El cuerpo como maestro

Invitamos a considerar al cuerpo como un maestro, no como un tonto o un malvado. Invitamos a considerar que el cuerpo contiene sabiduría y amor, previsión, perfección, plenitud y gozo, y no que el cuerpo expresa contrariedad, dolor, pasividad o inercia.

El cuerpo es activo y sabio; resuelve todo. Tiene montones de recursos para adaptarse a cualquier situación, mejor que tú, mejor que cualquier persona. El cuerpo se adapta con facilidad a la adversidad, los cambios y las situaciones extremas.

Por eso invitamos a considerar que el cuerpo es sabio, abriendo ese dialogo. Cuando te encuentras con una enfermedad puedes entender que no es que te esté pasando algo malo, sino en todo caso que has estado haciendo algo mal y ahora justamente es el momento adecuado para resolver ese problema, para modificar esa actitud.

Si la enfermedad es genética quiere decir que eso viene de generaciones anteriores, pero que tú puedes resolverlo.

¿Cómo puedes amar si no tienes amor? Pero si dentro de ti hay amor, ¿cómo puedes no amar?

El mejor maestro no es el que más sabe. El mejor maestro es el que está cerca.
Estamos en contra de la selectividad y del clasismo, en contra de las barreras. ¿Qué puedes aprender de algo inaccesible?
Ciertamente la sabiduría, sea lo que sea, viene a ti y te busca, y te persigue, porque ¿cómo puedes reconocerla si no sabes?
Ciertamente es la sabiduría la que quiere que sepas. Es ella la que dialoga contigo para que la reconozcas.

¿Cómo puedes amar si no tienes amor? ¿Cómo puedes amar si el amor no te ha hecho de los suyos? Pero si dentro de ti hay amor, ¿cómo puedes no amar?

Tal vez las personas son seres celestes y las enfermedades no existen, y no tengas que pagar por la “mejor luz” a la mejor compañía de la luz.
No necesitas ir a la India a buscar al mejor maestro de yoga, porque tu vecino, es decir cualquiera, en un cursito se ha hecho profesor.
Y no siendo el mejor profesor, haces yoga, porque el yoga a ti te equilibra, aunque no estés con el mejor, quizá simplemente con el más barato, pero cerca.
La sabiduría está cerca y te busca.

Cuando nutres lo real en una persona, le devuelves su alma

Nutrir lo real es un privilegio porque permite la plenitud y lo óptimo.
Pero nutrir lo real también es un lugar, no geográfico como pueda ser el emplazamiento de una ciudad, una montaña o un río, sino un lugar dimensional donde se produce la materialización y desmaterialización, es decir la transformación real; el surgimiento de lo real y el desurgimiento de lo no real, donde lo no real desaparece y lo real aparece con consistencia, con solidez.

Por eso hay una actitud donde encuentras vivencialmente que cuando nutres la realidad eres feliz; cuando nutres lo real en una persona, le devuelves su alma, y cuando descubres lo real en un lugar, encuentras su alma.
Todo eso pertenece a nutrir la realidad; es un privilegio. Pero al mismo tiempo existe un lugar donde esto es posible. Es un lugar deslocalizado, no como los del mundo de la apariencia, sino un lugar real donde estás o no estás, y sabemos que es real porque ahí se produce la transmutación, es decir la materia aparece y algo desaparece.

Ese lugar tiene que ver con el conejo de la luna, que llega a la luna en el código Tzolkin más allá de la frontera que separa las dos realidades de lo sufriente y lo óptimo, en el castillo verde, y llega allí a través de su actitud.
Pero esa actitud sincrónicamente también la encontramos en las palabras de un maestro que señala el lugar del nuevo nacimiento. Es el maestro que dice “mujer, he ahí a tu hijo” y señala a Juan, lo cual es un arquetipo de nuevo nacimiento; ese mismo maestro dice “tomad y comed, este es mi cuerpo, tomad y comed todos de él”. Pero al mismo tiempo establece un puente dimensional entre la realidad del viejo y del nuevo mundo.
A las personas del viejo mundo les señala una actitud y les invita a un enlazamiento cultural, pero también a las personas del nuevo mundo les señala una actitud, una realidad y un enlazamiento.

No sobra nadie. La totalidad significa todos.