Sabemos qué es el cuerpo porque lo vemos. Pero desconocemos el espíritu y la realidad espiritual

Está el cuerpo y está el espíritu. El cuerpo sabemos lo que es. Lo reconocemos fácilmente porque lo vemos, pero el espíritu no se ve y no sabemos claramente qué es.

Sabemos qué es el cuerpo porque lo vemos. Pegado al cuerpo está toda la realidad material. Una cosa está pegada a otra, por algún punto. Pero el espíritu y la realidad espiritual donde se encuentra el espíritu la desconocemos, porque no lo vemos. Incluso si eres invidente y no ves el cuerpo, puedes sentirlo. Toda la realidad material puede ser sentida, vista o tocada, pero la realidad espiritual pertenece a un territorio invisible.
Y sin embargo, parte de lo que tenemos que hacer en esta encarnación es conectar, encontrar esa realidad y adentrarnos en ella.

Encontrar esa realidad es despertar a esa realidad. Tenemos una ligera orientación acerca de que esa realidad es similar a la que expresa el cuerpo, pero con leyes diferentes y sucesos diferentes. Es una realidad organizada como la realidad material.
Despertar a esa realidad es despertar con tu ser espiritual y encontrar tu alma. Al encontrar tu alma, al conectar con tu ser espiritual, entonces despiertas y entras en esa realidad, donde en lugar de sufrimiento hay gozo, en lugar de carencia hay plenitud. Es una realidad donde lo que existe es el amor, que es lo que llena tu existencia.

Esta dimensión donde el amor es escaso tiene su contrapartida en otra realidad donde el amor es pleno.

El cuerpo emocional no es inferior ni un escalón para acceder al espíritu

El cuerpo emocional y el aspecto vibracional que podemos relacionar con el mundo emocional, no son inferiores ni un escalón para acceder al espíritu.
Eso es lo que en el código Tzolkin se describe como lo blanco, que está profundamente unido con el azul, que significa tiempo, oportunidad y transformación.

Hay una transformación que te destruye, pero hay otra que permanentemente te renueva, de la misma manera que hay un tiempo que va hacia la muerte y otro que incesantemente recrea y sostiene la vida, como se puede ver en un águila que se mantiene en el aire apenas sin esfuerzo.

El tiempo saca a la vida de la inmovilidad. Ciertamente, puede sacarla de la inmovilidad y llevarla a la fugacidad, como un fuego que se enciende y se consume, pero no es esa la única forma del tiempo.
Hay un tiempo que es similar a estar despierto; es algo activo que no te lleva a la extinción sino a la expansión, como la vida con sus alternancias.

El espíritu tiene más cercanía con la individualidad, y por eso desde determinados ángulos puede parecer superior, pero la emoción es grupal. Es algo que transciende a la personalidad y que enlaza con las demás personas, creando ese plural divino.
La emoción te lleva al cielo, porque te une, te unifica, te enlaza, te expande y te integra.

La integridad está relacionada con el alma. Por eso es importante reconocer el trabajo del alma

(26/04/2014)
La integridad está relacionada con el alma. Por eso es importante conocer y reconocer el trabajo del alma, porque va a expresar la realidad de la persona.

La integridad aparece como algo relacionado con la personalidad o con el rol social, y por tanto con los valores de una cultura, etnia, género o incluso de una clase social o época. Sin embargo, puesto que el ser es independiente de la época, cultura, etnia y clase social, lo que realmente va a traducir a la persona real es el crecimiento del alma, que quizá sea aparente como tal crecimiento y lo que esté traduciendo sea más bien una especie de despertar de la conciencia o una identificación consciente con lo óptimo.

Por eso se relaciona el alma, de un modo analógico más que de un modo lógico, con la luna o también con la repetición. Si tienes un manojo de 100 llaves de distintos tamaños y formas y 100 puertas para abrir, a base de repetir llegas a identificar qué llave es la que abre tal puerta, y eso también podría ser una representación del alma, de modo que hay una acumulación de conocimientos a través de la repetición, o sea un aprendizaje, pero también una actualización, un hacer presente.
Es importante conectar el espíritu y el alma, porque si no, nos situamos permanentemente en un presente limitado y no expandido, porque solamente es el presente que está probando las llaves, y aun teniendo 100 solamente ha probado 25; en su presente hay 100, pero en su presente limitado solo 25.

Hay grandes ayudas para la solución desde el alma.
Hay un diálogo desde el alma con otras almas, a través de la telepatía y del sentir interno.
El sentir interno, que puede entrar en conexión con otros “sentir interno” telepáticamente, es anulado por el ego y por ello precisa deshacerse del ego. Es un descendimiento que muchas veces se presenta como políticamente incorrecto por las ideologías del momento.

El sello del espejo y la cruz chacana nos presentan cómo las escaleras son ascendentes pero también descendentes. Aquello que está representado a través del sello del espejo como la realidad, contiene escaleras que ascienden y escaleras que descienden. En momentos, hay elevación, y en momentos, el auténtico camino para llegar a un sitio real, es un descenso; un descenso al interior, que es una entrada en la soledad, y una elevación al encuentro del otro y de la sociedad de la estrella, que será tanto más real como elevación cuanto mayor haya sido el descenso; un descenso al perdón y una elevación al amor; un descenso a lo insignificante y un ascenso a lo explendente.
Si, gracias, insignificante, que permite lucir a lo explendente.

El diálogo de las almas es posible y además es constante, y descubrirlo te introduce en el gozo y repara la malla o red que une a todos los seres humanos.
Los hilos de la paz se encuentran en el descenso, que es un abandono del ego y tiene una equivalencia con el tiempo del desierto, donde se abandonan tantos obstáculos al ascenso, que es el amor. En los momentos en que estás desconectado de las demás personas, estás realizando trabajos en el interior de tu alma, que son los que luego permiten el ascenso al amor, que en otras tradiciones se puede denominar como vuelo de Kukulcán, la serpiente emplumada.
El águila del vuelo tiene como oculto el enlazador del desapego, porque el águila no puede volar si no se despega.

El descendimiento, que es un vaciamiento del ego, agranda la capacidad del amor, como si el alma fuese un recipiente del amor, y eso te prepara y te actualiza para entrar en lo óptimo.
Moisés, como hombre viejo, se transforma en Josué como nuevo inicio en el desierto, y David, donde la tierra prometida se transforma en reino o sea real, primero es el más pequeño, un niño, un inicio, y cuando ya encarna en hombre viejo se transforma en Salomón, rey de paz como hombre nuevo.
Todos son la misma persona, o sea todos son aquel que quiera encarnar el arquetipo, vivencialmente. SON VIVENCIAS DE LO ÓPTIMO.

Si tienes tiempo, y no creo estar hablando con un fiambre, lo que necesitas es encontrar la emoción

Si tienes tiempo, y no creo estar hablando con un fiambre, lo que necesitas es encontrar la emoción.
Bueno, al menos, eso parece sugerirse desde el código de los colores del Tzolkin, donde la secuencia es rojo-blanco-azul-amarillo y la separación entre los 4 sucede entre el blanco y el azul. Ahí se situaría el espejo, es decir, la entrada de la visión y la presencia; la presencia que ve.

Puede haber muchas cosas, en muchos lugares, o quizá las ha habido en muchos otros tiempos, pero aunque eso fuese así y lo que llamamos infinito fuese infinito de cosas, sería casi similar a no existir, porque las cosas, a no ser que todas estuvieran pegadas y fueran la misma cosa, necesitarían un espacio para situarse y un suelo.
Pero entonces, no sabríamos qué sería infinito antes, si las cosas o el suelo que las contuviera, y todo ello sin que nadie las mirase.

Cuando te pones a mirarlo, porque sigo creyendo que estoy hablando con alguien, quizá podríamos preguntar ¿hasta dónde llega tu infinito? y ¿cómo es de grande el infinito de cosas?
Bueno, no parece que tenga mucho sentido, pero la pregunta se sugiere sola, ¿cómo he salido yo entre un infinito de cosas inertes?, o ¿existe también un infinito de yo mismo?
Porque claro, si ese campo unificado está basado en infinitos tendría que haber infinitas repeticiones de cada persona en cada uno de los infinitos planos.
El asunto suena a disco rayado que no se acaba nunca, o sea un infinito de ruidos infinitos.

Sin embargo, si las cosas existen asociadas a la CONCIENCIA, no a la realidad cosa, el asunto es diferente. Ya es un asunto de VER. Entonces, puede haber muchas cosas (rojo), sin que nadie las mire, pero que inicien su ser y su entidad ante una conciencia.
Es como si la tierra se formara como tierra, no para que haya infinitas tierras, sino para que exista el humano. Entonces, el inicio que puede haber en esa dimensión de realidad antes del humano, está fuera del tiempo, esperando a que entre esa conciencia que puede ver las cosas y la realidad material. Ese es el ROJO.
El Tzolkin habla de cosas que están ahí, infinitas o incontables, porque sin una conciencia que las cuente son incontables.

También hay otro inicio que es el AZUL. Tzolkin sitúa el azul como fuego, que es el ver. Lo sitúa como conciencia, que es un despertar -la conciencia siempre está despierta, si no, es inconsciencia-.
Hay un ver y hay un despertar. Claro, el despertar está asociado a distinguir, a reconocer las cosas, y eso supone un aprendizaje, que a su vez supone una realidad espiritual (BLANCO), porque no se trata de un simple sensor que detecta volúmenes o cosas, sino que el aprendizaje desde la conciencia está hablando de un ser en la conciencia que se está expandiendo (AMARILLO). Es decir, cada vez sabe mejor qué cosas son las que está viendo. Y esa expansión no es que se ponga gordo, sino que amplía su conciencia.

La secuencia de cuatro colores tiene un origen en algo corpóreo, cosa que está ahí o rojo, que en el código Tzolkin está asociado, por la relación de los ocultos, con el amarillo.
La relación de los ocultos es una de las leyes que conforman el Tzolkin como transmisor de un diálogo, ya que en el diálogo no puede haber ruidos inconexos, sino solo con un sentido.
La relación de los ocultos es fundamental en el Tzolkin, porque está traduciendo la imagen en espejo, que saca fuera la realidad que no se ve.

Entonces, en un lado está el rojo y las cosas, que son fronteras del ver, ya que cuando miras una cosa solo puedes ver su superficie y no su interior. De eso que no puedes ver, es de lo que habla la frontera del espejo, y más allá de la frontera, el espejo presenta lo oculto.
Lo oculto de lo rojo es amarillo y lo oculto de lo azul es blanco.

Si encuentras que tienes tiempo, que es lo azul, necesitas encontrar lo blanco, que es la realidad oculta detrás de lo azul. Lo blanco es emoción y espíritu, pero también como espíritu es emoción, porque todo lo blanco tiene como ejemplo ilustrativo al agua.
El hombre, incluso la persona más alejada del mundo de las emociones, cuando se emociona produce fluidos y agua: se puede emocionar y aparecer agua en sus ojos, en otro nivel se le puede hacer la boca agua y, en niveles íntimos amorosos, también es expresivo la presencia del agua.

Por eso, en estos momentos que estamos entrando en otro biorritmo, es decir, en otro tiempo, si tienes tiempo, busca la emoción, o sea el amor, y encontrarás la vida.

Están las cosas (lo rojo). Cuando aparece la conciencia (lo azul), que ya es algo que está más allá de las cosas, y se llena, encuentra la emoción (lo blanco). Entonces, las cosas, el cuerpo, tu cuerpo, se sitúan en un estado diferente, apareciendo una corporeidad diferente. Eso es lo amarillo, lo rojo expandido, lo rojo lleno de amor y lleno de tiempo. Entonces, es amarillo.

Pero cuando el amarillo se junta con el azul, sucede el verde, que existe y está lleno de amor, de tiempo y de conciencia; un cuerpo nuevo, no un cuerpo de exigencia, de carencia y de peso.

La comunicación es un acto sagrado donde se trata de emitir y recibir

La comunicación es un acto sagrado donde se trata de emitir y recibir. Emitir, traduciendo y canalizando dimensiones superiores, y recibir.

Es importante el reconocimiento del espíritu y es importante el reconocimiento del alma. Tzolkin te da una información acerca del espíritu a través de tu día de nacimiento, donde aparece día, mes y año, pero también te da una información acerca del alma a través de la expresión del psicrono, donde aparece el día y el mes pero el año no es importante, porque está manifestando la repetición.
Día-mes-año permite que cada año te sitúes en un sello diferente, al menos durante 52 años; traduce algo nuevo. Pero el día y mes es una referencia a la cíclica repetición, porque cada año vuelve a aparecer lo mismo.

Si entendemos que esa repetición es una manifestación accesible del alma, nos situamos en uno de sus valores transcendentes, que es la acumulación existente de contenidos e informaciones procesadas hasta una maduración, que les hace aparecer como aprendizaje.
El aprendizaje es una expansión y nos situamos en algo transcendente en relación a la comunicación.

La comunicación es un acto sagrado cuando al hablar se expresa el espíritu, porque la palabra entonces transmite ondas de luz. Pero la comunicación es un acto sagrado cuando escuchas desde el alma, porque amplificas de forma mutidimensional, es decir en todas las direcciones posibles, los contenidos.
Cuando escuchas desde el alma, la vibración de tu alma le concede más significados a lo que estás diciendo, y en ese caso sin palabras, solamente por la vibración, despierta el alma vibracionalmente.
La escucha desde el alma es un acto sagrado de resurrección, es un acto sagrado de liberación, en el nivel vibracional.
La palabra tiene contenidos que despiertan imágenes, pero el alma produce resonancia y transmite, a través de la resonancia, vida en profundidad.

¿Qué es lo que ves, maravillas o cosas mejorables? (Extracto del Libro de las Sincronías)

Si encuentras fallos es que te gusta creer “que tú lo harías mejor”: fallos en la gente, en la sociedad, enfermedades, injusticias, violencia, abusos, frustración, engaños, los Iluminati atacando, que si el petróleo, que si soy fea o gorda o tonto, o sería mejor si…, o no debería existir tal o cual.

Lo que ves es donde estás, es decir lo que eres.
Lo que ves es lo que eres, es decir donde estás.
“To be or not to be”. “To be” es ser y estar, porque es lo mismo, por eso los ojos dicen quién eres. Tú eres tus circunstancias, además de “tu”.
Eres lo que crees, y ves lo que eres, que es lo que crees.
Pero se puede cambiar, solo que como en el fumar, tienes que querer.

Por eso lo primero es reconocer. Reconocer dónde estás humildemente, es decir luz, limpieza emocional y libertad.
Y eso a su vez produce la transformación o resurrección, la tormenta, aceptando humildemente que necesitas formatearte, modificar tus valoraciones, tu realidad interna.

Resucitar es reencontrar tu espíritu, volver a fusionarte con él, porque el espíritu siempre vive.
Si no estuviéramos en esta dimensión, tormenta significaría simplemente crisis, cambios bruscos y cosas así, no necesariamente exitosas, sino más bien lo contrario, por ejemplo accidentes y peleas, algo que propicia que cambies urgentemente. Si estás sordo terminarás por enterarte, pero la solución siempre está muy cerca, en la tormenta.

El asunto es resucitar a la maravilla, una sanación aprendiendo a fiarte, a tener fe, a entregarte, a encontrar esperanza y a sanar tus ojos, aprendiendo a amar.
Amar lo que ves es amarte, amar todo, y entonces puede aparecer OTR@, pueden aparecer todos.
Sanar la visión es imprescindible. Transformarte es prepararte para que sea posible en tu mundo el otr@; es el acceso a otra realidad.

Es fundamental el ver, y en el ver es fundamental el espíritu con que ves, y ante el espíritu, es fundamental la humildad.

No se puede solamente valorar un aspecto sino la totalidad, y en el arquetipo humano la totalidad incluye todas las culturas, porque todas hacen presente al espíritu

Nadie debería pensar, ni mucho menos creer, ni mucho menos aun sentir, que se des-respeta a nadie ni a ninguna cultura por encontrar al Tzolkin como algo propio del arquetipo humano, es decir de todas las culturas y de todas las personas.
Al considerar el Tzolkin como algo propio del arquetipo humano no se produce descrédito, des-respeto ni se hace de menos a nadie.
Al contrario, se deberían sentir honrados de haber sido ellos los que han guardado ese conocimiento que al fin ha sido encontrado. Gracias. Sí, gracias y perdón.

Sin embargo otra cosa es olvidar o prescindir la característica de arquetipo humano presente en el Tzolkin, porque dentro de todos los ámbitos culturales hay múltiples singularidades, pero en todos se reproducen los fallos y las carencias existentes en cualquier sociedad, por las que esa sociedad no es la estrella ni lo óptimo, y que se van a ver reproducidas de una manera u otra en todas las demás.
Por eso no se puede ensalzar a una sobre las demás. Al contrario, se trata de reconocer lo óptimo presente en todas las culturas, y solamente entonces es cuando se ha hecho un trabajo en la totalidad.
Es como si una persona pretende ser representada por su rostro pero se olvida de qué le pasa a su hígado o a sus pies, o bien pretende ser representada por su color, su cabello y prescinde de qué le pasa a su sangre, sus hormonas o sus huesos. No se puede solamente valorar un aspecto sino la totalidad, y en el arquetipo humano la totalidad incluye todas las culturas, porque todas hacen presente al espíritu, siendo esa parte espiritual la que une a todos los seres humanos.
En cada cultura el espíritu aparece aportando soluciones a las contingencias de cada escenario, pero también contiene aportaciones a la totalidad, que está más allá de lo aparente, dirigidas al humano multidimensional, es decir al humano liberado de su adscripción a un solo escenario y capaz de moverse en muchas direcciones.

Moverse en muchas direcciones es similar a ver en muchas direcciones, por eso deberíamos decir que el humano multidimensional es capaz de moverse a la velocidad de la luz en muchas direcciones, y no está adscrito físicamente a un solo escenario.
Esa simultaneidad le permite estar presente de forma real en muchos escenarios a la vez, actualizando no solo la capacidad de bilocación sino la de múltiplebilocación, que en realidad es simplemente múltiplelocación, y decimos múltiplebilocación para que sepamos de qué estamos hablando, pero está mal dicho, porque sobra el “bi”, ya que “bi” es dos y la posibilidad es múltiple, múltiplelocación.

En ese sentido es interesante reseñar cómo Tzolkin con sus múltiples grafías y pronunciaciones posibles, que son siempre posteriores, es un término creado en Macondo por el señor William E. Gates, ya que antes no existía como tal nombre. También la palabra maya ha sido creada en Macondo, porque antes tampoco existía. Sí, gracias, Tzolkin. Sí, gracias, mayas.

Existen cuentas de 260, pero la cuenta real calendárica era, como no puede ser de otra manera, una cuenta de 365, que es algo universal, con distintos nombres, que en todas las culturas está en permanente esfuerzo por ser más exacta. Traduce el movimiento de la tierra alrededor del sol y no es exacta, de modo que hay que hacer correcciones, y los distintos calendarios son las distintas versiones de las correcciones.
La cuenta de los 260 podría en todo caso asociarse al movimiento del eje de la tierra, que va dirigido hacia cada una de las constelaciones que aparecen en la eclíptica y que por su inexactitud le hace aparecer como retrógrado, es decir no aparece en el mismo punto sino “más atrás” en cada ocasión, tardando unos 26.000 años en coincidir.

Claro que 26.000 años es una cifra indemostrable por su falta de coincidencia con el tiempo que puede vivir una persona. Si una persona dice “son 25.000 años” y el otro dice “no, son 27.000”, ninguno puede demostrárselo al otro. Así que da igual lo que digan.
Sin embargo parece ser que a esa secuencia de 260 también, quizá en Macondo, le fue encontrada la utilidad por el señor Arguelles de abrir un diálogo con dimensiones superiores, aunque también era susceptible de ser utilizada por distintos grupos étnicos, que en sus desplazamientos guerreros y no guerreros fueron apareciendo por aquel escenario.

Pero el calendario útil seguía siendo de 365 días aproximadamente, distribuidos en dos bloques, por un lado 360 y por otro lado 5, o sea dos bloques extraños, cuya resonancia mayor se encuentra en Egipto. Por supuesto, estamos hablando de un Egipto macóndico que dio nombre a muchas cosas, y que no tiene nada que ver con este Egipto velístico, lapidatorio y secuestrador, que quizá quiere traducir y escenificar el drama del alma secuestrada por el depredador.
Aquel Egipto, que es el escenario previo a encontrar el camino de la libertad, también contenía un calendario de 360 + 5, significando de esta manera que estamos en un escenario anterior a la libertad y a la resurrección, donde es importante encontrar la nave que te va a permitir tu viaje dimensional. Claro que la nave puede ser que tu pie encuentre un suelo firme, mientras que tus enemigos depredadores encuentren una ciénaga que les traga porque se hunden.

De modo que en ese caso el Tzolkin aparecería como una invitación a encontrar ese caminar sobre seguro mientras entras en lo óptimo. Ese es el trayecto que, partiendo de la solidaridad del dragón, transforma tu cuerpo y tu solidez en un caminante del cielo, para lo cual en un segundo movimiento o segunda onda tienes que transformarte en un mago, pero un mago enlazador, es decir que desea la unión y encontrar escenarios comunes. Eso es lo que significa la segunda onda.
La tercera onda, de color azul, expresa qué es lo que está sucediendo, es decir qué tiempo es el que ocurre. El mago enlazador, que procede del caminante del cielo solidario, entra vibracionalmente en un tiempo sanador; inicialmente sanador, porque finalmente es resucitador.
La cuarta onda contiene que lo sólido que aparecía como rojo, dragón-caminante del cielo, expande sus moléculas y descubre un escenario multi-ampliado, donde la presencia que expresa el sol está multibilocalizada o multilocalizada, es decir que se expande sin perder su esencia, interactuando a la vez en muchos escenarios, porque todos los seres humanos estamos actuando sin saberlo en muchos escenarios a la vez y eso es parte del despertar; despertar a la múltiple-bilocación.
Sí, gracias, Macondo.

LUZ, LUZ EN LA MATERIA Y LUZ EN EL HOMBRE

Lo sólido, representado por lo rojo en el código Tzolkin y también por el primer castillo, castillo rojo, es la luz entrando en la materia y adoptando una forma, es decir, lo sólido es la luz, o sea el fotón, adoptando una forma.

En el Tzolkin, lo rojo, que representa lo sólido, está unido a lo amarillo, que es la expansión de lo rojo y de lo sólido.

Pero esa expansión de lo sólido no es posible sin la presencia de lo blanco, que es el espíritu cuya máxima expresión es la emoción, siendo a su vez la máxima expresión de la emoción el amor.

Lo blanco tiene como soporte y como vehículo lo sólido, expresado por lo rojo, y la luz, expresada por lo amarillo, por lo menos ante la conciencia. Cuando aparece lo amarillo como expansión está indicando que en su interior, más allá de la forma contiene esa expresión máxima de lo espiritual, que es el amor.

Entonces, cuando lo rojo se fusiona con lo expresado por lo blanco, o sea lo contenido en el segundo castillo como agua, es decir como amor, da como resultado un inicio, que es un inicio ante una conciencia, porque la realidad que sustenta a la luz, al fotón, siempre está fusionada con el amor.

Esa consideración, donde sucede esa aparente fusión de lo siempre fusionado, lo que expresa es el surgimiento de una conciencia. Y eso de alguna manera nos sitúa ante el azul, es decir el tercer castillo, que es donde sucede el nuevo nacimiento, entendiendo que este nuevo nacimiento no es del cuerpo sino de la conciencia, y en el desarrollo de la conciencia es donde se produce expansión, es decir lo amarillo.

 

Estas tres consideraciones están expresando un proceso, un transcurso, un desarrollo.

Podríamos seguir diciendo palabras que más o menos mantengan alguna similitud de contenido para expresar un movimiento intencionado, que también está expresado en las bases nitrogenadas del ARN y ADN: uno, la luz entra en la forma; dos, la luz que adopta una forma, se une con el agua, que proviene en realidad de más allá de la luz; tres, nacimiento al tiempo, a la conciencia, a la transformación, que va a facilitar la expansión, es decir, en esta tercera fase de lo que se está hablando es del ser humano.

Primero existe la luz, luego existe la luz en la materia porque la luz adopta una forma, y tercero, la luz está en el ser humano, y esto es la conciencia.

 

Esto, trasladado a las bases nitrogenadas (adenina, guanina, citosina, timina), lo que produce es el ADN, que podemos por resonancia denominar Adán.

La citosina se transforma en uracilo de la misma manera que la luz se transforma en forma. El uracilo expresa un nivel básico anterior al ADN, que es el ARN, y la forma expresa lo rojo.

La presencia del uracilo significa que ha aparecido el agua, porque la citosina se transforma en uracilo con el aporte de agua. Y también lo rojo, si estamos hablando de la formación de la tierra, que en su primera transformación era polvo metálico procedente de una supernova, con la presencia del agua es cuando hace aparecer la realidad de lo sólido, porque en la tierra lo sólido no es solamente mineral, sino mineral oxidado, producido por la presencia del agua.

 

Es decir, que con la presencia del agua empieza otra cosa, que a su vez, siguiendo lo expuesto por las bases nitrogenadas, va a ser el ADN, y con ello, la vida superior expresada por el humano, con su acceso al espejo donde aparece Dios.

 

El humano es posible expresarlo como vida superior, porque es la forma en la que la realidad Dios se puede contemplar a sí misma, o por lo menos puede ser reconocida por esa emanación de Dios que es la forma.

 

La citosina se transforma en uracilo con la presencia del agua, y el uracilo se transforma en tiamina, dando así sustento al nivel del ADN.

La citosina es uracilo y posteriormente es tiamina.

La luz se transforma en la forma, pero la forma, lo sólido, solamente llega a ser realmente sólido con la presencia del agua. Y cuando la conciencia se despierta a la presencia del espíritu es cuando aparece el tercer nivel, o sea tercer castillo, donde el ser humano encuentra también la luz dentro de sí.

 

Luz, luz en la materia y luz en el hombre.