El mecanismo que pone en marcha el abrazo no es la ley ni la fuerza, sino el amor

El mecanismo que pone en marcha el abrazo no es la ley, o sea, la obligación, ni la fuerza, o sea el dominio, sino el amor. Quien se sitúa en esa circunstancia bajo su poder o bajo una exigencia legal, está fuera de juego y no está en el tema.
Parecerá algo, pero no es nada. No pertenece a lo óptimo. No existe. Sólo sub-existe.
Y si hay pasividad en lugar de abrazo, tampoco hay nada.
Y si el hechizo en la mujer le lleva a no abrazar, tampoco hay nada.