La conexión con las emociones es la vuelta al cielo

La conexión con las emociones es la vuelta al cielo. Conectar con las emociones es el camino de regreso de Pulgarcito. Es el camino de regreso al cielo, a la maravilla, de donde todos los seres humanos venimos y procedemos.

Por eso es importante conectar con la inocencia. En la inocencia hay carencia, falta de todas esas informaciones catastróficas que ha aprendido el ser humano en la tierra, donde se ha olvidado de su origen. Conectar con la inocencia es una experiencia de nuevo nacimiento. Es reconectar con el alma.

Atlas está sosteniendo la bóveda celeste, pero ¿qué significa sostener la bóveda celeste?

Atlas está separando-uniendo el cielo y la tierra. Depende de cómo lo mires. Desde una perspectiva une y desde otra perspectiva separa, pero es lo mismo.
Atlas aparece en las imágenes como un hombre que sostiene con su cuerpo una gran bola, que pudiera ser el globo terrestre, o sea la tierra, pero que en realidad parece ser que es el cielo, la bóveda celeste.
Esta imagen soló puede ser un símbolo. Esta imagen de un hombre corpulento llevando una gran bola, posiblemente de piedra, cuenta algo, pero solo te lo cuenta si te enfocas en ello. Si te interesa. Si escuchas. Si dialogas.

Pero si lo que sostiene es el cielo, ¿dónde esta es la tierra? Él está en la tierra. Esta donde estás tú. La explicación lógica es que está castigado o penando por algo y obligado a sostener el cielo.
Evidentemente esto es cuento, pero un cuento didáctico que conserva o guarda un mensaje de sabiduría, una iluminación para los que se interesen en ello.

Si nos olvidamos de la lógica y simplemente investigamos, exploramos o comprobamos podemos decir que Atlas es algo sólido, y sólido puede significar real, que toca y une la tierra donde tú estás, sus pies están donde tú, y el cielo, la sabiduría, lo óptimo, donde tu quizás quisieras estar. De modo que aparece como algo real existente, palpable y accesible a tus sentidos, que conecta donde está con lo óptimo y lo elevado, de modo que trepando por su cuerpo, una hormiga por ejemplo, un ser humano podría subir al cielo.
Es decir, materialmente existe un camino que une cielo y tierra. Pero ¿cómo subirlo?, ¿cómo encontrarlo?

Esa historia te la cuenta Hércules.
Hay que verlo todo no como asunto de dioses y cosas así sino como conceptos.
Todas esas historias de dioses de la mitología no son religión sino conceptos dentro de un diálogo.
El diálogo entre el ser humano y el espíritu quizás siempre ha existido o quizás solo existe si TU dialogas con la realidad espiritual. Todo sucede para que se establezca ese diálogo. Todo lo que está en el pasado y todo lo que está en el presente está dirigido a que se establezca ese diálogo.

Entonces, si consideramos que Atlas es un concepto, vemos que contiene un elemento que es la guerra y otro que es el sufrimiento como consecuencia de la guerra.
Atlas es un inmortal, un dios, porque es hijo del dios Cronos, o sea es hijo de dios y además inmortal.
El concepto de hijo de dios le hace igual que todos los humanos, o sea tú, yo, etc., si te reconoces como hijo de dios. También tiene el concepto de inmortal, cosa que tal vez la reconozcas ya en ti.
Entonces este hijo de dios, del dios máximo entonces llamado con la palabra Cronos, a su vez está peleado y en guerra con el dios supremo, que entonces es llamado Zeus. Es decir, la historia de Atlas es la de alguien que se sabe hijo de dios pero que es enemigo de dios. Simplemente.

Sucede que alguien llamado inicialmente Alceo, que luego será conocido como Hércules, que también es un hijo de dios porque es hijo de Zeus, pero que no se reconoce como inmortal y por tanto no lo es, se cambia con Atlas en su tarea de sostener la bóveda celeste, o sea de permitir que la vida exista, de permitir que ese espacio entre el cielo y la tierra no se cierre.

Hércules se convierte en Atlas. Hércules, en cumplimiento de una de sus doce tareas, se convierte en Atlas; aparece como Atlas sosteniendo la bóveda celeste, para que Atlas le traiga las manzanas del jardín de las Hespérides.
Esto muestra como concepto que son iguales. Atlas y Hércules, los dos, son hijos de dios y los dos sostienen la bóveda celeste. Todos los humanos como concepto somos hijos de dios, o sea de la vida, de la creación. Otra cosa es que reconozcas que la vida es amor o que luches contra lo que sucede porque no creas que la vida es amor.

Sin embargo, el concepto Atlas contiene lucha contra dios, pero el concepto Hércules, no. ¿Qué sucede?
Sucede que Hércules está cumpliendo esos doce trabajos porque ha matado a su mujer, a sus hijos, a su sobrino, etc. O sea, es un asesino.
Hércules, arrepentido de lo que ha hecho va a un santuario, y para expiar sus culpas le dicen que tiene que realizar esos doce trabajos, uno de los cuales es aparecer como Atlas sosteniendo la bóveda celeste, o sea haciendo que la vida sea.
Hércules y Atlas se igualan. Es decir, luchar contra dios es lo mismo que tus acciones no produzcan vida sino muerte. Este es el concepto. Si luchas contra la vida tratando de crear tú la vida, desde tu ego, porque no reconoces que la vida es amor, entonces sucede que luchas contra dios y matas.

¿Qué es sostener la bóveda celeste?
Sostener la bóveda celeste es encontrar a dios dentro de ti y hacer las acciones de dios de amor, perdón, belleza y armonía.

El castigo de Atlas es sencillamente ser dios, porque dios separa el cielo y la tierra creando ese espacio para la vida, o sea para que tu estés ahí viviendo.
Así como Atlas y Hércules se intercambian en esa tarea, en la mitología egipcia el que separa el cielo de la tierra es el dios Shu. Shu, dios creador, aparece en los documentos egipcios separando el cielo de la tierra. El castigo es un premio.

Si en tu corazón hay guerra y por tanto no vida, entonces es un castigo. Ser tú, en guerra con la vida, crees que es un “castigo”. Ser tú, como un voluntario para la vida tal y como es, desde el amor, amando todo lo que te sucede, es un premio. O sea, un gozo.

El hombre, que es la tierra, no puede poseer ni ser dueño del cielo

¿Cómo puede el hombre, que es la tierra, al menos en esa imagen de la civilización 13:20 o 360 de Egipto, acercarse al cielo?
El hombre, que es la tierra, no puede poseer ni ser el dueño del cielo.

Cuando el hombre, según la idea de los conquistadores griegos, cree que es el dueño y el cielo, entonces trata de poseer. Pero el hombre no puede ser el dueño del cielo. El hombre no es el dueño de la energía de resurrección.
El hombre no es el dueño de la energía creadora, pero sí puede recibir esa energía.

El hombre tiene que entregarse sin reserva a esa energía, sin dominarla ni poseerla.
El cielo no se conquista, sino que te abre la puerta. Si quieres entrar en el cielo no es dando patadas a la puerta o tirándole bombas. Esa no es la actitud.

Claro, el hombre es la tierra porque la mujer es la luna, o sea arriba.
Cuando el arquetipo de Osiris es la tierra y el arquetipo de Isis es la luna, entonces es cuando puede suceder la resurrección de Osiris, apareciendo su hijo Horus, que es el humano, hombre o mujer, iluminado.

La mujer es el cielo y arriba, porque es emoción

(20/10/2014)
Hay como una intoxicación. Le han dicho a la mujer que es la tierra, como algo inferior, abajo, incluso poco inteligente aunque quizá generosa, pero que no es el cielo. Sin embargo, la mujer es el cielo y arriba, porque es emoción, o sea amor, y además es sabia porque es el agua.

El hombre es la tierra, y lo que necesita para ser tierra es agua.
Si en nuestro planeta no hubiese agua, ¡AGUA¡, no sería la tierra, sino uno más entre millones.
Pero la TIERRA no es uno más sino la maravilla, el lugar donde Dios se ve a sí mismo, o sea el espejo de lo divino.

El espejo-cosa-tierra que es el hombre no sabe que Dios es la experiencia iluminativa del corazón-AB, que ve-RA a Dios y se trasforma, o sea nace de nuevo, lógicamente con un nombre nuevo, como humano nuevo al amor-AM.
El corazón o ser espiritual real, al ver a Dios y despertar a la conciencia del amor se trasforma en un ser iluminado que despierta a los demás.
Esa es la experiencia Abraham; esa es la experiencia del despertar.
La Tierra, que es el Hombre y no la Mujer.

La generosidad exuberante que se atribuye a la Tierra es ciertamente la del agua. Pero es que el agua es la vida. Por eso la Tierra tiene vida orgánica y por eso se busca agua por todo el cosmos.
Se busca agua gastándose miles de miles de millones. Ese es el valor de la emoción, que es gratis gracias a Dios: incalculable.
El agua viene de más allá del SOL, pero el humano, hombre-mujer, nace del agua, que siempre forma parte del humano porque está en la mujer. El agua no nos abandona, siempre está.
La emoción siempre está cerca, a veces silenciada, dominada, oculta, perseguida, pero siempre está cercana y generosa.
Para nosotros, “maya” es un singular imposible de “mayim”, las aguas.
Las aguas como plural son la sociedad celeste, que es lo expresado por el castillo verde.

El planeta tierra es la unión de lo rojo y lo blanco. No es solo lo sólido y la materia sino la fusión amorosa con la emoción.
El hombre y la polaridad masculina no son lo inmaterial y el cielo, como quieren decir los sistemas de creencias dominantes, que crean constantes guerras porque siempre aspiran a dominar, incluso bajo aparentes valores altruistas y supuestamente elevados. Compran, venden y esclavizan mujeres y niños en sus modalidades más brutales, como en todos los sitios donde hay harenes. En los mejores casos convierten a todos los hombres y mujeres en “cosa”, como fuerza de trabajo remunerado con un sueldo tan escaso como se pueda.

El agua no tiene precio porque el amor está en otra dimensión. Pero la mujer, que es la dueña del agua, puede estar confundida por esos sistemas de creencias y por eso tiene su despertar cuando conecta con su agua. Cuando la mujer sabe que es el agua, despierta a la realidad dios.
DIOS-A, no dios-b.

Claro, ahora podemos hablar de GEA Y GEB.
Ge-a y también Gai-a, que es lo mismo, o sea Tierra en griego, como expresión femenina de la Tierra tienen a la versión opuesta que ofrece la tradición de los constructores de las pirámides, o sea el Egipto sabio de RA: la iluminación.
En Egipto, la Tierra no es Gea sino Geb, o sea GE-B y no GE-A, y resulta que la diferencia es trascendente.

El momento en que el alma toca el cielo, con todas sus ayudas, es la cuarta dimensión, y el cielo es la quinta

Estamos ante una intoxicación histórica, porque la historia se puede contar de muy diversas maneras.
La historia, como espejo de la realidad, se puede contar de muy diversas maneras, según los ojos que miran el espejo, o sea según la actitud, según la subjetividad, porque en el espejo de la realidad va a aparecer, no la realidad exterior formal, que es luz adoptando formas y le da igual cualquier forma porque no tiene preferencias, sino la que ven los ojos que están traduciendo una realidad interior.

Esas formas aparecen y conforman imágenes según una manera de mirar. Por eso, en este momento en que se produce un cambio dimensional, la historia es tóxica, porque el acceso a la cuarta dimensión, dimensión del voluntario, requiere liberarse de la historia, que es de la dimensión del sufrimiento, no del gozo.
Es la dimensión de la víctima, que contiene los ensueños de la víctima.
Es la dimensión de la enfermedad, que contiene los ensueños de la enfermedad.
Es la dimensión del maltratador, que contiene los ensueños del maltratador.
Es la dimensión del maquillaje, de la apariencia, del miedo, porque eso es lo que se ve en esa dimensión.

Pero en la dimensión del voluntario, la materia y el cuerpo contienen otras leyes, porque paras tu mente que impone la ley del sufrimiento, del abuso y del miedo, que también es la dimensión de parecer fuerte, o la necesidad de tener poder. Y al parar la mente, que está dictando esa ley porque ese es su diálogo, permites como voluntario que aparezca la ley del campo unificado de dimensiones superiores, ya que en este escenario la ley traduce un campo unificado, o sea lo que explica la realidad.

Abandonamos la ley del más fuerte, de la venganza, etc., que configura este campo unificado en el nivel emocional, para entrar en un campo unificado con otra ley.
Y nosotros, al entrar en ese campo unificado nuevo, no llevamos ninguna ley, sino que entramos vacíos de ley, o sea como voluntarios que desean alinearse.
Esa alineación es entrar en otro campo unificado. Eso por sí solo cambia todo en tu cuerpo. Eso por sí solo cambia todo en tu alma.

La cuarta dimensión es un periodo similar al que vive un difunto o persona que ha terminado su tiempo en un estado intermedio en que su alma es pesada. En la cuarta dimensión puedes hacer eso conscientemente. Creo que es un privilegio.

Sí, el OTRO te ayuda siempre, el DOS. El dos es el otro y podemos ver a HE, que es dos, sujetando los brazos de Shu. El hombre está en el suelo y Shu toca el cielo. Vamos a llamar Shu-alma, pero olvidándonos de poner la “H”, es decir, su alma toca el cielo.

Eso es la cuarta dimensión. El momento en que el alma toca el cielo, con todas sus ayudas, es la cuarta dimensión, y el cielo es la quinta. Por eso hay que mirar al otr@, porque te ayuda.
HE son los cargadores del tiempo en una traducción al código maya, y da la casualidad de que el Papa es un cargador del tiempo, pero ahora es dos. Es el momento de la liviandad.
Gracias y perdón.

El cielo está abierto. Dejad que el corazón se exprese por la boca, o sea viento; de tu boca al cielo; pide bonito.
Gracias y perdón.

La inmersión en la emoción es un paso más hacia el cielo. Es lo que te permite pasar más allá del velo

noche transcendente small
Lo gracioso es que los oxirrinco también son habitantes o seres del agua.
Lo gracioso del caso es que con ellos es como queda completo el cuerpo de Osiris. Ellos son importantes.
Lo gracioso del caso -repetimos por tercera vez esa frase como expresando que quizá hay una gracia, o sea una realidad espiritual oculta más allá de la forma en este asunto- es que justamente el oxirrinco tiene la porción 14 de Osiris.
Osiris, como totalidad que representa al ser humano y que no está completo si falta esa porción, necesita conectar para encontrar su ser completo a algo que se encuentra en el agua, o sea en la emoción.

En el código Tzolkin el 14 está expresado por el mago, de color blanco, como una actitud. Pero es el segundo paso, ya que la segunda onda, del mago, es como una continuación a la propuesta inicial.
Evolutivamente el 14 es traducido como onda por los contenidos del amor incondicional (onda 14, perro), sin condiciones. De tal manera que la respuesta a esa violencia que recibe Osiris no es una exigencia de venganza o de restitución, sino al contrario, es una respuesta desde el amor incondicional.

Esa es la magia poderosa que se encuentra en el amor, que restituye la vida y que los seres humanos precisan de encontrar vivencialmente. No responde a esquemas, a obligaciones ni a formas de una perfección formal, sino que es una vivencia. Es algo que sientes y entonces sabes que todo es posible.

En la imagen de Shu, aparece separando, que al mismo tiempo es uniendo, el cielo y la tierra.
Hay tres imágenes visibles, el cielo, la tierra, el viento, y una cuarta no visible que es Tefnut, el cielo húmedo, o sea el cielo agua.

Por eso el mago precisa de un encuentro, de un despertar a otra realidad. El agua es un paso más. La inmersión en la emoción es un paso más hacia el cielo. Es lo que te permite adentrarte en lo que está más allá de lo visible con los sentidos, o sea más allá del velo.

La actualización del arquetipo humano precisa, se sustenta y se realiza a través de una masa crítica suficiente de voluntarios

Lo importante es el arquetipo humano porque lo importante es el ser human@.
El arquetipo pertenece a la realidad celeste, de modo que la actualización del arquetipo por cada persona trae la realidad celeste a la dimensión humana.
Impregna y llena el color azul, o sea la vivencia experiencial de la vibración del cielo, liberando el alma y expandiendo su realidad.

La actualización del arquetipo precisa, se sustenta y se realiza a través de una masa crítica suficiente de voluntarios, que como TIERRA amorosa expectante buscan, como a ciegas, el cielo, y cuando lo tocan con la fuerza del ciego ya no lo sueltan jamás porque se unen al cielo, y lo son.

La realidad corpórea estructural de su cuerpo sustenta el cielo como HE, los portadores del tiempo, y lo son. Sustentan el cielo y permiten el azul, el presente despierto y vivencial, colaborando con el VIENTO SHU, o sea con el amor, y lo son.

Si la Tierra es el cielo, y qué otra cosa puede ser un cuerpo celeste, lo que impide que además de serlo lo parezca está en la conciencia de los seres humanos

Si la Tierra es el cielo, y qué otra cosa puede ser un cuerpo celeste, lo que impide que además de serlo lo parezca está en la conciencia de los seres humanos, que es a quienes les parece una cosa u otra. Claro que ese “parecimiento” o conciencia se va a traducir en actitudes, y las actitudes en hechos o formas de vivir. Es decir, según sea la actitud de una persona como expresión de sus contenidos internos, la Tierra va a ser el cielo o el no-cielo.

Hay algunas personas, o quizás sea una sola, que creen que hay serpientes volando por los aires de la Tierra, o quizás sea una sola la serpiente que parecen creer que vuela.
Pero si hay serpientes que vuelan y tú no, no hay serpiente voladora en aquella Tierra que eres tú, por bonito que lo pintes.
Todas las personas viven, como voluntarios o sin apercibirse, aquello que expresa el Tzolkin como SERPIENTE, porque es su luz, y su luz es su energía vital.
Si la persona reconoce su luz hablamos de luz, pero si no, hablamos de energía vital. Sin embargo, todas las personas lo tienen y lo son.

Tzolkin da una formula útil para todos: serpiente 5, serpiente 12, serpiente 6 serpiente 13, serpiente 7, serpiente 1, serpiente 8, serpiente 2, serpiente 9, serpiente 3, serpiente 10, serpiente 4, serpiente 11. Simple.

Eres Serpiente 5 (onda dragón) cuando das fuerza con tu actitud a la solidaridad, o sea cuando eres solidario.
Eres Serpiente 12 (onda mago) cuando actúas en favor de todo lo existente, como el mago blanco, o sea queriendo.

Eres Serpiente 6 cuando actúas como puerta dimensional para las demás personas.
Eres Serpiente 13 trascendente (onda caminante del cielo) precisamente cuando eres cielo, por eso vuelas, o sea estas en el cielo. Serpiente 13 es serpiente-caminante del cielo.
Pero todo esto son actitudes y vivencias.

Eres Serpiente 7 (onda tormenta) cuando canalizas luz que permite a otras personas despertar.
Eres Serpiente 1 cuando tu propósito es la luz.

Eres Serpiente 8 (onda espejo) cuando eres resonante (columna 7) desde la ley del amor.
Eres Serpiente 2 (onda semilla) cuando eres tú y permites que florezca el programa diseñado desde dimensiones superiores para que aparezca la sociedad de la Estrella.

Eres Serpiente 9 (onda tierra) cuando das fuerza a la trascendencia de la emoción desde el voluntario.
Eres Serpiente 3 (onda noche) cuando ensueñas la abundancia para todos como parte de tu misión. Cuando la Serpiente sueña abundancia para otros como parte de su misión está volando.
La noche azul es la experiencia vivida. Por eso, es el presente de la familia del día verde, o sea del cielo. No se trata de vuelos acrobáticos, poderosos o espectaculares, ya que eso es puro ego, o sea puro miedo, no volar y hacer de la tierra abajo, el no cielo. Gracias tierra-cielo.

Eres Serpiente 10 (onda guerrero), serpiente amorosa o serpiente perfecta cuando tu conciencia está expandida.
Eres Serpiente 4 (onda viento), que conoce el “cómo”, cuando desde la columna 12 colaboras con todo lo existente como viento.

Finalmente la serpiente aparece en esa formulación como trascendente, porque es la decimotercera, como serpiente 11 (onda águila) cuando ha actuado como un agente secreto cumpliendo su misión viendo la estrella -ver es hacer real-, o sea haciendo real la sociedad de la estrella desde su ver.

Le han dicho a la mujer que es la tierra. Sin embargo la mujer es el cielo y arriba, porque es emoción, o sea amor, y además es sabia porque es el agua.

Hay como una intoxicación. Le han dicho a la mujer que es la tierra, como algo inferior, abajo, incluso poco inteligente aunque quizá generoso, pero que no es el cielo. Sin embargo la mujer es el cielo y arriba, porque es emoción, o sea amor, y además es sabia porque es el agua.

El hombre es la tierra, y lo que necesita para ser tierra es agua.
Si en nuestro planeta no hubiese agua, ¡AGUA¡, no sería la tierra, sino uno más entre millones.
Pero la TIERRA no es uno más sino la maravilla, el lugar donde Dios se ve a sí mismo, o sea el espejo de lo divino.

El espejo-cosa-tierra que es el hombre no sabe que Dios es la experiencia iluminativa del corazón-AB, que ve-RA a Dios y se trasforma, o sea nace de nuevo, lógicamente con un nombre nuevo, como humano nuevo al amor-AM.
El corazón o ser espiritual real, al ver a Dios y despertar a la conciencia del amor se trasforma en un ser iluminado que despierta a los demás.
Esa es la experiencia Abraham; esa es la experiencia del despertar.
La Tierra, que es el Hombre y no la Mujer.

La generosidad exuberante que se atribuye a la Tierra es ciertamente la del agua. Pero es que el agua es la vida. Por eso la Tierra tiene vida orgánica y por eso se busca agua por todo el cosmos.
Se busca agua gastándose miles de miles de millones. Ese es el valor de la emoción, que es gratis gracias a Dios: incalculable.
El agua viene de más allá del SOL, pero el humano, hombre-mujer, nace del agua, que siempre forma parte del humano porque está en la mujer. El agua no nos abandona, siempre está.
La emoción siempre está cerca, a veces silenciada, dominada, oculta, perseguida, pero siempre está cercana y generosa.
Para nosotros, “maya” es un singular imposible de “mayim”, las aguas.
Las aguas como plural son la sociedad celeste, que es lo expresado por el castillo verde.

El planeta tierra es la unión de lo rojo y lo blanco. No es solo lo sólido y la materia sino la fusión amorosa de lo rojo y lo blanco.
El hombre y la polaridad masculina no son lo inmaterial y el cielo, como quieren decir los sistemas de creencias dominantes, que crean constantes guerras porque siempre aspiran a dominar, incluso bajo aparentes valores altruistas y supuestamente elevados. Compran, venden y esclavizan mujeres y niños en sus modalidades más brutales, como en todos los sitios donde hay harenes. En los mejores casos convierten a todos los hombres y mujeres en “cosa”, como fuerza de trabajo remunerado con un sueldo tan escaso como se pueda.

El agua no tiene precio porque el amor está en otra dimensión. Pero la mujer, que es la dueña del agua, puede estar confundida por esos sistemas de creencias y por eso tiene su despertar cuando conecta con su agua. Cuando la mujer sabe que es el agua, despierta a la realidad dios.
DIOS-A, no dios-b.

Claro ahora podemos hablar de GEA Y GEB.
Ge-a y también Gai-a, que es lo mismo, o sea Tierra en griego, como expresión femenina de la Tierra tienen a la versión opuesta que ofrece la tradición de los constructores de las pirámides, o sea el Egipto sabio de RA: la iluminación.
En Egipto, la Tierra no es Gea sino Geb, o sea GE-B y no GE-A, y resulta que la diferencia es trascendente. Lo contamos en el siguiente.

Es necesario expresar con claridad que la energía femenina es el cielo y no la tierra

Es necesario decirlo con claridad.
Si queremos entender qué significa el castillo verde y cómo acceder a la vivencia en plenitud del castillo verde, es necesario expresar con claridad que la energía femenina es el cielo. No la tierra, sino el cielo.
Es necesario para vivenciar los contenidos propuestos en el Tzolkin, comprender que aquello que consideramos lo óptimo, expresado por el castillo verde, solo acontece y por eso precisa de ese acontecimiento, cuando es situada la energía femenina como cielo y no como tierra, es decir, cuando es reconocida como expresión asequible y constante de la energía de dimensiones superiores, traduciendo precisamente la energía amorosa que es constitutiva esencial de la realidad Dios.