El arquetipo del hombre, del masculino, aparece encarnado en Osiris muerto por su hermano Seth

El asunto es el cómo, pero el cómo no es el qué, sino que el cómo es “cómo hago el qué”. Así que el asunto no es el qué sino el cómo.
Nos encontramos con una actitud. El cómo es una forma y la actitud es una forma de presentarse ante un acontecimiento, ante un suceso.

Para determinar esta cuestión podemos dirigirnos al acerbo de la humanidad, a las tradiciones iniciáticas y quizá nos cuenten algo.
Hay personas que hablan de feminismo y machismo, pero detrás de estos términos se encuentran las fronteras, y detrás de las fronteras siempre están los ejércitos defendiendo las fronteras, y entonces nos encontramos con la guerra.

Sin embargo, el acerbo de la sabiduría, el conjunto de tradiciones iniciáticas de todos los pueblos siempre está ahí presente, desde esa especie de pasado, y podemos recurrir a ello.
Por ejemplo, si nos situamos en el territorio de esa sabiduría iniciática que da origen quizá incluso al presente al que estamos asomándonos toda la humanidad, ¿qué sucede en la tradición del Egipto de las pirámides cuando nos presenta la imagen de Isis recogiendo los trozos del cuerpo desmembrado y fraccionado de Osiris, esparcido por todo el territorio conocido, es decir, por toda la realidad?
Si damos al territorio conocido el valor de la realidad conocida, ¿qué significa que Isis busca los trozos de su amado Osiris? Porque no es Osiris el que busca los trozos de su amada Isis. No, no es Osiris, sino Isis.

En esta tradición, la totalidad del arquetipo humano aparece fragmentado en dos parejas de hermanos, Osiris que es hombre e Isis que es mujer; Seth que es hombre y Neftis que es mujer. Ahí están todos, dos hombres y dos mujeres. ¿Por qué esta tradición iniciática que llega hasta hoy nos dice que entre todas estas personas iguales es Isis la que llega a un conocimiento superior, puesto que llega a conocer el nombre de Dios, el nombre verdadero, el nombre profundo, el nombre de Ra oculto?
No es Osiris-hombre o Seth-hombre, sino Isis. Isis busca los trozos de Osiris, porque Isis es el camino a la resurrección, es el camino al conocimiento, más allá de los demás conocimientos. Y aparece en esta fabulación femenina.

El arquetipo del hombre, del masculino, aparece encarnado en Osiris muerto por su hermano Seth, y el arquetipo del humano femenino aparece en Isis, buscando los trozos ayudada por su hermana.
Sencillamente está hablando del amor, de tal manera que cuando tú te sitúas en el amor, estás en el arquetipo femenino, da igual que seas hombre o mujer. Cada vez que te sitúas en el amor es cuando te sitúas en Isis. Y es desde Isis desde donde vas a encontrar los trozos y a reconstruir y resucitar, porque tú mismo resucitas, ya que Isis y Osiris como pareja es una misma carne.
Tú resucitas cuando resucitas en el amor y conoces el nombre de Dios, verdadero y oculto.
Por eso este es el tiempo de ceder el paso a la mujer, porque es el tiempo del amor.

El arquetipo mujer es dueño de la puerta

La mujer es dueña de la puerta.
El arquetipo mujer -que luego se verá actualizado en cada mujer- es dueño de la puerta.
Es algo que se sitúa en el movimiento retrógrado, es decir que proviene directamente de la transcendencia.
La energía de la mujer proviene directamente de la transcendencia, y en parte la traslada a la puerta, o sea al presente, por lo que no necesita realizar una expresión lógica, ni en muchos casos tampoco necesita que aparezca como coherente, porque la transcendencia está sustentada en parte por la intuición.

Si situamos la onda de la estrella en el nivel máximo evolutivo, o sea en la onda 20 y en la columna 13, el descenso de esa transcendencia se va a realizar en parte a través de la intuición, que es lo que está expresado por la onda 19 del águila.
La estrella contiene luz, como expresión del sello 20 el sol, pero la visión y la intuición del águila contienen resurrección, como expresión del sello 19.

Cada onda es la expresión transcendente de un sello, donde el uno se transforma en 13.
La energía retrógrada que parte de la estrella como sociedad celeste, cuenta con la visión resucitadora (onda, sello 19) y sigue su camino retrógrado a través del viento (onda 18), donde está presente el arquetipo del otro y por tanto de la ley del amor, donde el otro soy yo. La onda 18 traduce al sello 2, el viento, que también es una expresión del corazón del cielo a través de viento-tormenta-huracán, y, como primer dos, expresa el arquetipo del otro, o sea la otreidad que acompaña al uno para hacer sociedad.
Este dos u otro en el espejo (sello 18 que se expande en la onda 18), es otro yo.
Esto es como una forma expresiva de la ley del amor.

También, esta energía retrógrada que lleva hacia la puerta de la cual el arquetipo mujer es la dueña, contiene la emoción, que al ser reconocida como luna es la emoción que ya está elevada.
La luna expresa la emoción, pero la emoción que te lleva al cielo.

Todos esos contenidos, la emoción que te lleva al cielo (luna, onda 17), la ley del amor donde tú eres otro yo (espejo, onda 18), la visión resucitadora (águila, onda 19) y la sociedad de la estrella (estrella, onda 20) no necesitan lógica y no necesitan coherencia, sino sólo realidad.

Cuando un hombre escucha conscientemente la sabiduría de una mujer, permite la expansión del arquetipo femenino

Hay una sabiduría interna en la mujer, que la introduce cuando actúa desde su integridad en un “hacer” sagrado. El conflicto proviene de la negación de esa resonancia interior de la energía femenina, que impide precisamente ese hacer sagrado.

En estos tiempos, que nos gusta llamar del espíritu santo, se trata de poder hablar en todas las lenguas para poder entender a todas las personas, porque las lenguas y las culturas son fronteras. El espíritu santo no tiene fronteras y por eso traduce a la sociedad de la estrella.

En el taoísmo, la mujer es yin y el hombre es yang, la tierra es ying y el cielo es yang.
En el código Tzolkin la tierra y lo sólido es lo rojo. Por eso el dragón expresa la energía femenina. El dragón, que es la energía femenina, es también la luz entrando en la forma, pero para cumplir una misión, no para ser un objeto propiedad de nadie.

En los sólidos platónicos lo rojo es el cubo y corresponde al momento en que las partículas están muy unidas.
En el código Tzolkin lo rojo está unido a lo amarillo, ya que los sellos rojos y los amarillos son ocultos entre sí, y lo oculto expresa una realidad unida. Lo visible, que es lo rojo, tiene una realidad oculta que está expresada por lo amarillo.
También lo rojo es inicio y lo amarillo maduración.
Lo amarillo vuelve a conectar con el contenido expresado en lo rojo como luz que entra en la forma para cumplir una misión, porque como expansión expresa el momento del cumplimiento de la misión.

Lo rojo y lo amarillo expresan conjuntamente la energía femenina, solo que en dos etapas diferentes.
Si lo rojo-amarillo representa la tierra y la energía femenina, lo blanco y lo azul representaría lo masculino y lo yang.

Actualmente vemos que la mujer está constreñida, dominada, o sea no expandida, en la mayor parte de las sociedades. Y en las sociedades donde está más expandida, solo es así desde hace relativamente poco tiempo, porque realmente no es que se haya expandido totalmente, sino que se está expandiendo.

Así, el color blanco, que representa el agua y por tanto la emoción, y el azul, que representa el tiempo, la conciencia y el fuego, correspondería al hombre.
Parece coincidente encontrar en lo azul, si lo consideramos como fuego, o por lo menos como calor, lo yang, y entonces considerarlo también como el hombre.
Pero el agua no parece coincidir como expresión de lo yang, y la expansión y el aire del amarillo tampoco parecen coincidir con el yin. Sin embargo estos conceptos son relativos; algo puede ser yang en un contexto y ying en otro.

Aquí estamos utilizando únicamente el concepto de tierra, y solo situamos a la energía femenina como rojo. Lo rojo es más yin que todo lo demás, y nos sirve para considerar a la luz tomando forma como expresión de la energía femenina y de lo sólido, conteniendo en su interior un conocimiento, o sea una sabiduría que es la misión para la que ha tomado forma y que busca expandirse, porque esa expansión es el cumplimiento de la misión, y por tanto indica un regreso, cumplida la misión, al origen.
Por eso, esa expansión contiene el fruto de esa sabiduría, que es una elevación dimensional de toda la humanidad.

La parte donde aparece el hombre ya no estaría en este cumplimiento, en esta luz que toma forma para cumplir una misión, sino que estaría asociada a la conciencia, es decir a lo azul, y también a lo blanco, es decir, a la emoción.
Mientras la mujer se está expandiendo al escuchar su sabiduría interior y cumplir su misión, que como tal misión es un hacer sagrado, la parte masculina se despierta en la conciencia, o sea en el tiempo de la oportunidad, que es un tiempo diferente del de ganar dinero, colocarse o conseguir trofeos, y viene asociado con el descubrimiento de la emoción, o sea del agua.

Pero el agua también expresa a la mujer. Podemos dividir los cuatro colores en la parte femenina del rojo y del blanco y la parte masculina del azul y el amarillo.
De la misma manera que la mujer necesita expandirse haciendo desde lo sagrado, porque el hacer supone algo en el mundo de la materia, el hombre necesita encontrar aquello que complementa su azul, que es la emoción.
Así como las mujeres están reprimidas en la realidad sólida y necesitan expandirse, los hombres suelen estar reprimidos en su parte emocional, que en general la desconocen, y lo que necesitan es reconectar con ella.
Ahí es donde las mujeres son maestras, y su hacer sagrado consiste en introducir al hombre en la emoción. Pero eso no lo puede hacer en estos momentos no ocupando su espacio, sino ocupando físicamente su espacio; no siendo invisibles, sino en lo rojo.

Muchos hombres, en las sociedades cuyas leyes ya no son restrictivas con la mujer, quisieran ser solidarios y favorecer la expansión de la mujer.
Es imprescindible eliminar las leyes restrictivas pero más aun las conductas no escritas de dominación. De modo que no solo es necesario que haya leyes “favorables”, ya que las leyes normalmente están hechas para ser incumplidas. Hay una parte vibracional, que si no sucede no hay ley que valga.
La forma en que los hombres, en estos lugares donde las leyes ya son “favorables” a la mujer, pueden colaborar con la expansión de la mujer, es escuchando sus emociones, viviendo sus emociones y escuchando a las mujeres concretas con las que dialogan en momentos concretos.
Cuando un hombre escucha conscientemente la sabiduría de una mujer, permite la expansión del arquetipo femenino, que no es más que la luz que ha adoptado una forma para cumplir una misión.
Da igual qué aspecto o qué jerarquía tenga esa mujer. Para muchos hombres escuchar a una mujer HOY puede ser como escuchar a su ángel y el comienzo de otro mundo posible para todos.