

AMAR AL ENEMIGO: LOS UROS (Extracto del nuevo libro en preparación)

¿Dónde están los uros? ¿Han desaparecido porque ya no se hable su lengua? Los uros, como todos los pueblos, tienen su propia lengua, pero actualmente está extinta y no tiene hablantes.
Sin embargo, los uros siguen existiendo. Los cromosomas uros siguen estando en personas, solo que ahora mestizados con aymaras, quechuas, europeos u otras etnias.

Los uros existen. Según cuentan las tradiciones de los abuelos uros, eran hostigados por los aymaras y utilizados para el sacrificio por incas y quechuas, de tal manera que fueron a vivir al agua del lago Titicaca. Están conectados con el agua, porque los uros son gente del agua y de alguna manera los guardianes de la kundalini del agua.
Son servidores, protectores o receptores de la kundalini del agua. No sabemos qué palabra utilizar, porque la palabra cuando es resonante entra en el interior, pero si la persona no es receptiva, la palabra bloquea.
Reconocemos una relación entre los Jasonis, los hombres del agua, y la kundalini del agua.
La kundalini de la tierra se ha desplazado a los andes en forma de emoción, porque sobre todo es amor y paz.

Estos pueblos hostigados expresan la paz. Cuando hablan de que los aymaras les hostigaban les dicen hermanos aymaras; cuando hablan de que los incas o quechuas los usaban para los sacrificios, les mencionan como hermanos.
Cuando hablan de los españoles, les dicen hermanos españoles, como últimos dominantes de esta zona, que de alguna manera les volvieron a sacar de su encerramiento y su hostigamiento al incluirlo como otro pueblo más, dándoles derechos pero también obligaciones. Según fuera la persona, sería explotador o no explotador, pero como contacto entre sociedades recuperan espacio, bajo la exigencia que sea, mientras que antes estaban excluidos.

Pero la respuesta siempre es pacífica. Puede haber puntualmente una respuesta violenta, pero el núcleo de la civilización Uro y Teotihuacán son culturas relacionadas con la divinidad, con dimensiones superiores y con la paz. Son culturas teocráticas y no guerreras. Todo su dominio está basado en la expansión de la conciencia y no en la expansión militar.

Cuando preguntamos dónde están los uros, la respuesta es que están mezclados y mestizados, y aquel que tenga el máximo grado de pureza, siendo sí mismo. Pero para ser sí mismo no necesita ser el más fuerte, el primero o el dominador. Es un ejemplo, como lo es el agua, de asociarse, apegarse y adaptarse a lo que hay.

También hay otros pueblos similares y antiguos -los uros son los pueblos antiguos de américa que ocupan todo América, del norte y del sur- bajo la denominación de Olmecas o Mayas.
Los mayas aparecen como emanación que sale de los uros, siendo también una cultura teocrática, aunque posteriormente hayan sido guerreros. Sin embargo, los primeros mayas, que son de los que estamos hablando, también eran pacíficos y teocráticos, mezclándose en todos los sustratos.
Podemos encontrar uros en aymaras y quechuas. Son también guerreros, pero en sí la civilización es pacífica, al igual que las civilizaciones olmecas y su proyección en los primeros mayas.

Estas culturas que ocupan todo América vienen siendo invadidas por pueblos guerreros que vienen de más allá de su territorio y que son culturizados e introducidos en ese conocimiento, pero cuyo primer contacto es guerrero.
Posteriormente llegan los europeos y repiten el mismo proceso, siendo el primer contacto guerrero, y luego se abre la transformación.

En ese sentido, los pueblos que van a representar la kundalini del agua y la emoción, la adaptación y el acogimiento del enemigo que te mata, también son similares y expresan el mismo contenido que aparece en aquella cultura que da origen al tiempo común, que dice: ama a tu enemigo; a quien te abofetea, ponle la otra mejilla para que también te pueda abofetear ahí si quiere.

Ese comportamiento uro es también el del colibrí, llamado “resucitado”. El colibrí une las culturas del norte y sur de américa, a los mayas, aztecas y mexicas en el norte, y a los quechuas, aymaras y uros.
El colibrí significa resucitado. Estas culturas están unidas por el sacrificio humano. Los guerreros sacrifican seres humanos, pero luego se transforman en el colibrí, en el resucitado.

Están invitando a reconocer las faltas al amor, que es lo que hacen los huicholes en la sierra madre, de igual forma que el mensaje de la iglesia cristiana y del cristianismo, donde se convoca a amar al enemigo como primer paso para deponer las armas y hacer la paz.

No hay libertad si no eres capaz de amar

NO HAY LIBERTAD SI NO ERES CAPAZ DE AMAR (Extracto del nuevo libro en preparación)

Algo faltaba en el mundo si los caballos no podían correr por América. El águila en el cielo es como el caballo salvaje. El prototipo de caballo salvaje como expresión de la libertad es hoy el de América.

El águila muestra la capacidad del ser humano de, al ser libre, sanar la visión y ver la maravilla, pero la historia del caballo en América muestra la recuperación de la libertad asociada a la fuerza y la nobleza.
Los caballos salvajes en el viejo continente, Europa, Asia y África, no tenían la belleza del de América, que es el caballo domesticado que ha vuelto a encontrar la libertad.
Es un símil del humano que transciende la tercera dimensión y se adentra en la cuarta buscando llegar a la quinta dimensión.

Los caballos salvajes en Europa, Asia y África eran animales más bajos y toscos, pero los caballos en América del norte y América del sur han encontrado su hábitat perfecto tanto en la pampa como en las llanuras de américa del norte. Son más ligeros y grandes, y más armónicos y bellos. De hecho, el prototipo de caballo salvaje para cualquier persona es actualmente el caballo americano, con las manadas de caballos americanos que corren por las llanuras.

Quizá conviene asociar al contenido simbólico del caballo el que sea una de las representaciones de Poseidón, el dios del mar.
Los caballos significan también la emoción. Existe un lugar donde la emoción es libre, y entonces es bella y noble. Hay que reconocer que previamente ha tenido que ser domesticada, es decir, es necesario pasar por momentos adversos para refinar la fuerza.
Pero ¿qué es el refinamiento a través de situaciones adversas? Es una armonización y un despertar de la conciencia, porque al ego le sirve la fuerza, pero la fuerza es maravillosa cuando ha sido refinada y deja de trabajar para el ego para ver la maravilla.

Cuando entras en el presente después de que tu fuerza ha sido previamente refinada, puedes empezar a expandirte. Esa expansión libre pero también refinada es la que automáticamente, en el momento adecuado, te introduce en lo verde.

No hay libertad si las emociones no son libres.
No hay libertad si no eres capaz de amar.

Haz el amor y no la guerra

HAZ EL AMOR Y NO LA GUERRA (Extracto del nuevo libro en preparación)

Haz el amor y no la guerra es similar a “construye la realidad, no la destruyas”. Crea la realidad desde la energía creadora, que es la energía amorosa de Dios. No la destruyas, ya que esa es la energía depredadora del envidioso.

Haz el amor y no la guerra. Crea la realidad. Crea la vida. No la destruyas.

El amor es la verdad

EL AMOR ES LA VERDAD (Extracto del nuevo libro en preparación)

El amor es una emoción, pero no es una emoción. Es la verdad.
El amor es una emoción y actúa en el terreno de las emociones, provocando cascadas emocionales y respuestas fisiológicas, a favor de la vida o huyendo de la vida.
Pero dejar al amor, que es la verdad, solo en el territorio de las emociones, es una reducción, y de esa manera le privas en parte de su potencialidad. Mientras que reconocer la realidad de verdad en el amor no le priva de sus características como emoción, sino que, al contrario, las potencia, porque reconocer la verdad te hace más real y más cierto.

La vida es el amor y el amor es la vida

LA VIDA ES EL AMOR (Extracto del libro en preparación “Tiempo de Ser o la impecabilidad sin esfuerzo”)

La vida es el amor y el amor es la vida. Por eso cuando te alejas del amor, te alejas de la vida.
Cuando te alejas de vivir desde el amor, dejas de vivir desde la vida, viviendo la no vida, o sea la muerte; cuando lo que haces no está fundamentado ni nutrido en el amor, entonces te adentras en la no vida, que es la muerte.

Por eso es importante reconocer en qué momento estás alejado de la vida, para volver a reintegrarte en ella. Por eso es importante reconocer cuándo has actuado desde el miedo, dándole de comer, porque es lo contrario del amor. Cuando reconoces que estás dando de comer al miedo y que te has alejado de la vida y del amor, puedes reintegrarte otra vez en la vida y en el amor.

Es como si viviéramos muchas vidas a la vez y estuviéramos presentes en muchas realidades, siendo la iluminación descartar aquellas realidades que no pertenecen a la vida, por no estar fundamentadas en el amor, entrando con plenitud en aquella realidad que reconoces fundamentada en el amor.
Cada vez que te das cuenta de que tu actitud no está basada en el amor, se produce una iluminación que deshace el hechizo. Por eso, la iluminación es integración; te hace más íntegro porque te hace cada vez más real, porque tú eres amor.

Cuando eres vida, eres amor, porque el amor es la vida y la vida es el amor. Por eso no se trata de un juicio sino de una iluminación. Se trata de ser libre, libre para amar.

Cómo decir una cosa para decir otra

El asunto es cómo decir una cosa para decir otra. Para ser más claro, se trata de decir algo pero contando otra cosa. No se trata de que no se entienda, sino muy al contrario, es una forma de preservar la sabiduría y evitar que algo sabio se convierta en banal, y entonces se pierda.
Por ejemplo, podemos decir que un hombre está compuesto por 14 trozos o que un hombre puede ser troceado en 14 partes. Esos trozos son esparcidos y alguien los busca, encontrando solo 13. Pero sabemos, porque lo hemos definido inicialmente, que son 14 los fragmentos en que ha sido dividido.

Esta es la historia de Osiris. Además hay todo un montón de complementos, pero ya nos alejan del 14 y del 13. Se puede decir que ha sido asesinado por envidia por su hermano, o que era rey e hijo de Dios, y cada uno de esos conceptos vehiculiza otro contenido.
Sin embargo, cuando decimos que ha sido troceado en 14 fragmentos y que solo han aparecido 13, estamos diciendo que el fragmento 14 está en otro sitio, sirviéndonos para hablar de dos dimensiones.

Cuando decimos que el trozo que falta es precisamente el pene y le añadimos que a pesar de haber desaparecido tiene un hijo, estamos contando una historia que tiene un gran poder de captación, que lo aleja de lo banal.
De alguna manera no sabemos hacia dónde se dirige todo esto en un primer momento, pero desde luego no es una historia banal. Sin embargo, si simplemente dijéramos que el pene está dentro de la mujer y que luego tiene un hijo, sería totalmente banal y perdería mucho poder de interesar, de despertar y de captar la atención.

Osiris es muerto por su hermano Set por envidia, ya que quiere usurpar su puesto de rey de Egipto. Es troceado su cuerpo y diseminado por todo el territorio de Egipto. Su mujer Isis lo busca y lo reconstruye con su amor, pero solo ha encontrado 13 fragmentos, y aunque con su amor le da vida y lo reconstruye, falta el pene como fragmento 14, que ha sido devorado por un pez del Nilo llamado Oxirrinco. Aquí ya encontramos una resonancia: Osiri-s y Oxirri-nco.
La resonancia existe, evidentemente, aunque en ningún sitio se comenta y de momento no sabemos a dónde nos lleva. Sí podemos decir que en el momento del acto sexual ese hombre que hemos definido como igual a 14 fragmentos, cuando está unido al cuerpo de esa mujer, solo tiene 13 en su espacio, porque el fragmento 14 está dentro del espacio de la mujer. Entonces, parece bastante sencillo que en algún momento aparezca un hijo.

Esto pertenecería a lo cotidiano, es decir, a lo banal. Pero la historia de Isis, Osiris y Horus, que es compatible con ese hecho cotidiano habitual, también sirve para presentarla dentro de lo sagrado y de lo mágico, porque efectivamente aun siendo banal es mágico que aparezca un hijo como consecuencia del contacto.
A lo que nos lleva la historia contada de esta manera es a presentar lo sagrado, situando a la mujer como sacerdotisa de lo sagrado a través del amor, gracias al cual se produce esa multiplicación y ese fruto.

Es decir, lo banal, lo habitual, aquello donde te empuja tu instinto sin conciencia, de repente aparece como el territorio de lo sagrado, y desde la conciencia despierta, lo que no puedes es convertir lo sagrado en banal. Una vez que has encontrado que lo banal se ha transformado en sagrado, no puedes llevar lo sagrado de nuevo a lo banal, porque has descubierto que tú eres sagrado y perteneces a lo sagrado, de modo que cuando vuelves a lo banal tendrás que elegir entre ser consciente o entrar en la inconsciencia. Tienes que elegir entre el cielo y el averno, Dios o cosa.
La elección está clara. De alguna manera el hombre como masculino necesita reconocer lo sagrado en la mujer como sacerdotisa, como la conocedora. Esa es una de las reivindicaciones políticas que se pretende al tratar de igualar al hombre y la mujer, que la mujer sea también sacerdote, pero cuando te sitúas en lo sagrado, la mujer es el sacerdote, porque en su interior está el big-bang creador.

Entonces, el hombre como masculino tiene que hacer una transformación, si estamos siguiendo la propuesta de Isis-Osiris, y es la de pasar de lo viejo a lo nuevo, re-gestarse, volver a nacer. Eso es encontrar unos criterios nuevos.
Si retomamos el tarot y el alfabeto hebreo, de los que ya que hemos hablado en otras ocasiones, vemos que el 13 como arcano es la muerte y como alfabeto hebreo es la Mem y la letra madre, y también significa las aguas y el mar. Este arcano 13 es seguido por el 14, que significa el pez, pero también el retoño, que siempre ha sido hijo y en lo sagrado, el Mesías, hijo de Dios. Encontrar el amor y vivir el amor es lo que te sitúa en ese retoño y ese paso de lo viejo a lo nuevo, y en ese Mesías hijo de Dios.
El pasar de lo viejo a lo nuevo es pura y simplemente una conversión y una transformación, ya que una conversión es una transformación. Y si el masculino no hace esa transformación no entra en la tierra prometida, en lo nuevo gozoso.
La mujer también hace una transformación, que es asumir esa maga del amor que gesta lo divino, que gesta al hijo de Dios.

Tenemos ese arquetipo de Isis, asociado a Sara y a María. La maga Isis que reconstruye y le da vida a Osiris muerto y que en ausencia de su pene tiene un hijo, es similar a esa anciana que no ha tenido hijos cuando era fértil y que cuando sus ovarios ya no producen óvulos gesta un hijo que luego será una familia, después un pueblo y finalmente estará en todos los países de la tierra. También es similar a María, símil de la iglesia, que gesta al hijo de Dios y a los hijos de Dios, y que al mismo tiempo es cualquier mujer que vive el amor y que desde su vivencia de amor abre el cielo, permitiendo al hombre encontrar su realidad sagrada.
Como todo esto son experiencias espirituales, no son banales.

Entonces, el 13 es el agua y la muerte, y el 14 es la templanza, el pez, el retoño y el Mesías, pero también Josué y los fragmentos de Osiris. Vemos claramente que la madre, como 13, Isis, Sara y María, gesta, pero también es un paso a la tierra prometida.
Eso está en todas y cada una de las mujeres. La transformación de Moisés en Josué, o de Osiris en Horus, o de tú mismo en el Mesías, está en todos los hombres.

Para eso también nos ayuda la historia de María de Betania y María Magdalena, o sea de las dos Betania. La Betania de abajo es el paso, que necesita la activación del tercer chakra que es el perdón y el reconocimiento del error o pecado, como acceso al corazón, porque el tercer chakra es la frontera de acceso al corazón, cuarto chakra. María Magdalena ya se sitúa en el quinto chakra. Es el inicio de lo sagrado, que es Betania y Juan el Bautista, el primer Juan, pidiendo que seas consciente de tus acciones y de cómo no actúas desde el amor.
La Betania de arriba está junto al templo y Jerusalén, en lo sagrado. Ya aparece María Magdalena, que es fuerte (Magdala), porque está llena de bendición y de amor, ya que el perdón facilita el amor y el no reconocimiento lo imposibilita.

Estar en la higuera

ESTAR EN LA HIGUERA
La primera vez que aparece la palabra Betania en el evangelio de Mateo, que es el más antiguo, es en el versículo 21,17. Jesús acaba de expulsar a los vendedores del templo después de ser aclamado en su entrada triunfal en Jerusalén y posteriormente se marcha a Betania. El texto dice “y dejándolos, salió de la ciudad camino de Betania,donde pasó la noche”. Esa es la primera vez que se cita por su nombre a esta localidad.
Parece intrascendente esa cita pero sirve para relacionar a Jesús con Juan Bautista, ya que el siguiente versículo inicia la narración de la higuera estéril, que cuenta cómo Jesús seca la higuera. Y Juan en su predicación relaciona a los hombres con los árboles y dice, en una cita libre, “ya está el hacha preparada. Los árboles que no den buen fruto serán cortados”.
El texto de Mateo dice, Mat 21,18-19,: “Al amanecer, cuando volvía a la ciudad (salia de Betania y regresaba a Jerusalén) sintió hambre. Al ver una higuera junto al camino se acercó a ella, pero no encontró más que hojas. Entonces le dijo: “que nunca jamás brote fruto de ti. Y al momento se secó la higuera”

Estas palabras muestran dónde sucede esto. Decimos que se trata de un mapa de UN TERRITORIO ESPIRITUAL. Este hecho sucede fuera del templo, que podemos entender como el lugar donde estás cuando no estás en lo sagrado, que también es la plenitud de tu ser donde aparece la semejanza de Dios, es decir cuando estás en el amor.
También sucede fuera de Betania, donde tu iluminación te sitúa cuando reconoces que no actúas desde el amor y entonces reconoces tu error. Pecado y error son lo mismo. En el no amor y no reconocimiento el balance es desgracia, no gracia.

El asunto es que eres libre y entonces eliges, pero si eliges comer basura tendrás retortijones y diarrea. No lo pasarás bien. No es un castigo sino una consecuencia.
En el discurso en la dimensión ordinaria, dimensión material, tercera dimensión, dimensión del desamor, se puede utilizar la palabra “castigo”, en un mundo dual, de bueno-malo, justo-injusto, etc., donde viene a significar ”eso trae malas consecuencias”, en esa dimensión material, dimensión ordinaria del ego. También es la dimensión de la víctima-victimario, donde tu ego puede situarte como víctima y ponerte a llorar para atraer atención, y sin duda lo consigues porque el amor siempre es activo y siempre acude alguien en tu ayuda.

Ese es el gran misterio de este concepto de Betania, que es simultáneamente y a la vez “casa de los pobres”, o sea de la ruina y de lo que no funciona, y “casa de la gracia”, o sea de la misericordia, de la maravilla de Dios.
Ruina y maravilla aparecen juntos, solo que necesitas saber desde donde lo estas mirando, porque en realidad todo lo que aparece como real es puramente subjetivo. Pero el asunto es que tú eres importante y algo quiere dialogar contigo, quiere despertar tu conciencia y recuperar tu alma, que sí conoce la maravilla.
Desde dimensiones superiores es maravilla porque es cuando la realidad Dios aparece, pero desde la realidad ordinaria del ego y del desamor, lo que ves cuando ves ruina es justo lo que no quieres ver. Se trata de ver, solo que “ver la maravilla”, o sea más allá de la apariencia, más allá de la realidad del ego. Ver el amor.

Esta historia de la higuera nos muestra esos tres territorios: el territorio del amor, bendito sea el templo; el territorio del reconocimiento del error cuando no actúas desde el amor, que es donde se inicia la sanación, benditos sean los ángeles; y el territorio fuera del amor y fuera del reconocimiento, donde todo es pura apariencia.