El agua vuela. El águila también vuela. Pero el agua no ha aprendido a volar del águila

El agua vuela. El águila también vuela. Pero el agua no ha aprendido a volar del águila, porque el agua en las nubes volaba ya antes de que hubiera águilas. Si alguien ha aprendido, sería el águila del agua.

Una de las cosas que caracterizan al águila es su vuelo en picado. Pero el agua también hace de forma extraordinaria y maravillosa un vuelo en picado cuando llueve. Sin embargo, el agua no ha aprendido del águila, ya que sabía volar en picado antes de que hubiera águilas.
El águila sabe elevar el vuelo y despegarse de la tierra, pero el agua también sabe elevarse, solo que no lo vemos. En eso se diferencia del águila; el agua sabe dejarse ver y sabe hacerse invisible.

El agua forma parte del ser humano. También forma parte de la tierra. Todas las rocas son óxidos. Es el resultado de la combinación del agua con un metal. El agua sabe elevarse, sabe volar, sabe descender y también sabe moverse en los ríos a través de la tierra.
Quizá la serpiente emplumada, ese personaje mítico que sabe elevarse, descender y moverse por la tierra, que también es la kundalini, sea el agua.
Quizá el agua, que también está en ti -por eso es importante conectar con tu agua-, sea una formulación de la serpiente emplumada. Este es un maravilloso momento para conectar con tu serpiente emplumada, con tu agua, con tu emoción, para que te lleve al cielo, porque el agua viene de más allá del sol.

Podemos relacionar al águila con un animal solar y decir que entonces se eleva más alto que el agua, pero en realidad el agua viene de más allá del sol.

Hay una serpiente emplumada que se mueve en la dimensión del ver, pero hay una serpiente emplumada que se adentra en la invisibilidad, porque sale totalmente de esta dimensión.