Risas, risas a montones, esperando una oportunidad para aparecer

Risas, risas a montones, esperando una oportunidad para aparecer. Sí, la mujer está hecha de risas. La mujer del siglo XXI está llena de risas, de las risas de su madre, abuelas, bisabuelas, tatarabuelas, de sus ancestros más alejados. La mujer está llena de risas, que hoy quieren reír, quieren aparecer, como esa fuerza mágica que colabora con la vida.
Las abuelas, las madres han atesorado risas para hoy, risas para vivir desde la inocencia, vivir desde la libertad, vivir desde el momento lúcido, vivir desde la plenitud del intercambio amoroso.
Risas que nutren al ser humano que comparte esas risas, que traen al presente la plenitud, el amor y la integridad.

Si la mujer encuentra respeto tiene abierto el camino del placer

Si la mujer encuentra respeto, si la mujer recibe respeto, si la mujer siente que es respetada, tiene abierto el camino del placer.
La mujer tiene cuatro centros del placer a nivel cerebral, mientras que el hombre solo tiene uno. Por eso la mujer pertenece al futuro.
Mientras estamos en una dimensión de sufrimiento, de enfermedad, de carencia y de confrontación, la mujer no puede expandir y abrir sus cuatro centros del placer, pero entonces es el arquetipo humano, es decir todos los seres humanos, los que se ven privados de esa expansión. Si la mujer no puede expandir y abrir sus cuatro centros, toda la humanidad vive por debajo de su posibilidad de placer, entendiendo que estamos hablando de plenitud. Cuando hablamos de placer estamos hablando en una vibración elevada, que convierte todo lo que sucede en algo placentero y que además se instala en un presente continuo, donde todo lo que se inicia continua en una vibración expandida.
No estamos hablando de momentos puntuales, no estamos hablando del placer como algo efímero, sino de algo que se instala en lo continuo. Lo efímero pertenece a la dimensión de la carencia y lo continuo pertenece a la dimensión de la plenitud, que es la dimensión de la inmortalidad.
Si la mujer recibe respeto, abre la puerta a la plenitud y a la inmortalidad. Abre la puerta a los millones de días, a los días sin fin.

La mujer crea el mundo

Paseando a la orilla de un pequeño lago inadvertidamente escuché una conversación entre dos pequeñas ranas.
Una decía “la mujer crea el mundo y el hombre lo habita, porque si fuese el hombre el que lo creara primero crearía a la mujer, para que creara el mundo, y entonces poder habitarlo él. Por eso creo que es la mujer la que crea el mundo y cuando ya ha creado todas las cosas, crea al hombre”.
Y la otra respondía “bueno, quizá no sea verdad, pero es cierto”.

Si la mujer no se puede reír, nadie puede ser feliz

Si la mujer no se puede reír, nadie puede ser feliz. Si la mujer no puede expresar su risa, su sonrisa, nadie puede ser feliz. Da igual que seas rico o pobre, bajo o alto, fuerte o débil, joven o viejo, si estás en un mundo donde la mujer no puede reír abiertamente, no puede sonreír, no puede mostrar su sonrisa, entonces no puedes ser feliz.

Es como estar en un mundo donde el sol no puede brillar. Es como estar en un mundo donde la madre tierra no puede mostrar su exuberancia, su belleza. Entonces, no puede ser feliz.

Por eso, es importante la sonrisa. Por eso es importante reconocer al sol y a la tierra su amor.

La luz es la que trae la forma

La luz es la que trae la forma. La luz o el fotón, cuando se convierte en bosón, introduce la forma, y entonces aparece la comprensión, el diálogo y la palabra.
El fotón se transforma en bosón y las cosas tienen forma; tienen fronteras definidas por la forma y aparecen palabras para nombrar esas formas.

La luz trae la forma y aporta el diálogo y los conceptos, pero el agua aporta el tiempo. Hay tiempo porque hay agua. Hay oportunidad de resolver algo. Hay oportunidad de que algo aparezca porque hay tiempo sustentado por la emoción, o hay emoción sustentada por el tiempo.
Tanto la luz como el agua saben manejarse en las fronteras. El agua sabe entrar en lo invisible y volver a entrar en lo visible; sabe abrir las puertas. Y la luz sabe entrar en la forma para volver a ser luz, entrando en la forma tantas veces como sea necesario.

La energía del hombre tiene que ver con la luz, porque tiene que ver con la forma, y la energía del tiempo tiene que ver con la mujer, porque tiene que ver con lo eterno, con la eternidad.

La realidad es madre y está ahí para cuidarte

La realidad es maternal. La realidad es madre. La energía inherente dentro de la realidad es una energía madre, porque la vida es madre, es decir, te cuida. Todo lo que existe está ahí para cuidarte, para atender tus necesidades, para enseñarte, para ayudarte a crecer y a ser feliz.

El descubrimiento de que la tierra es madre es un hito en el despertar. Es un momento fundamental en el despertar. El descubrimiento de que la tierra es madre te permite conectar con que la realidad material te cuida. Pero más allá de que la tierra sea madre y te cuide, de que te aporte los materiales para tu cuerpo, para tu vehículo y lo que necesites, más allá de esta realidad, es decir, en una forma más expandida de conciencia, encuentras que todo en la realidad es madre. Así, hay una realidad inmaterial que no necesita ser material, sino que aparece como material precisamente para cuidarte; que es madre dándole al sentido de madre esos valores que te transmiten vida, energía, fuerza; y te aportan todo lo que necesitas para desarrollarte plenamente, para aprender, para prosperar y para florecer.

Si la vida es madre y la realidad es madre, no necesita ser conquistada, porque se te entrega. No necesitas ser fuerte, sino despertar tu conciencia para dialogar con esa conciencia suprema. Necesitas despertar tu conciencia superior, espiritual, para conectar con esa energía. Eso es parte del diálogo acerca de lo que significa ser hombre o ser mujer, porque si la realidad, la vida y todo lo existente, y no solo la tierra, es madre y se entrega, entonces esa actitud de dominarla es justamente la contraria.

Si la realidad es madre, es una realidad que en la dualidad hombre-mujer aparece en la mujer. Y entonces, eso lleva a la consideración de que es necesario en este momento de la humanidad, del despertar del arquetipo humano, en esta nueva etapa que se abre ante la humanidad, conectarse con los valores que ya están presentes desde siempre, en la configuración de la mujer.

La alquimia resucitadora que aparece en el mito de Osiris

La alquimia resucitadora que aparece en el mito de Osiris se inicia bajo el nombre y la consideración de Isis, como expresión de la magia del amor. Esto es particularmente importante en este tiempo, porque el hombre, el ser humano masculino, siempre trata de ser el primero. Como espermatozoide, antes de nacer, ya ha participado en esa carrera y ha llegado antes que muchos otros. Esa energía de competitividad forma parte del arquetipo masculino.

Por eso Osiris aparece como rey, es decir, como el primero, pero ser primero no es lo que le va a devolver la vida, sino el amor, porque ese espermatozoide que llega primero puede ser amado, o sea aceptado, unido e integrado, o rechazado. Y ya vemos cómo ese saber de aceptación, o sea de amor, está en el óvulo. Si el óvulo lo rechaza, por muy fuerte que sea el espermatozoide, sencillamente muere. El óvulo le abre la vía a la vida, más allá de su poder, es decir, a la transcendencia.
Ya en esta fase vemos que ese saber está en la mujer; esa cualidad le pertenece. Es el amor el que abre la puerta a la vida. La vida no se conquista a la fuerza. Es el amor el que abre la puerta. Y esa sabiduría aparece asociada como energía femenina desde el primer momento.

El amor es la fuerza que le lleva a la vida y aparece como mujer, como una fuerza femenina, porque no es lo importante ser el primero -para la mujer no es lo importante ser el primero-, sino la capacidad de crear vida, que aparece cuando gesta y sostiene la vida en su interior, de tal manera que donde hay uno en realidad hay dos. Esa fuerza no está en la capacidad de ser el primero.

La capacidad de ser el primero no crea vida, sino que lo crea ese rol que durante mucho tiempo aparece como secundario, que es el rol de la mujer. Físicamente es más débil, consecuentemente no se va a imponer por la fuerza, pero tiene la fuerza de generar vida, de abrir la puerta de la transcendencia, de abrir una puerta más allá de los límites y entonces entrar en otra realidad, con otras leyes, con otras formas. Y eso es pura magia.

Esa forma de unirse con la realidad es la que va a generar vida, no queriendo imponerse a la realidad, sino queriendo fundirse con la realidad, como hace el amor. El amor no se basa en ser el primero, sino en esa fuerza que de dos hace uno. Esa fuerza mágica de armonía, belleza y ganas de vivir y compartir es la que unifica todos los fragmentos separados, o sea rompe la división, y tiene esa característica que en la dimensión ordinaria de fuertes y débiles, primeros y segundos, se asocia con el segundo, que aparentemente es débil, pero que en verdad transciende la realidad y está imbuido en esa fuerza del amor.

Para cambiar de dimensión el hombre necesita ceder el paso a la mujer

30/7/2016

Para cambiar de dimensión el hombre necesita ceder el paso a la mujer, porque si no, no conoce el camino o paso entre las dimensiones. Pero la mujer, como expresión del agua, sí conoce ese camino.
Por eso es necesario en estos momentos que, a nivel personal, cada hombre o ser humano masculino ceda el paso a la mujer para poder evolucionar, porque si no, no podría hacerlo y estaría dando vueltas siempre en el mismo lugar.
La Pascua contiene un paso a través del agua, del mar, y la entrada en la tierra prometida también, en este caso del Jordán. Está indicando cómo todo el cambio evolutivo dimensional es a través del agua.
En caso contrario, estás dando vueltas. Actúas con unos criterios y unas leyes de esta dimensión y no consigues entrar ni salir, porque todo lo que construyes está en esta dimensión

El hombre es intrascendente pero la mujer es trascendente

El hombre es intrascendente pero la mujer es trascendente. La mujer es trascendente siempre.
No sé si eso es bueno o malo, pero creo que es así. Quizá a la mujer le gustaría ser intrascendente o quizá al hombre le gustaría ser trascendente.
Pero creo que eso no es lo que sucede en los niveles profundos de esta dimensión aparente; solo en los niveles aparentes.

Por eso es necesario un reajuste para que todos y todas sean trascendentes y quieran serlo.
Entendemos como trascendente todas aquellas acciones que hacen ligera a tu alma, más ligera que una pluma.
Vivir de forma trascendente es fácil para la mujer. No necesita activarlo voluntariamente, solo reconocerlo. Pero el hombre sí necesita activar su programa hacia la transcendencia. Entonces, el hombre también se vuelve trascendente.

La mujer está hecha de risas y la madre de poesía

La mujer está hecha de risas, o sea de emociones, que como un río dan vida a todo lo que encuentran a su paso. Pero las madres están hechas de poesía.

Sí, hay un momento en que la risa se convierte en poesía. La risa es como una luz buscando una realidad y la poesía es como la luz cuando crea la realidad y la hace aparecer.
Vemos el sol y creemos que es el sol, pero lo que vemos es la luz, porque la realidad material del sol está envuelta en la luz que rodea al sol.
Todas las personas son como el sol, una realidad material, pero están envueltas en la luz que son las circunstancias que le rodean.

Hay un momento en que te rodean las risas. Es un momento muy importante. Hay un momento en que las circunstancias son risas. Pero hay un momento en que las circunstancias son poesía, y, entonces, naces, sabes quién eres y lo que tienes que hacer. Además, eres voluntario para ello.