La kundalini de la tierra asciende, y en su elevación y ascensión crea las alas del águila

La kundalini de la tierra asciende, y en su elevación y ascensión crea las alas del águila.
La kundalini del cielo desciende como el agua. La kundalini amorosa del cielo desciende despertando las emociones, desciende como agua cósmica, y es esa kundalini amorosa del cielo que desciende como agua la que genera y crea la kundalini ascendente de la tierra, que en su evolución crea las alas del águila que se elevan.

Desciende el amor y la emoción. Es una energía que va buscando la debilidad, va descendiendo. El amor te va a buscar en el inframundo, el amor te va a buscar en el mundo de la muerte, donde crees que no hay vida, y cuando crees que no hay vida, el amor te está buscando, para llevarte a la elevación, para llevarte al cielo. Esa elevación genera alas.

Los antiguos egipcios hablaban de esto, los antiguos mayas hablaban de esto, y el descenso de Dios en forma de su hijo a la tierra también habla de esto. Entrar en el agua de la muerte, que es de lo que habla el bautismo, también habla de esto.

La dualidad contiene una energía que desciende, que es el amor, y una energía que asciende, que necesita la conciencia, la determinación de la conciencia, el despertar de la conciencia. Supone desplegar las alas del águila. Recuperar tu inocencia te sitúa en la elevación.

Hablar de la dualidad nos lleva al uno de unir

Nos gusta hablar de la dualidad. ¿De qué cosa mejor podríamos hablar que del maravilloso encuentro con el otro, que restaura la unidad?
En este tiempo actual, y solo Dios sabe cuándo comienza el tiempo y por tanto la actualidad, el presente, hemos descubierto la dualidad, la polaridad, el yin y el yang. El tema de la tesis, la antítesis y la síntesis de aquel materialismo dialéctico ya no nos cuenta nada. No ha funcionado, ha habido millones de muertos y ruina, incluso ruina moral. Hablar de las personas como objetos no nos ha llevado a ningún sitio. Recuperar el amor y la emoción, sí.

Hablar de la dualidad nos lleva al uno de unir. La síntesis no es el uno. El uno es uno de unir y la unión es el amor. Hay una unión en el amor, pero eso no es una síntesis. No es nada que sea “sin”; el amor es siempre “con”.
La dualidad aparece como maravillosa, porque hace referencia al otro, a todo lo otro que no eres tú y que te complementa, te conforta, te acompaña y te permite elevar al águila para acudir al encuentro con la luz, atravesando el agua.

Hay una dualidad maravillosa en todo lo que te rodea. Hay una dualidad maravillosa en ti, y hay un momento maravilloso de paso del dos al uno, de reencuentro con la unidad.

Sin dualidad no hay paraíso

Sin dualidad no hay paraíso. Si no hubiera dualidad, si no hubiera dos posibilidades, no podrías decir que has encontrado la maravilla, que has encontrado aquello que deseas, aquello que necesitas, aquello que te hace ser feliz. No podrías decir que has encontrado otra cosa que la que ya tenías. No podrías decir que has encontrado otra cosa que te da más plenitud que la que ya tenías. Cada encuentro de otra cosa es avanzar, adentrarte en “lo otro”; es adentrarte en lo dual.

Si no hubiera dualidad estarías siempre en el mismo sitio, y entonces, quizá si fueras todo poderoso también inventarías la dualidad. Si fueras todo poderoso entonces quizá utilizarías tu poder para crear al otro; utilizarías tu poder para crear la dualidad, para crear “lo otro”.
En realidad, la palabra “crear” siempre está significando “crear lo otro”. Evidentemente, crear no es crearte a ti mismo una y otra vez. Adentrarse en “lo otro” tiene muchos significados. Adentrarte en lo otro es saber quién eres, es ampliar la conciencia de ti mismo, adentrándote en todo lo que eres que desconoces. Inicialmente eres simplemente una persona que quiere tener éxito, que quiere divertirse o que quiere ser amada o incluso simplemente ser aceptada.
Cuando la conciencia se expande adentrándose en esa dualidad conocido-desconocido, de repente puedes reconocer tu conexión con tus ancestros; puedes reconocer tu conexión con todas las personas; puedes reconocer tu conexión con una energía maravillosa, más allá de todo lo conocido como simples cosas.
También puedes darte cuenta de que existe una realidad espiritual. Te puede hablar un árbol; puedes dialogar con una piedra, con el agua, con una mota de polvo; puedes encontrar que tu relación es siempre dual.
Entonces, quizá puedas amar la dualidad como forma de trascender la dualidad y también como forma de trascender la individualidad.

Lo bueno de la dualidad es que siempre hay alguien que te compra

Lo bueno de la dualidad, o sea de la polarización o de la polaridad, es que siempre hay alguien que te compra. Si ofreces algo, estadísticamente siempre va a haber un número de personas a quien no les interesa y un número de personas a quien sí les interesa. Si todo se polariza, sucede que alguien dice sí, y está obligando a que aparezca alguien que diga no.

Podemos pensar que el mundo en que estamos es negativo por la dualidad. Pero eso nunca lo dirías ni nunca lo dirás un día que estés feliz. Un día en el que estés feliz, un día en el que tu vibración se haya conectado con la inocencia y con la alegría, no encontrarás nada negativo en la dualidad o en la polarización, sino que encontrarás que es maravilloso poder decir que sí y poder decir que no, sin que suceda nada, siendo libre y entonces expresando tu interior, tu corazón y tu verdad. Así, encontrarás personas que te acompañan por su resonancia, aunque haya otro grupo polarizado que aparentemente no.

En realidad, estás abriendo un camino para que tu afirmación, desde la inocencia, llegue al punto máximo de intensidad.

La dualidad pertenece a la realidad en la que el ser humano está presente

De alguna manera estamos instalados en la dualidad. La dualidad pertenece a la realidad en la que el ser humano está presente.

Conviene saber que es totalmente adecuado y necesario expresar tu verdad, decir claramente cuál es tu interior, qué es lo que crees, desde dónde creas la realidad. Es conveniente expresar tu realidad, tu creencia.
Pero también es importante honrar. Expresar tu realidad es como el uno, mientras que honrar, respetar y escuchar la otra posibilidad, otra posibilidad u otras posibilidades, es el dos. Entonces, te instalas fácilmente en la dualidad. No intentas huir. Estás, expresas tu verdad y honras. Escuchas otra posibilidad.

Porque si quisieras trascender la dualidad solamente afirmando tu realidad, te estarías instalando en la rigidez y estarías obligando al dos, es decir, a la otra opinión, a camuflarse, simplemente a no ser detectada.

Es importante expresar, pero también es importante honrar.

Amar la dualidad

Amar la dualidad. Si, está claro que ese es el camino del guerrero, es decir, de aquel que se adentra en la plenitud y en la felicidad sin esfuerzo.
Amar la dualidad, amar lo que te afirma, amar lo que te es afín, y amar lo que te enfrenta, lo que te niega. Si, ese es el camino de la maravilla.

Eres fuerte en lo que te afirma, en lo que te refuerza, en lo que te es afín. Ahí eres fuerte, ahí eres tú, ahí estás a gusto. Pero lo que te niega amplía tu gozo. Mágicamente te trae el sustento que permite expandir la conciencia. Hay una puerta hacia la realización.
Sí, amar la dualidad, caminar saltando y bailando como el agua entre las rocas.

El tema de maría magdalena es el paso de la dualidad a la unidad

El tema de María Magdalena es el de la dualidad: cuándo pasa, cuándo se integra, cuándo se encuentra la unidad. El tema de maría magdalena es el paso de la dualidad a la unidad, pero desde la dualidad.
Hablar de María Magdalena es hablar de cómo reencontrar la unidad.

Esa dualidad aparece en los dos tipos de personas que “siguen a Jesucristo”. Seguir a Jesucristo es lo mismo que decir que conectan con dimensiones superiores, es decir con la dimensión Dios.
Unos siguen a Jesucristo como respuesta al “ven y sígueme” y otros como respuesta a que se ha producido una alquimia interior, una transmutación.

Según relatan los evangelios, hay personas, como los llamados discípulos, que siguen a Jesucristo como respuesta al llamado que les hace de “ven y sígueme”, encontrándose ante una energía exterior que ellos contemplan. Ellos ven milagros y sucesos extraordinarios. Ellos los ven, pero no les suceden.
Mientras, otras personas, que aparecen como María Magdalena y otras mujeres, le siguen porque les ha expulsado los demonios interiores o producido sanaciones. Es decir, han transmutado en contacto con esa energía.
Unos lo ven y otros alquimizan, transmutan o experimentan en su propio ser interior.

Ahí se presenta una dualidad. Los que experimentan transmutación se asocian con la energía femenina y María Magdalena, mientras que los que ven señales y son llamados o atraídos por esas señales, son llamados discípulos.

Los que han experimentado la transmutación y la alquimia, es decir, los englobados en la experiencia de María Magdalena, son los primeros en encontrarse con la resurrección y los que completan la enseñanza, con su palabra, a los discípulos.

Por eso es importante ver y mirar en tu vida tu transformación, tu alquimia, porque eso es lo que vas a poder contar. Y eso es el Cristo que dice “ven y sígueme”.

El dos, el otro y la dualidad en la mitología egipcia

El dos, el otro y la dualidad en la mitología egipcia:
El asunto tiene que ver con el dos, que de alguna forma expresa al otro, es decir, cómo te relacionas con el otro. En el código Tzolkin el segundo color, el dos, es el blanco. Pero el blanco, el dos, es imposible sin el uno, de la misma forma que ninguna persona es posible sin las demás. Todos somos el dos para los demás y el uno en tu interior.
Consecuentemente hay algo que sucede asociado al dos, que puede pasar desapercibido porque fácilmente te sitúas solo en el uno.

Tenemos que reconocer que estamos hablando de una cultura primigenia, inicial, que ha sido sepultada por las siguientes culturas. Sin embargo, en el Tzolkin también aparece, aunque no de una forma muy evidente, ya que ciertos rasgos de nacionalismo contribuyen a que no sea evidente.
Como cultura inicial incluye a todos los seres humanos, pero las culturas nacionales son excluyentes, reforzando el vínculo nacional que en algunos casos puede ser también étnico, ya que quieren como una preponderancia o reconocimiento, aunque ellos no sean los iniciadores de esa cultura.
Esta cultura primigenia e inicial aparece asociada al Egipto de las pirámides, que es el lugar donde se encontraba el pueblo de Israel antes de salir de allí.

Los calendarios egipcio y maya son similares en cuanto a que hablan de 360 días de un tipo y 5 días de otro tipo.
Para los egipcios hay 360 días que el creador ha formado con la luz del sol y 5 días que han salido de la luz de la luna, algo que es bastante extraordinario.
En el ámbito maya estamos hablando de 360 días y 5 días diferentes, fuera del tiempo. Son 360 días del tiempo y 5 días fuera del tiempo, algo que también es bastante extraordinario y similar a lo de los egipcios. Unos hablan de la luz del sol y otros del tiempo.

Los 360 días del calendario maya aparecen agrupados en 18 vinales, cada uno con 20 días (18X20=360) y luego hay 5 días diferentes, que forman el llamado uayeb, con 4 más 1 días. Dentro de ese uayeb también hay dos clases, uno con 4 días y otro que corresponde al día propiamente fuera del tiempo.
Aquí los colores son indicativos de que ocurre algo diferente a los demás días. Todos los vinales tienen 5 días de cada color, apareciendo 4 colores: rojo, blanco, azul y amarillo. Mientras, el uayeb, que es como un vinal, tiene 4 días correspondiendo cada uno a un color (rojo, blanco, azul y amarillo), pero el quinto día aparece con el nuevo color, verde.

Hay dos tipos diferentes de días, los normales dentro del tiempo y los fuera del tiempo, pero a su vez los días fuera del tiempo también son de dos tipos diferentes.
De modo que siempre habla de una dualidad: días del tiempo y días de fuera del tiempo, y dentro de los días fuera del tiempo también hay una dualidad, que son los días normales (rojo, blanco, azul y amarillo) y el día del nuevo color (verde), insinuando a su vez que también estaba presente en la quinta porción de cada uno de los vinales.

Si eso lo llevamos a la relación con las personas, vemos que hay dos formas de relación, la habitual y la extraordinaria, pero que también la forma extraordinaria está presente en la ordinaria, aunque no te des cuenta.
Son los temas del dos. Por eso merece la pena una atención especial.
Es el único que representa esa energía del quinto elemento, la quinta fuerza, la quinta dimensión.

Esa cultura inicial aparece en los dos calendarios y los une, y hay un tipo de personas, distribuidas por todo el mundo, que son testigos de aquello.

Una de las características del concepto de los dioses de la divinidad de los egipcios es que aparecen de dos en dos. El primero que recibe la denominación de Dios es Ra, que sale de un huevo que proviene del agua primordial (Nun). Pero Ra, que parece ser el primer dios, en realidad no lo es, porque al mismo tiempo que él ha aparecido una diosa, Hathor, solamente que es inicialmente invisible.
Por eso parece que Ra, y entonces la divinidad asociada a lo masculino, es lo más importante, pero no es cierto, sino que solamente es lo más visible y lo que puedes ver inicialmente.

De esa manera nos encontramos con algo similar a lo que podemos vivir hoy, donde vemos algo, que es la realidad, pero más allá de lo aparente hay otra, que es la realidad profunda. Volvemos a encontrarnos con el dos. Hay un uno manifiesto y hay otro oculto e invisible.
Esto corresponde al concepto de la divinidad, que en definitiva es el concepto de la realidad. Dios/a es la vida y todo lo que dices de Dios/a, de la divinidad, es lo que dices de la vida. No son dos cosas diferentes, sino que es la misma cosa.

Toda la realidad nos habla de una dualidad. Esto nos lleva a interesarnos y adentrarnos en la información que proviene de esa cultura primigenia, inicial, que decía que la realidad, lo primero que veías era algo, pero que había algo más, más allá de la apariencia. A la realidad inicial le daba valor masculino, y al otro, femenino.
Esto es similar al rojo, la materia, que tendría un valor masculino, mientras que lo blanco, el agua y la emoción tendría un valor femenino.
Pero lo blanco también es de la misma naturaleza que el agua del cual procede Ra, o sea de la emoción. De esta manera aquello que es anterior a Ra también está presente en lo blanco, en la emoción.

La dualidad no es solo algo negativo, como la verdad y la mentira, sino el cielo y la tierra o arriba y abajo

Pudiera ser que Tezcatlipoca fuera un concepto descriptivo de la realidad dual.
Pudiera ser que Tezcatlipoca tuviera que ver con la dualidad, pero también que nosotros necesitáramos preguntarnos acerca de qué es la dualidad.

Muchas veces el concepto más rápido es pensar en la mentira y en tener dos caras, diciendo una cosa y creyendo o haciendo otra, asociando la dualidad con algo negativo. De alguna manera, esto también diría cuál es la realidad que vivimos, que quizá nos acosa y no nos aporta confort.

Sin embargo, también podemos encontrar una dualidad entre arriba y abajo, el cielo y la tierra, es decir, entre dimensiones.
Tener dos caras, por ejemplo verdad y mentira, puede ser un ejemplo de dualidad, pero también lo son el cuerpo y el alma, y la vida material y la espiritual, que no son negativas sino simplemente constitutivas de la realidad.

Cuando hablamos de Tezcatlipoca tenemos que situarnos en todas esas posibilidades y entonces este concepto aparece como extraordinariamente rico y dirigido a personas evolucionadas, como pueden ser las personas del siglo XXI, donde hay una superabundancia de datos e información, de modo que se puede contrastar y al mismo tiempo, a través de tanta información, la persona empieza a formarse su propia opinión, porque puede oír algo a favor y en contra de cualquier cosa.

Pero luego también hay una dualidad que supone que por un lado tratas de formarte un concepto o una idea de algo, pero también hay algo que quiere que tú te formes en la idea, es decir, que recibas ese contenido que necesitas para continuar tu evolución.
Pensamos que únicamente existe nuestra voluntad direccional y por eso vivimos en un cierto aislamiento y un cierto acoso, pero lo que sucede es que hay algo que quiere insinuarse a tu comprensión para que modifiques tus creencias, que están decretando una realidad.

Quizá esa realidad sea irreal, sin continuidad en el tiempo real que llamamos futuro, que ya es presente en otras dimensiones. Desde esas dimensiones, donde lo que aparece en nuestro tiempo futuro es un presente, es de donde viene una fuerza que trata de asomarse a tu interior, para modificar todo lo que tiene que ver con el miedo, con el ego y con poner barreras, y que niega la existencia de la emoción y del amor.

Entonces, también hay una dualidad entre lo que te impulsa desde el miedo y lo que te atrae desde el amor.
Por eso la meditación acerca de Tezcatlipoca, que está asociada a la dualidad, parece imprescindible.

Por cierto, el señor Tezcatlipoca hace un gesto con su mano, extendiendo el dedo índice como señalando una dirección. Parece ser que el abuelo Cristóbal, cuyo sobrenombre era Colón -sí, el viejito ese- debió verlo en algún momento, quizá telepáticamente, porque a él también le vemos con el dedo índice mostrando un camino, que quizá sea el camino a Tezcatlipoca.
Gracias maestros indicadores.