El mito de Osiris y el tema de la resurrección no es una cuestión de buenos y malos

El mito de Osiris y el tema de la resurrección no es una cuestión de buenos y malos, porque el juicio es un error que te aleja de la resurrección, de esa entrada en la plenitud. En realidad, los cuatro personajes eres tú; representan a la persona que busca la resurrección.
Los cuatro personajes, no solamente Osiris, que es el concepto que engloba ese trayecto, es decir, Osiris, Seth, Neftis e Isis, donde Osiris y Seth son hombres y Neftis e Isis son mujeres, representan a cualquier persona.

Osiris es muerto por Seth, y tú eres en algún momento Osiris y en algún momento Seth, de tal manera que no eres solamente Osiris, sino que en realidad eres Seth, por cuanto está representando a las personas que forman parte y constituyen la realidad ordinaria.
La realidad ordinaria está compuesta por Osiris y Seth, en la misma medida que por Neftis e Isis. En un caso es un tipo de actitud y en el otro, otro tipo de actitud, pero ambos están en todos.
En un lado aparece la actitud de la competencia y el conflicto, y en el otro la cooperación. Isis y Neftis cooperan para conseguir la resurrección, pero los cuatro están cooperando. Cualquier persona es resultado de violencia y ejecutor de violencia, a través de la palabra, el pensamiento la acción o el deseo.

Entonces, hay dos actitudes, la confrontación y la cooperación. La solución va a estar en la cooperación, pero es necesario el reconocimiento de formar parte del problema, para encontrar la solución.
Dentro de ti están las dos actitudes, a veces compites y a veces colaboras, pero siempre eres tú. Entonces, se trata de elegir y situarte prioritariamente en la actitud de la cooperación, de colaborar.
Quizá forma parte del sistema de creencias el creer que no te dan nada gratis, pero eso es falso, porque de momento te han dado la vida y no te han pedido ni un chavo. Te dan el aire, un hígado, ojos,… Todo lo que necesitas te lo dan gratis.

Entonces, hay que empezar a cambiar la actitud de la competencia. La actitud de la competencia produce esas dos versiones, víctima el que pierde y agresor el que gana, Osiris y Seth.
Luego está esa actitud de colaboración expresada con los dos arquetipos Isis y Neftis. En un caso eres protagonista, que es el caso de Isis, y en el segundo caso colaboras con el protagonista, que es el caso de Neftis. Vemos que la colaboración tiene esa forma de incondicionalidad, es decir, no necesita nada; simplemente lo haces, colaboras con el protagonista, sin pedir nada y eso te hace feliz.

Esos cuatro elementos están dentro de cada persona y al final es un ejercicio de priorizar, de cambiar valores, de salir de la actitud repetitiva por inercia, empezando a explorar otras posibilidades. La resurrección necesita la exploración, la apertura a nuevas posibilidades. Necesitas encontrar el camino que desconoces, porque el camino que conoces es el que te mantiene en el conflicto y en la muerte.
Entonces, esa exploración es despertar a las posibilidades. Es un despertar.

La alquimia resucitadora que aparece en el mito de Osiris

La alquimia resucitadora que aparece en el mito de Osiris se inicia bajo el nombre y la consideración de Isis, como expresión de la magia del amor. Esto es particularmente importante en este tiempo, porque el hombre, el ser humano masculino, siempre trata de ser el primero. Como espermatozoide, antes de nacer, ya ha participado en esa carrera y ha llegado antes que muchos otros. Esa energía de competitividad forma parte del arquetipo masculino.

Por eso Osiris aparece como rey, es decir, como el primero, pero ser primero no es lo que le va a devolver la vida, sino el amor, porque ese espermatozoide que llega primero puede ser amado, o sea aceptado, unido e integrado, o rechazado. Y ya vemos cómo ese saber de aceptación, o sea de amor, está en el óvulo. Si el óvulo lo rechaza, por muy fuerte que sea el espermatozoide, sencillamente muere. El óvulo le abre la vía a la vida, más allá de su poder, es decir, a la transcendencia.
Ya en esta fase vemos que ese saber está en la mujer; esa cualidad le pertenece. Es el amor el que abre la puerta a la vida. La vida no se conquista a la fuerza. Es el amor el que abre la puerta. Y esa sabiduría aparece asociada como energía femenina desde el primer momento.

El amor es la fuerza que le lleva a la vida y aparece como mujer, como una fuerza femenina, porque no es lo importante ser el primero -para la mujer no es lo importante ser el primero-, sino la capacidad de crear vida, que aparece cuando gesta y sostiene la vida en su interior, de tal manera que donde hay uno en realidad hay dos. Esa fuerza no está en la capacidad de ser el primero.

La capacidad de ser el primero no crea vida, sino que lo crea ese rol que durante mucho tiempo aparece como secundario, que es el rol de la mujer. Físicamente es más débil, consecuentemente no se va a imponer por la fuerza, pero tiene la fuerza de generar vida, de abrir la puerta de la transcendencia, de abrir una puerta más allá de los límites y entonces entrar en otra realidad, con otras leyes, con otras formas. Y eso es pura magia.

Esa forma de unirse con la realidad es la que va a generar vida, no queriendo imponerse a la realidad, sino queriendo fundirse con la realidad, como hace el amor. El amor no se basa en ser el primero, sino en esa fuerza que de dos hace uno. Esa fuerza mágica de armonía, belleza y ganas de vivir y compartir es la que unifica todos los fragmentos separados, o sea rompe la división, y tiene esa característica que en la dimensión ordinaria de fuertes y débiles, primeros y segundos, se asocia con el segundo, que aparentemente es débil, pero que en verdad transciende la realidad y está imbuido en esa fuerza del amor.