La realidad es madre y está ahí para cuidarte

La realidad es maternal. La realidad es madre. La energía inherente dentro de la realidad es una energía madre, porque la vida es madre, es decir, te cuida. Todo lo que existe está ahí para cuidarte, para atender tus necesidades, para enseñarte, para ayudarte a crecer y a ser feliz.

El descubrimiento de que la tierra es madre es un hito en el despertar. Es un momento fundamental en el despertar. El descubrimiento de que la tierra es madre te permite conectar con que la realidad material te cuida. Pero más allá de que la tierra sea madre y te cuide, de que te aporte los materiales para tu cuerpo, para tu vehículo y lo que necesites, más allá de esta realidad, es decir, en una forma más expandida de conciencia, encuentras que todo en la realidad es madre. Así, hay una realidad inmaterial que no necesita ser material, sino que aparece como material precisamente para cuidarte; que es madre dándole al sentido de madre esos valores que te transmiten vida, energía, fuerza; y te aportan todo lo que necesitas para desarrollarte plenamente, para aprender, para prosperar y para florecer.

Si la vida es madre y la realidad es madre, no necesita ser conquistada, porque se te entrega. No necesitas ser fuerte, sino despertar tu conciencia para dialogar con esa conciencia suprema. Necesitas despertar tu conciencia superior, espiritual, para conectar con esa energía. Eso es parte del diálogo acerca de lo que significa ser hombre o ser mujer, porque si la realidad, la vida y todo lo existente, y no solo la tierra, es madre y se entrega, entonces esa actitud de dominarla es justamente la contraria.

Si la realidad es madre, es una realidad que en la dualidad hombre-mujer aparece en la mujer. Y entonces, eso lleva a la consideración de que es necesario en este momento de la humanidad, del despertar del arquetipo humano, en esta nueva etapa que se abre ante la humanidad, conectarse con los valores que ya están presentes desde siempre, en la configuración de la mujer.

La mujer está hecha de risas y la madre de poesía

La mujer está hecha de risas, o sea de emociones, que como un río dan vida a todo lo que encuentran a su paso. Pero las madres están hechas de poesía.

Sí, hay un momento en que la risa se convierte en poesía. La risa es como una luz buscando una realidad y la poesía es como la luz cuando crea la realidad y la hace aparecer.
Vemos el sol y creemos que es el sol, pero lo que vemos es la luz, porque la realidad material del sol está envuelta en la luz que rodea al sol.
Todas las personas son como el sol, una realidad material, pero están envueltas en la luz que son las circunstancias que le rodean.

Hay un momento en que te rodean las risas. Es un momento muy importante. Hay un momento en que las circunstancias son risas. Pero hay un momento en que las circunstancias son poesía, y, entonces, naces, sabes quién eres y lo que tienes que hacer. Además, eres voluntario para ello.

Madre e hijo

MADRE E HIJO (Extracto del libro en preparación “Tiempo de Ser”)
Hay varias palabras, o sea varias frases, con las cuales todo el mundo resuena y está de acuerdo, ya que expresan la realidad.
Una por ejemplo es que la madre cuida al hijo y también que posteriormente el hijo cuida a la madre. Todo esto expresa una realidad y una ley escrita en el interior de cada persona, que configura el campo unificado de la realidad. Lo contrario, es decir, que la madre no cuida al hijo o lo mata en lugar de darle vida, parece una aberración. De la misma manera, si el hijo ya adulto no cuida de su madre anciana o la mata, también es una aberración.

Por eso estas palabras podemos considerarlas que corresponden a la vibración interna que configura al ser humano.
También hay una tercera posibilidad y es la usurpación, cuando la madre exige al hijo que la cuide, nutra y alimente, o cuando el hijo exige a la madre que le nutra y alimente. Hay una usurpación, porque te colocas en un sitio de poder y exiges.
En el caso de la madre cuidando al hijo, suele suceder cuando los hijos son pequeños, porque la madre es la que tiene poder y el hijo no. O cuando la madre es anciana, ya no tiene poder, pero el hijo sí.
Es decir, el que cuida se sitúa en el lugar del poder. El que cuida del otro es el fuerte y poderoso, cuando esto sucede libremente. Pero la usurpación sucede cuando el fuerte obliga al débil a hacer de fuerte, es decir a cuidarle y nutrirle. Por ejemplo en el caso de un hijo extorsionador que es suficientemente fuerte como para violentar a la madre y exigirla que trabaje y le de el dinero. Exige a la madre que sea fuerte, pero en realidad él es más fuerte porque la está obligando. O al revés, la madre ha cuidado a los hijos, y ahora les pide que vayan a robar, mendigar o trabajar para ella.
Entonces, hay una usurpación donde se obliga al débil a situarse en el lugar del fuerte.