Las personas estamos en la tierra trabajando con las emociones, que te llevan al cielo

De alguna manera las personas estamos aquí en la tierra trabajando con las emociones, que son las que te llevan al cielo. El cuerpo, como territorio físico, te puede dar una satisfacción, por ejemplo, si comes bien o haces ejercicio, pero la emoción es la que te lleva a otra dimensión de la vida, a una dimensión maravillosa.

Entonces, lo que estamos haciendo las personas aquí en la tierra es sanar las emociones para poder entrar en el cielo. Los egipcios expresaban esto con el Juicio de Osiris. Era después de la muerte, pero puedes considerar que estás muerto cuando no eres feliz. Puedes decir que sucede en otro momento, cuando te mueres, pero en realidad sucede en cualquier momento de forma permanente. El Juicio de Osiris está sucediendo continuamente y explica por qué no eres feliz. Te sitúa ante lo que haces, y lo que haces está basado en tu sistema de creencias, de lo que son las cosas y de tus emociones. Cada vez que conectas con una emoción elevada, te sientes ligero, te sientes bien, en plenitud.

Lo que estamos haciendo aquí las personas es aprender a situarnos en esa plenitud, para lo cual tienes que salir del ego, porque el ego está basado en el miedo.
El ego es como decir “yo tengo que cuidar de mí mismo, tengo que conseguir todas las cosas por mí mismo”, “la gente me engaña, me quita, si yo necesito algo no me lo da, tengo que buscarme yo la vida”. Detrás de eso lo que hay es sentimiento de carencia, de miedo, de abuso, en ocasiones de envidia, etc.
Todas esas emociones no te llevan al cielo, pero la emoción auténtica sí te lleva al cielo.

El agua no es creada, sino que está de manera primigenia

En la tradición que da origen a la era común y que precisamente por mostrar lo común que une a todas las personas, o sea a todos los grupos étnicos, culturas y sociedades, también da sustento al in lak’ech, o sea al reconocimiento de que “yo soy otro tú, tú eres otro yo”, el agua no es creada sino que está de manera primigenia. Sin embargo, sí es creada la luz.

La era común hace referencia al padre común, que bien puede ser padre-madre común, expresado con el mantra “padre nuestro”. Tiene su raíz, origen y expresión a través de la Torá, o sea la biblia, en su momento inicial. Ahí vemos que el agua no es creada; no es llamada a la existencia, porque era y estaba. Sin embargo, dijo Dios “hágase la luz” y la luz se hizo en el primer día.

Esto está hablando del color blanco del Tzolkin, que es el agua y también las emociones, y cómo sobre la emoción ya pre-existente, sobre ese agua que efectivamente también dice la Nasa que viene de más allá del sol, o sea de más allá de la luz, hay un momento donde se “hace” la luz.
La aparición de la luz establece un orden, situando un agua y unas emociones en un lugar fuera de la luz, arriba y más allá, y otro agua en la luz, acá, tan abajo como estés tú.

La pre-existencia del agua, ya que es anterior a la luz, y la in-creación del agua, o sea la no creación, le conceden la cualidad de unir realidades y dimensiones diferentes. Une lo que está en la luz con lo que no está en la luz, lo que está en lo atemporal con lo que está en lo temporal, y se presenta como una emanación de lo que “ES siendo”.
Lo importante es que está dentro de ti y que tú eres mayoritariamente agua. Por eso es interesante dialogar con el Tzolkin y considerar qué dice acerca del agua y de ti, es decir dónde se sitúa lo blanco en tu onda personal, en la onda de tu oculto, en tu psicrono, en tu onda resonante o en cualquier sitio que conozcas.