Permitir un cambio que ponga en marcha otra energía

Si relacionamos la energía masculina del hombre con el trabajo, que no necesita ser bello ni armónico, sino simplemente eficaz, y la energía femenina con la belleza, la ética y lo óptimo, y estamos hablando de la necesidad de permitir un cambio y de entregar un testigo para que se ponga en marcha otra energía distinta, es como hablar del séptimo día.
Dios hizo el mundo en 6 días, poniendo en marcha una fuerza, pero el séptimo descansó.

Entonces, hablar del paso de la energía masculina a la energía femenina es entrar en el descanso.
Ese es el momento, entrar en la belleza y en el descanso, que en definitiva es entrar en el amor.

Entregar el testigo a la energía femenina

Podemos preguntarnos qué sucede con la energía masculina entonces, ¿está minusvalorada? No, en absoluto. Abrir el tiempo de la armonía, el amor y la energía femenina no desprecia a la energía masculina. Al contrario, en todo caso le permite descansar, disfrutar y gozar; le quita el peso y el estrés.
Si queremos poner un ejemplo de la energía masculina hasta ahora, diríamos que la energía masculina llega a una montaña, la hace trocitos y se la lleva en camiones. Le da igual la belleza, porque no la necesita. No necesita que lo que está haciendo sea armónico o bello en sí mismo; simplemente lo hace, porque le va a producir un beneficio.
Eso es útil cuando está adecuadamente dirigido. Por eso, parte de lo que tiene que hacer el ser humano es aprender a dirigirse y dar sentido a lo que hace.

En ese sentido sería como la materia del magma o del plasma, que es necesaria para que haya una fotosfera y una luz, pero no se ocupa de la luz. Y así, no hace aparecer las demás cosas, porque la luz es la que hace aparecer las cosas al permitir ser vistas, y entonces ya empezar otro tipo de procesos.
Hay un tiempo en que esa energía de la acción era fundamental, por ejemplo para que llegásemos al día de hoy, donde es posible que todos los humanos estén conectados.
En muchos casos ha hecho falta hacer barbaridades, como guerras, destrucciones, saqueos de otras culturas e incluso de la madre tierra; se ha procurado conseguir lo que se quería sin tener en cuenta los ecosistemas. Pero ahora, no. El tiempo de esa fuerza bruta ya ha pasado, y ahora es el tiempo de la armonía. No se pueden “cargar” la fuerza bruta de la armonía.
Cuando hablamos de la “fuera bruta”, no lo decimos en el sentido de que no sea inteligente, sino de que no es sensible o amorosa, y solo procura ser eficaz, aun siendo muy inteligente.

La inteligencia no necesita ser emocional. Pero ahora, el nuevo tiempo da paso a la inteligencia emocional, que devuelve la belleza y acaba con todo lo que no sea ético en las relaciones entre las personas, todo lo que no sea justo, ecológico o rompa la relación con el orden del cosmos, y que acaba con todo lo que no sea amoroso y egóico en la relación entre las personas.

Entregar el testigo a la energía femenina es reconocer que la energía femenina es redonda como el sol porque está hecha para abrazar. Tiene esa sensibilidad que hoy merece potenciar en lugar de suprimir: la sensibilidad del amor y la empatía.

La fuerza de la energía masculina tiene un sentido en relación a la paz

En el aniversario de la bomba atómica es buen momento para conectarse con el hemisferio creativo, que es el que permite el salto dimensional, entrando en otros escenarios no conocidos.

El hemisferio lógico te permite ordenar lo conocido, pero no entrar en lo no conocido. Por eso, cuando estás en el hemisferio lógico tratas de no dejarte llevar y no escuchar a tus emociones, porque te llevan a lo no conocido.
Las reacciones emocionales no son lógicas, pero para reacciones lógicas ya tenemos las máquinas, con sus programas lógicos.

El ser humano, al quedarse liberado de la lógica, puede explorar todo ese territorio de la emoción y del agua, que es donde la mujer, o sea la energía femenina, es la auténtica experta y conocedora.
Hay una criba que hacer respecto a las emociones, ya que no todas son válidas. Hay emociones reactivas, pero las que interesan son las activas. La emoción es una vibración creadora, mientras que la lógica y la reactividad son emociones conservadoras.

Hasta hace poco, hasta el último tercio del siglo XX, se creía que la persona nacía con un número de neuronas, que después no se podían reproducir.
Pero en el último tercio, o quizá en el último cuarto del siglo XX, se ha comprobado que las neuronas se reproducen en momentos de gozo y beatitud, asociados a emociones gozosas, que necesitan la paz y la ausencia total de la defensa, que es lo que activa las emociones reactivas.

Eso es un dato más en favor de la paz, porque la paz es la sensación de no peligro, que también sucede en el nivel subconsciente e inconsciente. Es necesaria para la auténtica sensación de gozo, que es cuando el cuerpo se regenera totalmente, empezando por las neuronas, pero también activando las células madre.
Esa sensación de paz precisa de una activación de las neuronas espejo donde lo que aparece es esa paz.

Si la prioridad es la paz, entonces también la fuerza de la energía masculina tiene un sentido, que ya no es ganar la guerra sino sostener la paz, pero no por la fuerza a través de la guerra.
Es diferente que el objetivo sea ganar la guerra a que el objetivo sea sostener la paz. La diferencia está en que, al sostener la fuerza, activas el hemisferio de la paz, donde está todo lo que conceptualmente llamamos energía femenina, que contiene sentir las necesidades de todas las personas y atenderlas.
Se trata de diferenciar entre enemigo, que reclama la fuerza de la guerra, y equivocado, que requiere diálogo.
El enemigo requiere ser vencido, para lo que recurres a cualquier arma, siendo todo válido, pero equivocación o discrepancia requiere palabras y búsqueda de soluciones.
Entonces, la fuerza también sirve como contención, y en casos extremos como bloqueo, por ejemplo, ante una enajenación. Ese es el juego de los hemisferios. Si te sitúas en un hemisferio creativo siempre hay una solución.

Una persona necesita sentirse fuerte. Por eso la relación con el cuerpo es necesaria. El cuerpo necesita ser alimentado adecuadamente, ejercicio adecuado, pero también ser escuchado como un maestro. El cuerpo, desde el punto de vista de la fuerza, sería la energía masculina.
Dos de los elementos fundamentales del cerebro masculino tienen que ver con más sinapsis en las áreas del cerebro donde se facilita la creación de músculos, y por tanto la fuerza muscular, y también las áreas del cerebro donde se activa la “agresividad”, como impulso para conseguir éxito, donde si desactivas la empatía, se convierte en éxito personal no empático, y entonces te da igual lo que le pasa a la gente.
Pero el cerebro de la paz es empático.

Por una parte la energía masculina necesita sentirse fuerte, pero también este momento requiere activar la empatía y situar su energía en la resolución de conflictos. De modo que cuanto más fuerte te sientes, mejor puedes resolver los conflictos, pero sin recurrir a las armas, que son el recurso del que no se siente tan fuerte como el otro, o sea del miedo.

Cuanto más miedo tienes, más miedo quieres producir. Pero cuanto más miedo quieres producir, más lejos estás de querer ser feliz.
El camino de la felicidad es el camino del amor, gracias a las neuronas espejo.
Si quieres ser feliz tienes que limpiar tus neuronas espejo y que todo lo que aparezca en esos espejos sea maravilloso. Entonces, estás en la maravilla.

En la tercera dimensión, si un hombre es poco fuerte, es poco hombre

Podemos hablar de la energía femenina y la energía masculina como algo que aparece ante nuestra conciencia y ante nuestro ver, de forma exterior.
Pero también podemos hablar y ver algo relacionado con la energía masculina y femenina dentro de cada persona. Cuánticamente podríamos estar hablando de lo mismo, aunque aparentemente parezca diferente.

La visión cuántica es algo que aparece en el siglo XX. Nos permite considerar que el macrocosmos es igual que el microcosmos, o que cada pequeña porción de la realidad contiene una estructura similar a la totalidad. Es decir, en la parte está el todo.

De modo que cuando hablamos de la energía masculina y de la energía femenina en el escenario de la realidad exterior en el cual aparecen hombre y mujer, o macho y hembra, encontramos que es similar al pequeño escenario en el interior de cada persona, también con una energía masculina y una energía femenina.
Precisamente esa consideración y esa mirada son las que permiten encontrar el adecuado equilibrio armónico entre esas dos fuerzas, de modo que lo que sucede en la realidad exterior es como en un espejo lo que sucede en su realidad interior.
Es decir, la existencia de hombres y mujeres en la realidad que vemos, que es el escenario exterior, traduce la existencia de energías similares en la realidad interior.

De esa manera, nos interesa ver siguiendo el código Tzolkin si lo rojo, que corresponde a la materia y la forma, expresa la energía masculina o femenina, y lo blanco, que corresponde al agua, esa energía que se adapta a la forma que lo contiene, expresa la energía masculina o femenina.
Es decir, ¿el cuerpo es energía masculina o energía femenina?, ¿la emoción es energía masculina o energía femenina?

En el código Tzolkin decimos que el dragón rojo, que es el inicio de la forma y representa la realidad material en la que estamos, corresponde a la energía femenina, porque el dragón cuida de todo y se ocupa de todo.
También decimos que la tierra roja, como un símil de la madre tierra, atrae a todos hacia sí, siendo todos bienvenidos, por lo que podría ser una expresión de la energía femenina incluyente y maternal.
También la luna podría parecer energía femenina asociada a la emoción.
Incluso la serpiente parece preferir una denominación femenina para significar la kundalini.
Finalmente, el caminante del cielo podría ser la única forma aparente donde aparece una referencia a algún tipo de energía masculina asociada al rojo, aunque solamente sea en la sintaxis.

Sin embargo, la propuesta del Tzolkin donde aparecen esos contenidos, está basada en mirar más allá de la realidad aparente. Consecuentemente, está diciendo que más allá de la forma aparente de la materia, basada en la fuerza, rigidez y dureza, hay una realidad espiritual que ya sí es de característica femenina.
Por eso se habla de un vaso o recipiente que está lleno de agua. El recipiente es duro, pero el interior contiene agua. Es decir, la propuesta del Tzolkin es mirar la realidad llena de amor, no de dureza.

Lo rojo entonces sería energía masculina en el nivel aparente, pero estaría lleno de energía femenina más allá de la forma. Por eso es un recipiente que contiene agua.
La fuerza, rigidez y dureza son ejemplos de energía masculina en la tercera dimensión o dimensión del ego, donde si un hombre es poco fuerte, es poco hombre, y donde no hay nada peor que ser hombre y ser poco hombre.

Consecuentemente estamos diciendo que lo rojo en la tercera dimensión es energía masculina, que no siente ni sufre, pero al situarte en la quinta dimensión, entrando en otra realidad plegada, descubres que sí siente y sí contiene agua, es decir, emoción y energía femenina, de modo que puedes conectar con ella.

La energía del hombre está basada por ejemplo en aguantar el dolor, no llorar, ser fuerte o ser como una roca, porque en la realidad normal eso es lo que parece.
Pero decimos que el cuerpo tiene esa energía luminosa de la kundalini (serpiente), esa energía amorosa de emoción (luna), esa energía madre de la tierra, esa energía femenina del dragón y esa energía del gozo del caminante del cielo, con lo cual decimos que es solamente una apariencia.
La energía masculina de lo duro, insensible y no emocional queda solamente en la apariencia, y ahora se trata de conectar con esa otra energía, porque efectivamente el cuerpo contiene agua.

La dureza de la piedra la ha creado el agua al oxidar los metales. Es decir, lo duro está lleno de agua, que le hace fuerte. La energía masculina estaba llena de energía femenina, solo que era desconocida e ignorada, y ahora se trata de descubrirla.
La energía masculina sobreactúa, porque la energía femenina no es una energía inferior, sino que pertenece a dimensiones superiores. La energía masculina siempre tiene que tener fuerza, dureza y poder para auto sentirse valorado en la tercera dimensión, y entonces en lugar de colaborar, encontrando que la fuerza viene de la integración, se queda solamente en el “yo tengo que hacerlo”, o sea que se desconecta. Desconoce que la kundalini da fuerza al cuerpo, que el agua da fuerza a lo sólido y que la emoción te hace más humano.

De esta manera la invitación del Tzolkin a través del color rojo para la energía masculina es actuar como el caminante del cielo, explorando la realidad y saliendo de la realidad rígida, quitándose las gafas de una realidad para poder ver otra, la que está dentro de la realidad aparente, que es la que le va a introducir en la realidad global.

En el código Tzolkin lo blanco está asociado al azul, que es el tiempo y el presente. Descubrir la emoción y conectarse con ella permite al ser humano entrar en el tiempo, que no es el del vivir muriendo, sino el del ser siendo que te lleva a la inmortalidad, o sea al cielo y al gozo.
El gozo para el deterioro del tiempo y activa el nuevo tiempo. Estamos ante una frontera y en esa frontera la emoción y la vida que libera la emoción, es prioritaria.