La realidad es madre y está ahí para cuidarte

La realidad es maternal. La realidad es madre. La energía inherente dentro de la realidad es una energía madre, porque la vida es madre, es decir, te cuida. Todo lo que existe está ahí para cuidarte, para atender tus necesidades, para enseñarte, para ayudarte a crecer y a ser feliz.

El descubrimiento de que la tierra es madre es un hito en el despertar. Es un momento fundamental en el despertar. El descubrimiento de que la tierra es madre te permite conectar con que la realidad material te cuida. Pero más allá de que la tierra sea madre y te cuide, de que te aporte los materiales para tu cuerpo, para tu vehículo y lo que necesites, más allá de esta realidad, es decir, en una forma más expandida de conciencia, encuentras que todo en la realidad es madre. Así, hay una realidad inmaterial que no necesita ser material, sino que aparece como material precisamente para cuidarte; que es madre dándole al sentido de madre esos valores que te transmiten vida, energía, fuerza; y te aportan todo lo que necesitas para desarrollarte plenamente, para aprender, para prosperar y para florecer.

Si la vida es madre y la realidad es madre, no necesita ser conquistada, porque se te entrega. No necesitas ser fuerte, sino despertar tu conciencia para dialogar con esa conciencia suprema. Necesitas despertar tu conciencia superior, espiritual, para conectar con esa energía. Eso es parte del diálogo acerca de lo que significa ser hombre o ser mujer, porque si la realidad, la vida y todo lo existente, y no solo la tierra, es madre y se entrega, entonces esa actitud de dominarla es justamente la contraria.

Si la realidad es madre, es una realidad que en la dualidad hombre-mujer aparece en la mujer. Y entonces, eso lleva a la consideración de que es necesario en este momento de la humanidad, del despertar del arquetipo humano, en esta nueva etapa que se abre ante la humanidad, conectarse con los valores que ya están presentes desde siempre, en la configuración de la mujer.

La alquimia resucitadora que aparece en el mito de Osiris

La alquimia resucitadora que aparece en el mito de Osiris se inicia bajo el nombre y la consideración de Isis, como expresión de la magia del amor. Esto es particularmente importante en este tiempo, porque el hombre, el ser humano masculino, siempre trata de ser el primero. Como espermatozoide, antes de nacer, ya ha participado en esa carrera y ha llegado antes que muchos otros. Esa energía de competitividad forma parte del arquetipo masculino.

Por eso Osiris aparece como rey, es decir, como el primero, pero ser primero no es lo que le va a devolver la vida, sino el amor, porque ese espermatozoide que llega primero puede ser amado, o sea aceptado, unido e integrado, o rechazado. Y ya vemos cómo ese saber de aceptación, o sea de amor, está en el óvulo. Si el óvulo lo rechaza, por muy fuerte que sea el espermatozoide, sencillamente muere. El óvulo le abre la vía a la vida, más allá de su poder, es decir, a la transcendencia.
Ya en esta fase vemos que ese saber está en la mujer; esa cualidad le pertenece. Es el amor el que abre la puerta a la vida. La vida no se conquista a la fuerza. Es el amor el que abre la puerta. Y esa sabiduría aparece asociada como energía femenina desde el primer momento.

El amor es la fuerza que le lleva a la vida y aparece como mujer, como una fuerza femenina, porque no es lo importante ser el primero -para la mujer no es lo importante ser el primero-, sino la capacidad de crear vida, que aparece cuando gesta y sostiene la vida en su interior, de tal manera que donde hay uno en realidad hay dos. Esa fuerza no está en la capacidad de ser el primero.

La capacidad de ser el primero no crea vida, sino que lo crea ese rol que durante mucho tiempo aparece como secundario, que es el rol de la mujer. Físicamente es más débil, consecuentemente no se va a imponer por la fuerza, pero tiene la fuerza de generar vida, de abrir la puerta de la transcendencia, de abrir una puerta más allá de los límites y entonces entrar en otra realidad, con otras leyes, con otras formas. Y eso es pura magia.

Esa forma de unirse con la realidad es la que va a generar vida, no queriendo imponerse a la realidad, sino queriendo fundirse con la realidad, como hace el amor. El amor no se basa en ser el primero, sino en esa fuerza que de dos hace uno. Esa fuerza mágica de armonía, belleza y ganas de vivir y compartir es la que unifica todos los fragmentos separados, o sea rompe la división, y tiene esa característica que en la dimensión ordinaria de fuertes y débiles, primeros y segundos, se asocia con el segundo, que aparentemente es débil, pero que en verdad transciende la realidad y está imbuido en esa fuerza del amor.

Para cambiar de dimensión el hombre necesita ceder el paso a la mujer

30/7/2016

Para cambiar de dimensión el hombre necesita ceder el paso a la mujer, porque si no, no conoce el camino o paso entre las dimensiones. Pero la mujer, como expresión del agua, sí conoce ese camino.
Por eso es necesario en estos momentos que, a nivel personal, cada hombre o ser humano masculino ceda el paso a la mujer para poder evolucionar, porque si no, no podría hacerlo y estaría dando vueltas siempre en el mismo lugar.
La Pascua contiene un paso a través del agua, del mar, y la entrada en la tierra prometida también, en este caso del Jordán. Está indicando cómo todo el cambio evolutivo dimensional es a través del agua.
En caso contrario, estás dando vueltas. Actúas con unos criterios y unas leyes de esta dimensión y no consigues entrar ni salir, porque todo lo que construyes está en esta dimensión

El hombre es intrascendente pero la mujer es trascendente

El hombre es intrascendente pero la mujer es trascendente. La mujer es trascendente siempre.
No sé si eso es bueno o malo, pero creo que es así. Quizá a la mujer le gustaría ser intrascendente o quizá al hombre le gustaría ser trascendente.
Pero creo que eso no es lo que sucede en los niveles profundos de esta dimensión aparente; solo en los niveles aparentes.

Por eso es necesario un reajuste para que todos y todas sean trascendentes y quieran serlo.
Entendemos como trascendente todas aquellas acciones que hacen ligera a tu alma, más ligera que una pluma.
Vivir de forma trascendente es fácil para la mujer. No necesita activarlo voluntariamente, solo reconocerlo. Pero el hombre sí necesita activar su programa hacia la transcendencia. Entonces, el hombre también se vuelve trascendente.

La mujer está hecha de risas y la madre de poesía

La mujer está hecha de risas, o sea de emociones, que como un río dan vida a todo lo que encuentran a su paso. Pero las madres están hechas de poesía.

Sí, hay un momento en que la risa se convierte en poesía. La risa es como una luz buscando una realidad y la poesía es como la luz cuando crea la realidad y la hace aparecer.
Vemos el sol y creemos que es el sol, pero lo que vemos es la luz, porque la realidad material del sol está envuelta en la luz que rodea al sol.
Todas las personas son como el sol, una realidad material, pero están envueltas en la luz que son las circunstancias que le rodean.

Hay un momento en que te rodean las risas. Es un momento muy importante. Hay un momento en que las circunstancias son risas. Pero hay un momento en que las circunstancias son poesía, y, entonces, naces, sabes quién eres y lo que tienes que hacer. Además, eres voluntario para ello.

Las mujeres están hechas de risas

LAS MUJERES ESTÁN HECHAS DE RISAS (Extracto del libro en preparación “Tiempo de Ser o la impecabilidad sin esfuerzo”)
Las mujeres están hechas de risas, de risas desbordantes.
Quien no lo sepa quizá no está vivo. Quizá únicamente está ensoñando, solo que es una pesadilla o sueño de terror que le impide vivir.
Por eso es importante despertar y limpiar el corazón de hechizos.

Es importante despertar. Es importante sentir la ligereza, el desapego y la falta de necesidad de defenderte, acumular, ser fuerte y dominar.
La mujer, que está hecha de risas, puede ser dominada, porque con sus risas y su sumisión está protegiendo la vida y esperando a que despiertes.

La mujer está hecha de risas, de risas desbordantes, como el agua, y puede ser dominada aparentemente, pero solo porque no lucha ni compite. No es su terreno ni su naturaleza, porque su misión es proteger la vida y no destruirla.
La esencia de la vida es el amor, y la mujer, como guardiana defensora y protectora de la vida, no guerrea, sino que espera a que el amor sea posible. El amor no puede ser impuesto, ya que ese el territorio del miedo y la risa una expresión de la paz y el amor.

Por eso se puede decir que la mujer está llena de risas, llena de lo que hace que la vida merezca la pena ser vivida. La mujer es protectora de la vida.
Quien no sabe que la mujer está hecha de risas, quizá tenga miedo.
La mujer se enfrenta al miedo. No tiene miedo al miedo, sino la misión de hacerlo desaparecer.
Por eso, para poder estar a tu lado, que tienes miedo, parece que se somete.

La mujer está hecha de risas. Qué bendición poder bañarse en ese río.

La mujer es el águila y tiene que llevar al colibrí cada vez más alto

LA MUJER ES EL ÁGUILA (Extracto del libro en preparación “Tiempo de Ser”)

La mujer es el águila y tiene que llevar al colibrí cada vez más alto hasta llegar al borde, a la frontera dimensional de la vida, donde comienza el mundo divino.

La mujer es el águila y tiene que llevar al colibrí en su vuelo cada vez más alto, pero antes el colibrí tiene que ser el colibrí, recuperando el alma, desapegándose del ego, soltando y siendo ligero, y abriendo el corazón.

La mujer es el águila y Maat, y entonces lleva al colibrí donde comienza el cielo, y desde ahí el colibrí entra en el interior al corazón del cielo.

Claro, que quizá el hombre pudiera ser el águila y la mujer el colibrí, pero da igual, donde “tú eres yo” y “yo soy tu”, ¿dónde está la frontera?

El vuelo del águila y del colibrí borran las fronteras.
Ese quizá es el segundo colibrí, el que entra en el corazón del cielo.

Menos piedras y más paz

MENOS PIEDRAS Y MÁS PAZ (Extracto del libro en preparación “tiempo de ser”)

Menos piedras y más paz. Respetar a las piedras es también respetar a la madre tierra, de la cual todos somos hijos. Respetar a la tierra es también respetar a lo femenino y a la mujer, de la cual todos somos hijos.
Antes de ser una persona individual, un cuerpo individual y una mente individual, todos hemos formado parte, como una célula más, del cuerpo de una mujer, de nuestra madre.

Todos somos parte de la tierra y somos parte de la mujer.
En ese sentido suprimir la creatividad de la mujer -que es una expresión de amor- y convertirla en una cosa, es convertir a toda la humanidad en cosa.

Si ya no es posible el amor, lo que aparece es la guerra; la guerra para poseer las cosas.
Por eso honrar a la piedra es también honrar a la madre tierra y a la mujer.
Es imprescindible honrar a la mujer para honrar al ser humano, al arquetipo y a la energía Dios. Es imprescindible honrar a la mujer y a la madre tierra para honrar a Dios.

Por eso, dejemos a las piedras en su sitio y no las usemos como un arma, sino reconozcamos su capacidad de vehículo de transformación y su capacidad transcendente, sustentando el aquí y ahora para lo sagrado y la iluminación.

El agua es una bendición

EL AGUA ES UNA BENDICIÓN (El libro de las Sincronías)
Hay una similitud significativa entre un lago y un ser humano.
Aparentemente son dos cosas diferentes sin relación, pero un lago presenta como analogía un valor muy interesante con el ser humano, y muy instructivo. Nos muestra algo del ser humano que nos puede servir como espejo, ayudar a reconocernos y a actuar como realmente queremos, saliendo de errores por falta de auto referencias.
Los límites
La primera información que muestra la semejanza es la necesidad de límites. El lago como el hombre tiene unos límites, pero esos límites son necesarios.
Los límites del hombre son a nivel físico: la piel y todos los nervios asociados que marcan su límite y le informan, a través de mecanismos como el dolor, de que algo sucede que le pone en peligro. Si la piel se rompe, hay que poner remedio porque hay peligro.
El lago, que es un montón de agua, también necesita límites. Los límites de un lago son lo que le dan la posibilidad de ser lago y recibir un nombre que le reconoce como lago.
Si no tiene límites estables habituales, no es un lago sino una inundación. Y una inundación es como una locura, como un ataque psicótico donde pierdes los limites.
Parte de un todo
Otra similitud es la de poder contener sólo una parte limitada de algo ilimitado.
El lago contiene sólo una parte de todo el agua existente, de la misma manera que el ser humano contiene vida, energía, espíritu, pero es únicamente una parte de la vida, de la energía o del espíritu.
Esa parte de un todo que contiene, no es siempre la misma, sino que es fluctuante. El lago a veces tiene más agua y a veces menos. Igualmente el hombre a veces tiene más energía, más claridad y a veces menos.
El desbordamiento
Esta fluctuación en el lago no contiene peligro, excepto por imprudencia y a veces codicia del ser humano, que invade los límites reales del lago.
Si el lago recibe más agua de la habitual, primero la embalsa y si continua recibiendo más agua, finalmente llega un momento en que supera el límite natural del lago y el agua continúa su camino.
El agua encuentra su salida para continuar hasta su destino, normalmente sin catástrofe.

Es como si una persona tiene que hacer algo y para cumplir con ello recibe más energía.
Si la persona hace con prontitud lo que tiene que hacer, para lo cual recibe más energía, actúa felizmente, incluso si es sorprendente lo que hace.
Pero si no hace lo que tiene que hacer, que es para lo que tiene más energía disponible, entonces puede suceder algo catastrófico, subjetivamente hablando.

Sabemos que las crisis son oportunidades de cambio; son como un aumento del agua que finalmente encuentra su camino, pero si las vives subjetivamente con dolor, tal vez lo que estás haciendo es intentar que el agua no salga. Tal vez estás levantando diques para que el agua no salga. Pero no puedes ni podrás porque si tienes más energía es PARA QUE HAGAS ALGO, para que resuelvas.
Cuando el dique de los pantanos se rompe, es cuando se destruyen pueblos y casas. Pero los pantanos no son lagos.
Ahora hay cada vez más energía disponible, la cuestión es saber quién eres, porque si sabes quién eres, sabes qué tienes que hacer.

El agua es una bendición.

EL LIBRO DE LAS SINCRONÍAS

El agua en las tradiciones

EL AGUA EN LAS TRADICIONES (El libro de las Sincronías)
El agua es lo sagrado. Sí, lo sagrado más allá de la luz; el lugar de procedencia del humano.

El Tzolkin habla de 52 tipos de años que se vuelven a repetirse incesantemente, casualmente expresados por la familia portal, que es la familia del agua, formada por luna, mago, tormenta y semilla. Son 52 tipos de experiencias para toda la humanidad (4 sellos X 13 tonos), pero también cada persona vive 52 experiencias expresadas por los 52 sellos de su familia. Y también cada castillo está compuesto por 52 sellos.
El 52 es un número que expresa lo que tienes que aprender; algo que tienes que experimentar.
Pero 52 también habla de agua, hablando de lo sagrado. Habla de agua hablando de lo sagrado, del humano, de la Tierra, del espíritu, de la luz, de canalizar. Es el camino a lo sagrado, olvidado, del human@; el camino de reencontrar al humano sagrado.

En el Tarot, el 2 es lo sagrado femenino, la sacerdotisa, y el 5 es lo sagrado masculino, el sumo sacerdote. Quizás se trata de integrar lo sagrado escindido, separado, enajenado, donde si eres hombre no tienes nada que ver con lo femenino o si eres mujer no tienes nada que ver con lo masculino; solo que en el espejo, que va más allá de lo aparente. Y es el camino de ascenso en las dimensiones.

A nivel personal, es la fusión interior masculino-femenino, pero a nivel exterior, es el reconocimiento de la energía femenina y escucha de la mujer, porque hay algo de voluntario en la experiencia de la mujer, y no se puede ser cómplice de la brutalidad, de la esclavitud, del silencio forzado.
Hoy es importante un trabajo en la conciencia personal reconociendo la energía femenina, la energía de la entrega, de la solidaridad, pero devolviendo a su sitio real a todas las mujeres y colaborando activamente en ello, como construcción y reconstrucción de lo sagrado.

Juan, el águila, representa a Escorpio, y Escorpio es el agua en astrología.
Todo esto son idiomas, formas de hablar: la astrología, el Tarot, los sólidos platónicos…; es como una escuela de idiomas.
Hablar los lenguajes de las tradiciones es como la traducción que realiza un intérprete en los congresos.

En astrología hay 4 elementos, conteniendo cada uno 3 signos, y nos interesa saber qué dice este idioma sobre cada uno de los tres signos del elemento agua.
Cada uno de los tres signos que componen el agua es agua, pero además es otro elemento.
Así, CÁNCER es AGUA-TIERRA. El cangrejo camina por la Tierra en el borde del agua, es decir en ese lugar donde la Tierra y el agua se encuentran.
PISCIS es AGUA-AIRE, porque los peces en el agua se mueven como los pájaros en el aire. Y además Piscis está al lado de Acuario, siendo acuario el “aguador celeste”, alguien que está vertiendo agua desde el cielo, y corresponde al tiempo de hoy.
ESCORPIO es AGUA-FUEGO, porque es el agua que asciende, manifestado por el escorpión, cuya cola quemante se levanta hacia el cielo.

En Piscis el agua desciende buscando al ser humano, y en Escorpio el agua asciende y habla del nuevo nacimiento, de la necesidad de volver a nacer; es esa agua ascendente, por eso está hablando de la vida.

No con mi dinero ni con mi silencio. Sí con mi amor, con mi reconocimiento. Perdón, gracias, te amo. Aquí estoy.

EL LIBRO DE LAS SINCRONÍAS