El mecanismo que pone en marcha el abrazo no es la ley ni la fuerza, sino el amor

El mecanismo que pone en marcha el abrazo no es la ley, o sea, la obligación, ni la fuerza, o sea el dominio, sino el amor. Quien se sitúa en esa circunstancia bajo su poder o bajo una exigencia legal, está fuera de juego y no está en el tema.
Parecerá algo, pero no es nada. No pertenece a lo óptimo. No existe. Sólo sub-existe.
Y si hay pasividad en lugar de abrazo, tampoco hay nada.
Y si el hechizo en la mujer le lleva a no abrazar, tampoco hay nada.

Tiene que haber una ley, pero la ley se tiene que incumplir. Ese es el salto dimensional.

Tiene que haber una ley, pero la ley se tiene que incumplir. Ese es el salto dimensional.

La ley define la dimensión y por eso es necesaria, porque crea el marco y la circunstancia. Te referencia, dice dónde estás y dialoga con tu conciencia.
Y al saber dónde estás, sabes lo que tienes que hacer. De repente lo encuentras, surge.

Incumplir la ley es el salto dimensional. El milagro y lo extraordinario es el salto dimensional.