No se puede solamente valorar un aspecto sino la totalidad, y en el arquetipo humano la totalidad incluye todas las culturas, porque todas hacen presente al espíritu

Nadie debería pensar, ni mucho menos creer, ni mucho menos aun sentir, que se des-respeta a nadie ni a ninguna cultura por encontrar al Tzolkin como algo propio del arquetipo humano, es decir de todas las culturas y de todas las personas.
Al considerar el Tzolkin como algo propio del arquetipo humano no se produce descrédito, des-respeto ni se hace de menos a nadie.
Al contrario, se deberían sentir honrados de haber sido ellos los que han guardado ese conocimiento que al fin ha sido encontrado. Gracias. Sí, gracias y perdón.

Sin embargo otra cosa es olvidar o prescindir la característica de arquetipo humano presente en el Tzolkin, porque dentro de todos los ámbitos culturales hay múltiples singularidades, pero en todos se reproducen los fallos y las carencias existentes en cualquier sociedad, por las que esa sociedad no es la estrella ni lo óptimo, y que se van a ver reproducidas de una manera u otra en todas las demás.
Por eso no se puede ensalzar a una sobre las demás. Al contrario, se trata de reconocer lo óptimo presente en todas las culturas, y solamente entonces es cuando se ha hecho un trabajo en la totalidad.
Es como si una persona pretende ser representada por su rostro pero se olvida de qué le pasa a su hígado o a sus pies, o bien pretende ser representada por su color, su cabello y prescinde de qué le pasa a su sangre, sus hormonas o sus huesos. No se puede solamente valorar un aspecto sino la totalidad, y en el arquetipo humano la totalidad incluye todas las culturas, porque todas hacen presente al espíritu, siendo esa parte espiritual la que une a todos los seres humanos.
En cada cultura el espíritu aparece aportando soluciones a las contingencias de cada escenario, pero también contiene aportaciones a la totalidad, que está más allá de lo aparente, dirigidas al humano multidimensional, es decir al humano liberado de su adscripción a un solo escenario y capaz de moverse en muchas direcciones.

Moverse en muchas direcciones es similar a ver en muchas direcciones, por eso deberíamos decir que el humano multidimensional es capaz de moverse a la velocidad de la luz en muchas direcciones, y no está adscrito físicamente a un solo escenario.
Esa simultaneidad le permite estar presente de forma real en muchos escenarios a la vez, actualizando no solo la capacidad de bilocación sino la de múltiplebilocación, que en realidad es simplemente múltiplelocación, y decimos múltiplebilocación para que sepamos de qué estamos hablando, pero está mal dicho, porque sobra el “bi”, ya que “bi” es dos y la posibilidad es múltiple, múltiplelocación.

En ese sentido es interesante reseñar cómo Tzolkin con sus múltiples grafías y pronunciaciones posibles, que son siempre posteriores, es un término creado en Macondo por el señor William E. Gates, ya que antes no existía como tal nombre. También la palabra maya ha sido creada en Macondo, porque antes tampoco existía. Sí, gracias, Tzolkin. Sí, gracias, mayas.

Existen cuentas de 260, pero la cuenta real calendárica era, como no puede ser de otra manera, una cuenta de 365, que es algo universal, con distintos nombres, que en todas las culturas está en permanente esfuerzo por ser más exacta. Traduce el movimiento de la tierra alrededor del sol y no es exacta, de modo que hay que hacer correcciones, y los distintos calendarios son las distintas versiones de las correcciones.
La cuenta de los 260 podría en todo caso asociarse al movimiento del eje de la tierra, que va dirigido hacia cada una de las constelaciones que aparecen en la eclíptica y que por su inexactitud le hace aparecer como retrógrado, es decir no aparece en el mismo punto sino “más atrás” en cada ocasión, tardando unos 26.000 años en coincidir.

Claro que 26.000 años es una cifra indemostrable por su falta de coincidencia con el tiempo que puede vivir una persona. Si una persona dice “son 25.000 años” y el otro dice “no, son 27.000”, ninguno puede demostrárselo al otro. Así que da igual lo que digan.
Sin embargo parece ser que a esa secuencia de 260 también, quizá en Macondo, le fue encontrada la utilidad por el señor Arguelles de abrir un diálogo con dimensiones superiores, aunque también era susceptible de ser utilizada por distintos grupos étnicos, que en sus desplazamientos guerreros y no guerreros fueron apareciendo por aquel escenario.

Pero el calendario útil seguía siendo de 365 días aproximadamente, distribuidos en dos bloques, por un lado 360 y por otro lado 5, o sea dos bloques extraños, cuya resonancia mayor se encuentra en Egipto. Por supuesto, estamos hablando de un Egipto macóndico que dio nombre a muchas cosas, y que no tiene nada que ver con este Egipto velístico, lapidatorio y secuestrador, que quizá quiere traducir y escenificar el drama del alma secuestrada por el depredador.
Aquel Egipto, que es el escenario previo a encontrar el camino de la libertad, también contenía un calendario de 360 + 5, significando de esta manera que estamos en un escenario anterior a la libertad y a la resurrección, donde es importante encontrar la nave que te va a permitir tu viaje dimensional. Claro que la nave puede ser que tu pie encuentre un suelo firme, mientras que tus enemigos depredadores encuentren una ciénaga que les traga porque se hunden.

De modo que en ese caso el Tzolkin aparecería como una invitación a encontrar ese caminar sobre seguro mientras entras en lo óptimo. Ese es el trayecto que, partiendo de la solidaridad del dragón, transforma tu cuerpo y tu solidez en un caminante del cielo, para lo cual en un segundo movimiento o segunda onda tienes que transformarte en un mago, pero un mago enlazador, es decir que desea la unión y encontrar escenarios comunes. Eso es lo que significa la segunda onda.
La tercera onda, de color azul, expresa qué es lo que está sucediendo, es decir qué tiempo es el que ocurre. El mago enlazador, que procede del caminante del cielo solidario, entra vibracionalmente en un tiempo sanador; inicialmente sanador, porque finalmente es resucitador.
La cuarta onda contiene que lo sólido que aparecía como rojo, dragón-caminante del cielo, expande sus moléculas y descubre un escenario multi-ampliado, donde la presencia que expresa el sol está multibilocalizada o multilocalizada, es decir que se expande sin perder su esencia, interactuando a la vez en muchos escenarios, porque todos los seres humanos estamos actuando sin saberlo en muchos escenarios a la vez y eso es parte del despertar; despertar a la múltiple-bilocación.
Sí, gracias, Macondo.

Gracias García, gracias Márquez. Sí, creo que has hecho la vida más bonita para todos, para todos sin excepción

La vida no es lo que has vivido sino lo que recuerdas, o sea lo que te dices.
Tienes un poder creador y según lo que te digas que has vivido, que estás viviendo, participas de la creación común de la vida.
Sí, gracias García, sí, gracias Márquez.
Sí, creo que has hecho la vida más bonita para todos, para todos sin excepción.
Sí, creo que quizá me hubiera gustado decir “Gabo” y que tú oyeras ese sonido, porque creo que me hubieras devuelto esa vibración transformándome, como un resonador mágico que abre puertas dimensionales a la profundidad de la vida.

Sí, creo que me hubiera gustado que esa posibilidad se materializara. Pero creo que es posible ahora, que tu escuchas ahora y ahora lo haces, incluso que transformas todas estas palabras y todo este idioma en que están pronunciadas en resonadores maravillosos que unen a todas las personas que quieran utilizar ese idioma resonante, que era la lengua que hablaba Macondo, que no tenía dueño y fue creada allí en Macondo, porque allí es donde se dijo el primer nombre de muchas cosas, y que sigue esperando a que alguien las nombre para que ese alguien se llene de realidad y despierte a la maravilla.
Gracias por señalar el día de la cena como puerta a Macondo y a tantos sitios reales, más allá de la apariencia.

Confieso que sólo he leído un libro tuyo allá por el año 1968, porque en realidad soy muy mal lector, pero también confieso que cuando abrí ese libro y empecé a leerlo no pude parar hasta que lo acabé. Incluso es posible que sea el último libro que haya leído completo porque en realidad no suelo leer nunca los libros completos, solo a trozos, pero ese sé que lo empecé y acabé ininterrumpidamente, y eso que donde estaba no podía hacer eso, porque tener la luz encendida por la noche en aquel lugar era tremendamente peligroso y prácticamente imposible.
Gracias Gabo.