Tiempos de alta intensidad

TIEMPOS DE ALTA INTENSIDAD (Subiendo la montaña o la impecabilidad sin esfuerzo)

El tiempo parece que va cada vez más rápido. Cada vez los cambios se producen de forma más rápida, más inmediata. Hay cosas que están cambiando inmediatamente.
Esto lleva a muchas personas a decir que el tiempo va cada vez más rápido, que cada vez tienen menos tiempo para sí mismos y que todo está cambiando muy rápidamente. Incluso a algunas personas parece que les cuesta adaptarse a esos cambios tan rápidos.

Sin embargo, siendo cierto que los cambios son rápidos y que el tiempo va cada vez más rápido, también lo es que el tiempo va cada vez más lento.
El tiempo va cada vez más rápido, pero al mismo tiempo va cada vez más lento.
Por eso alguien tiene que decir, como para contrarrestar el efecto estresante de la afirmación de que el tiempo va cada vez más rápido, porque las afirmaciones crean una realidad, que también el tiempo va cada vez más lento.

Hay cada vez más intensidad en el tiempo y te está pidiendo que cada vez te adaptes más. Es una llamada a la conciencia, a abrir tus escáneres espirituales y a conectar con tu energía espiritual, con tu yo espiritual y con tu doble espiritual. Se trata simplemente de eso.
Esa especie de estrés e inseguridad de los cambios está favoreciendo encontrar tu doble espiritual, que está situado en un tiempo lento y no en uno rápido. No está situado en un tiempo rápido y quemante sino en uno que te crea, te realiza y te expande, cuya característica es ser lento.

Podemos ver que hay personas que envejecen a un ritmo normal y otras que no lo hacen de la misma manera. Eso está siendo incluso utilizado por la publicidad comercial.
Cualquiera puede observar que no todas las personas envejecen con el mismo ritmo, sino que unas lo hacen con un ritmo más lento y otras con un ritmo más rápido. Pero no estamos hablando de cirugía estética.

La llave de este asunto está en los pensamientos maravillosos, cuando abandonas los del ego, que son estresantes, competitivos y quemantes, y te adentras en el mundo espiritual, basado en el amor incondicional, la ecuanimidad y el acogimiento frente a la exclusión, y sobre todo cuando entras en los pensamientos de reconocimiento de la vida espiritual, con sus energías amorosas indiscriminadas, que no te juzgan.

Entonces puedes empezar a generar unos pensamientos maravillosos.
Los pensamientos maravillosos que crean, co-crean y permiten una realidad, se sitúan en un tiempo que no es quemante sino iluminante. Ya no estás dentro del fuego, o el fuego no te quema, sino que estás dentro de la luz.

Esa rapidez que era necesaria para incomodarte, ya no sucede. Es un tiempo lento de alta intensidad, lo cual ahora significa de alto gozo frente a alta intensidad que te incomoda, estresa y obliga a moverte.
Cuando haces el movimiento de abrir tus escáneres, conectar con tu ser espiritual y entrar en los pensamientos maravillosos, entras en el tiempo adecuado, del ser, del gozo y del amor.

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En esta onda todo va a seguir igual?

Todo sigue igual hasta que cambia.
Podemos decir que en esta onda todo va a seguir igual, excepto para las personas que en este transcurso de 13 días conectan con esa energía y se produce un cambio, porque todo sigue igual siempre hasta que empieza a suceder diferente.
Ahora iniciamos 13 días donde la consecuencia es ser uno mismo. La onda del humano tiene como forma transcendente, como tono 13, la semilla, que significa “ser tú” y al ser tú, todo florece, porque te conectas con el plan, con el programa Dios de la creación.
Esta onda te ayuda a ser tú de forma transcendente, y al ser tú, te hace libre, te libera de todo lo que te impedía ser tú desde el miedo, la envidia o cualquiera de estas emociones. Todo lo que te impedía ser tú, se ve favorecido el que desaparezca.
Eso es lo que puede suceder en este tiempo. Es un tiempo favorable para ser tú mismo, conectado al programa transcendente de la creación, donde Dios es tu padre.

Sabemos que algo ha cambiado, pero no lo encontraremos si no miramos de manera expandida el acontecer

SABEMOS QUE ALGO HA CAMBIADO (Extracto de libro en preparación)
Sabemos que algo ha cambiado si comparamos esta época con otra, pero si solo vamos detrás de nuestro negocio o afición, nuestro gusto o preocupación, no encontramos cambio, porque no lo consideramos.

No encontraremos cambio si no miramos de manera expandida el acontecer.
Claro que para mirar de manera expandida el acontecer, es decir el tiempo, es preciso parar el hacer, no haciendo, y mirar, enfocando la conciencia.
Más allá de los relojes y los contratos hay un tiempo expresado por ritmos celestes, que aparece con varios niveles.
El SOL sale y se pone únicamente ante nuestros ojos, ya que en realidad se mueve linealmente en su órbita sin actualizar ese ritmo. Ese ritmo lo actualiza LA TIERRA, quien en el giro sobre su eje oculta el SOL o lo descubre. Es un ritmo fácil de encontrar, muy evidente.
Actualmente la mayor parte de las personas se han desconectado de este ritmo natural vivificante y le han entregado su poder al reloj, a la luz eléctrica y a los techos. Pero no es lo mismo el tiempo que marca la madre tierra con sus ritmos, que el que marca el reloj. No es lo mismo la luz del sol, que en sí es alimento, que la luz eléctrica.

Midiendo la intensidad de la luz eléctrica comparándola con la luz del sol, encontramos que la luz de las viviendas es similar a la penumbra en relación a la activación de la glándula pineal, que va a marcar la mayoría de los ritmos del cuerpo del ser humano. Es como si los seres humanos viviesen en cuevas. La activación de la glándula pineal o tercer ojo es insuficiente actualmente para la mayor parte de las personas. No es lo mismo tener un techo sobre tu cabeza que tener el cielo, o sea nubes, estrellas y planetas.

Algo ha cambiado, pero ¿qué puede ser?
La tierra no da vueltas tontamente, ni el sol envía su luz y su calor tontamente. Cada giro de la tierra contiene una oportunidad de encontrar la maravilla.
Cada día como cada ritmo contiene totalidad. Cada día es total, o sea pleno, pero tienes que situarte. Si estás dominado por tus preocupaciones, intereses, deseos, gustos, etc., estarás encantado con tu techo, tu reloj y tu ritmo de dinero cada mes para darte gusto mientras la maquinaria, o sea el cuerpo, aguante.
Ciertamente para eso no hace falta ver el sol ni reconocer la tierra y sus ritmos, solo que “eso” para muchas personas hoy ya no es suficiente, o quizás no lo ha sido nunca.

Cada día contiene un momento resonante, una columna resonante. En la estructura del día, que es algo soportado por la madre Tierra, hay un espacio resonante.
Cada día contiene resonancia plena, porque contiene oportunidad para el ascenso. Y esa resonancia se inicia desde la solidaridad y la empatía, ya que siempre existe una oportunidad para entrar en la transcendencia, como consecuencia de haber vivido la ley del espejo del amor incondicional.
Solo tienes que estar atento y abierto a cómo resuena tu corazón, a cómo se activan tus neuronas espejo y a cómo recibes al otro, porque ahora es el tiempo en que los ángeles caminan por la tierra despertando corazones.
Es un tiempo para vivir, para ser feliz.

Hay situaciones donde algún nivel de maestría puede ser un obstáculo para tu expansión, ya que al estar tan adaptado bloquea las posibilidades de cambio

Lo que te adapta es también lo que te desadapta.
El ser humano tiene una capacidad innata para adaptarse ante cualquier situación, clima o circunstancia.
Pero esa misma fuerza que te permite adaptarte, cuando es mantenida en la misma dirección es también lo que te desadapta, ya que ante algo nuevo, no circunstancial, donde ya no es posible volver atrás, puede ser que te encuentres totalmente desadaptado y estés siempre mirando atrás, confundiendo lo fácil, porque está repetido, con lo gozoso.
Muchas veces la ruptura de la adaptación te expone a un cambio obligado del que huyes. En realidad es liberador, porque va buscando lo mejor de ti, que es ser libre.

Hay situaciones donde algún nivel de maestría puede ser un obstáculo para tu expansión, es decir, te impide entrar en lo óptimo, porque posiblemente tu nivel de maestría en algo aparentemente importante te da un valor que no quieres abandonar ante la consideración de las demás personas.
Puede suceder que hayas conseguido un nivel de poder -incluso mínimo, pero localmente máximo- y por ejemplo seas el jefe de los mendigos de una esquina, o sea el que corta la pana en alguna situación, doméstica, social-laboral, social-municipal, y que entonces este mínimo poder no lo quieras abandonar.
Así, estás tan adaptado a una situación, aunque pueda ser casi catastrófica, que bloquea las posibilidades de cambio.

Es importante desidentificarse. Cualquier identificación, con la víctima o con tu pequeño poder, te impide ser tú. Por eso es importante desidentificarse.
La actitud del voluntario es una actitud completamente diferente en la identificación. El voluntario expande la conciencia cuando está dispuesto a vivir una situación que en realidad es indeseada, porque sabe que forma parte de un diálogo con dimensiones superiores, dentro de un proceso evolutivo para el nuevo nacimiento.
Ese voluntario busca en cualquier situación el maná, o sea la nutrición celeste, que es lo mismo que “el pan nuestro de cada día dánosle hoy”, porque cada día contiene nutrición, más allá de la consideración mental del pequeño programa de triunfo en la dimensión del desamor.
En toda situación, la conciencia y el ser espiritual interno quieren encontrar nutrición, y entonces descubrir la autoexistencia, que es lo que le va a permitir ser él mismo en plenitud, aun en situaciones complicadas.

Mirar es la forma más fácil de adaptarse a los cambios. Sólo necesitas NO JUZGAR (Extracto del Libro de las Sincronías)

Mirar es la forma más fácil de adaptarse a los cambios. Sólo necesitas NO JUZGAR. Los cambios suceden, tú los ves y en esa interacción, te transformas. Sólo necesitas no juzgar.
Cuando empiezas a juzgar, dejas de mirar lo que está sucediendo, para compararlo con aquello que te sirve para juzgar, y se para el proceso.
Mirar, contemplar, te une al suceso. Juzgar te separa, te lleva a una realidad diferente de aquella que está sucediendo.

Mirar sin juzgar es la forma más fácil de adaptarse a los cambios.