La expansión de la conciencia es la expansión de los conceptos

La expansión de la conciencia es la expansión de los conceptos. Si los conceptos están restringidos o son limitantes, no se puede expandir la conciencia. Si tu ojo tiene la orden de solo ver hasta tres metros de distancia, no verá más allá. Si el concepto está restringido al estar unido a una palabra y solo a una palabra, cuando expreses ese concepto con otra palabra, no entenderá y no creará la imagen adecuada.

Hay que abrir una conexión en la cual un concepto es similar a otro, si no en todo, en tal situación o en tal otra. Es necesario manejar la analogía. Es importante abrir la posibilidad de encontrar sentido y significado a través de la analogía. La analogía no es que algo sea lo mismo a través de la configuración exterior sino que es igual y lo mismo gracias a la información que tiene. Es decir, no a través de una configuración exterior sino vibracional. Podemos decir “esto funcionalmente también es esto” y no “esto es esto”. Entonces, se convierte en una llave que abre puertas y desvela velos.

Encontrar el valor de lo análogo expande la conciencia.

Comunicarse es vital

Comunicarse es vital. Comunicarse es algo intrínseco, algo que está en el ADN. Comunicarse es algo que está en un sitio que no vemos, pero que es tan real que va a condicionar nuestras acciones.
Las personas necesitamos vitalmente comunicarnos. Algunos delincuentes cuelgan en la red sus delitos, para que lo vean personas que ellos no van a ver, cumpliendo así una necesidad vital de comunicación.
Para muchas policías, en caso de personas desaparecidas es imprescindible el teléfono móvil y el ordenador, para ver qué le ha pasado a esa persona que están buscando, porque ahí se reflejan sus conversaciones y hacia dónde se dirigía o con quien hablaba.

Comunicarse es vital. Es tan importante como ver, hacer ejercicio o comer. Es importante reconocer la conexión con las demás personas en aquel lugar invisible pero real.
Es importante reconocer la conexión con el arquetipo, con el ser humano pleno total. Es importante reconocer tus conexiones, no solamente tus obsesiones.
Es importante reconocer y encontrar el lugar de las conexiones inalámbricas espirituales, que es el alma y se sitúa en una dimensión espiritual. Y no solamente vivir tus obsesiones, tus miedos o tu necesidad de cumplir.
Entonces, puedes encontrar que la comunicación es algo maravilloso, que te abre la puerta de la quinta dimensión, la dimensión de lo óptimo.

Estamos hablando de la palabra. La palabra es mágica y la palabra es gozosa cuando está expresando tu ser espiritual. La palabra crea la realidad. La palabra despierta tu ser mágico espiritual. La bendición, la oración, el agradecimiento y la expresión del gozo y del amor despiertan tu ser espiritual, lo óptimo y los milagros.

Los seres humanos somos muy parecidos a las antenas

26/2/2017
Los seres humanos somos muy parecidos a las antenas. Antes no lo sabíamos porque no había antenas, ya que han comenzado a existir hace menos de doscientos años. Sin embargo, ahora puede haber más de 20 antenas por cada persona. Esto quiere decir que, si hay varios miles de millones de habitantes, puede haber varios miles de millones multiplicado por 20 de antenas.

Las antenas reciben la energía eléctrica y la transforman en energía electromagnética, o bien al revés, reciben una energía electromagnética y la transforman en una energía eléctrica. Quiere decir que las antenas reciben y emiten, o emiten y reciben simultáneamente.

Los seres humanos también reciben y emiten vibraciones. Puede ser que reciban una vibración y la transformen en un discurso, modificando el tipo de energía. O bien reciban un discurso y lo transformen en una vibración emocional. Hay un intercambio entre la emoción y el discurso.
Por eso conviene ir al origen de esa vibración o discurso, para ver de dónde procede lo que estás diciendo o lo que estás sintiendo. Hay un momento en que conviene verificar qué es lo que estás transmitiendo.

De repente alguien dice algo importante, interesante o decisivo solo que no te das cuenta

De repente alguien dice algo importante, interesante o decisivo solo que no te das cuenta hasta después de 10, 15 o quizá 20 años.
De repente te das cuenta de que eso es lo importante en ese momento y entonces te sirve, te resuelve, te sitúa en lo real y tú lo tienes porque alguien en algún momento ya te lo había entregado, aún si en aquel momento aquello no era bien recibido.

Es importante la palabra porque es luz.
Es importante decir lo que tengas que decir.

María Magdalena es un símbolo, una palabra

María Magdalena es un símbolo, una palabra. Pero un símbolo no es que no sea nada, una cosa o una persona, sino que, al contrario, precisamente por no ser solamente una persona o una cosa, un símbolo es mucho más.
Es mucho más no porque haya algo que pueda ser más, más cosa o más persona, ya que en cada persona está la realidad Dios, sino que es más como traduciendo la realidad espiritual de dimensiones superiores.

El símbolo se sitúa y vive en dimensiones superiores a la dimensión puramente material que conforma la realidad ordinaria, donde la luz en un descendimiento toma forma, o sea aparece como materia, donde los átomos están muy juntos en una realidad plegada apareciendo como forma.
Las cosas en esa dimensión tienen forma y las personas a través de su cuerpo tienen forma reconocible. Esa es la razón de la forma. Permite que las cosas sean reconocibles y puedan ser nombradas y reconocidas a través de su nombre.
A través de su nombre, es decir de la palabra que identifica las cosas y las personas por su cuerpo, aparece una realidad comprensible que puede ser descrita con palabras y luego con frases, lo cual permite el aprendizaje y el dialogo.

La palabra, el dialogo, el reconocimiento, la información y la expresión son lo propio de María Magdalena. María Magdalena ve, comprueba y reconoce la resurrección, es decir aprende e interioriza cómo la vida es superior a la muerte, recibiendo el encargo de trasmitirlo. Eso significa que recibe la misión de enseñar con su palabra a los discípulos, que son los que están buscando la vida y el conocimiento, y que están dialogando con el espíritu a través de señales.
Por eso María Magdalena aparece como un arquetipo, como un símbolo y no necesita ser una persona porque son todas. María Magdalena son todas las personas que experimentan la resurrección, o sea que dan el salto dimensional, cosa por otra parte que está en su programa como posibilidad. De modo que en realidad lo que sucede es que despliegan y ocupan su realidad. En dos palabras: se despiertan y salen de la irrealidad a la realidad. Pasan.

La fuerza y realidad trascendente se conocen desde antiguo en la humanidad, pero en “este tiempo”, en el tiempo del despertar, se han reinventado desde el Reiki, los mudras y la geometría sagrada. “Este tiempo” es el tiempo del triunfo aparente del cerebro o de la lógica frente al sentir, a la magia, al mundo de los espíritus y de las realidades espirituales, pero sobre todo es el tiempo PRESENTE, el aquí y ahora, en ese escenario tan cerebral, lógico y aparentemente aséptico, asociado al triunfo material, al éxito social.
Parecía que para vivir había que ser lógico, cerebral y no sentir, no escuchar tu corazón. Pero en ese mundo cerebral, materialista y dialectico ha vuelto a asentarse con fuerza la realidad espiritual, la realidad Dios, mostrando esa realidad material consumista incluso de éxito como una falsa realidad para la vida.
Los milagros son superiores como realidad a la mera productividad. Los milagros y la maravilla pertenecen a la alegría y a la vida mientras que la productividad esquilma la vida porque contamina, enferma, mata, esclaviza y te hace insensible a las necesidades de las demás personas.
Sin embargo todas las personas estamos unidas por las neuronas espejo, las neuronas de la empatía. Las neuronas espejo de la empatía muestran la realidad más allá de la dimensión material y hablan de cómo es imposible ser feliz sin conexión al todo.
Activar las neuronas espejo es activar la energía femenina y es adecuado en este momento. Por eso, en estos momentos aparece María Magdalena como arquetipo para la humanidad en el aquí y ahora. Y es conveniente entrar en ese arquetipo para que se despierte en ti y te posibilite el salto dimensional a la plenitud.

La palabra (viento) y el ensueño (noche) permiten el florecimiento de la semilla

“Lo que dices” corresponde al viento, y las imágenes que se crean en tu mente para explicar lo que te sucede, por ejemplo el sentimiento de víctima, de carencia o de injusticia, se forman en tu mente y corresponden al ensueño.

La palabra (viento) y el ensueño (noche) son lo que permiten el florecimiento a la semilla, que es tu programa. Tú puedes florecer, expandirte a ser tú, teniendo en cuenta qué es lo que dices, al expresar lo que sucede y cómo está constituida la realidad. También el ensueño, aquellas imágenes mentales interiores con las que defines tu realidad, están relacionadas con permitir o impedir tu florecimiento.

El viento y la noche favorecen el ensueño. El viento es lo que tú dices y la noche son las imágenes que tu creas.
Gracias

La energía electromagnética y la madre tierra

Utilizando el código de energía eléctrica y energía electromagnética, podemos encontrar que lo que nos ofrece la tierra es la energía electromagnética, como traducción de esa otra energía que recibe del corazón del cielo, que sería la energía eléctrica.
La tierra nos ofrece armonía, nutrición, espacio para vivir, belleza… Podemos encontrar en ella un montón de cosas maravillosas, como agua dulce, aire limpio, etc. Pero también podemos encontrar que actuamos con la madre tierra como un depredador, esquilmando y destruyendo su armonía y belleza en beneficio propio, como si nos fuera a faltar.

Nos encontramos ante algo que está dirigido al despertar de la conciencia. Dice la sabiduría hermética que “como es arriba es abajo” y “como es abajo es arriba”, de modo que si abajo actuamos como depredadores por miedo fundamentalmente a que te falte algo que te regalan, arriba hacemos lo mismo mientras no cambiemos esa actitud. Por ese motivo, no estás arriba, sino abajo. Y solo cuando cambias y reconoces esa energía madre, de entrega para ti, puedes elevarte.

La energía electromagnética que traduce la madre tierra, para hacerse comprensible ante el ser humano, toma forma. El ser humano, al aprender los nombres de las cosas, empieza a dialogar con esa energía que la madre tierra traduce. Primero pone nombre a las cosas, que en los lenguajes más elementales son cosas materiales, reconocibles por su cuerpo.
Pero con la evolución de la humanidad, las palabras no traducen cosas con cuerpo, sino, en un porcentaje muchísimo mayor, pensamientos, ideas y sentimientos, así como el lenguaje de la ciencia, medicina, informática, economía o publicidad. Todo eso traduce cosas que no son de índole material porque no tienen cuerpo, pero sí realidad.

Esa complejidad nos lleva a la situación actual, donde descubrimos que las palabras no solo traducen la realidad, sino también crean la realidad material.
Eso lo vemos, por ejemplo, a través de los estudios sobre el cáncer, donde aparece como un conflicto no expresado y vivido en aislamiento. Y ese conflicto no expresado, esas palabras no dichas, se convierten en una energía que puede acabar contigo.
Por otra parte, también se ha experimentado con un grupo de voluntarios que van a ser monitorizados, cómo, si se dicen palabras desagradables que expresan horror, violación y frustración, al hacerles un análisis de sangre se ve, por ejemplo, que está llena de cortisol. El efecto del cortisol es bloquear glóbulos rojos, con lo cual se producen al cabo del tiempo muchas enfermedades y carencias. Pero cuando lo que se están recitando son palabras bellas y armoniosas, aparecen hormonas del tipo de la serotonina, que está considerada como la hormona de la felicidad y la armonía.

Entonces, vemos que las palabras crean realidad, de forma constatable y medible. Esto nos lleva a la consideración de dónde proceden las palabras. Vemos que detrás de las palabras hay actitudes que favorecen la forma en que vives. La realidad traduce una actitud, que es como una antena que recibe informaciones defectuosas. Por ese motivo tus palabras también contienen ese efecto.
De modo que parte del trabajo personal es observar desde dónde estás hablando; observar qué es lo que dices, para encontrar el origen con el que conectas y ver qué tipo de energía es la que estás vehiculizando y traduciendo electromagnéticamente en palabras, porque las palabras convierten en energía electromagnética, utilizando esto como un símil, otra energía que viaja y une dos puntos.

La palabra es un mecanismo evolutivo

La palabra es un mecanismo evolutivo. A través de ella hablas contigo mismo. Cuando le pones nombre a las sensaciones y emociones, a todo lo que no tiene palabras, y aprendes a reconocerlo, empiezas a ver la similitud entre sucesos objetivos externos, pero que provocan la misma sensación y emoción. Entonces, consideras los sucesos externos, las acciones y las cosas que suceden de otra manera.
Si reconoces la emoción que te provoca determinada acción, puedes evitar ser reactivo y entonces ser libre, porque cuando eres reactivo no eres libre. Si dejas de ser reactivo, desactivas la reacción y empiezas a ser tal y como tú quieres ser, comenzando a moverte en la dirección en la que quieres moverte. Cuando eres reactivo no puedes moverte en ninguna dirección. Solo eres reactivo y entonces no hay evolución.
Por ese motivo, las palabras son un mecanismo evolutivo que te permite dialogar contigo mismo, reconocerte, y empezar a SER como persona libre, no como persona mediatizada reactivamente.

Los frutos conectan con otra realidad más allá de la apariencia

Los frutos conectan con otra realidad más allá de la apariencia:
Hay quien dice que son más importantes los hechos que las palabras, como quien dice “obras son amores y no buenas razones” o “por los frutos los conoceréis”. Pero los frutos no son las obras. No son lo que haces, sino el resultado tanto de lo que haces como de lo que dices y lo que sientes. Los frutos es un resultado.

Por ejemplo, puedes plantar un árbol. Cavar la tierra, coger la semilla y ponerla es “lo que haces”. Sin embargo, que la semilla esté viva o muerta no es algo que tú haces, y que la semilla crezca y de frutos amargos o sanos tampoco, porque tú haces lo mismo para un árbol que prospera como para uno que no prospera, para un árbol que da buenos frutos o para uno que no da ninguno por mucho que lo riegues.

La vida no se produce por algo que haces, porque mira que lo intentan en los laboratorios, sino por algo que contiene la vida y que viene de donde viene la vida. “Por sus frutos los conoceréis” no te invita a mirar lo que hace la gente, cosas buenas o malas, porque eso sería juzgar. Pero no venimos a esta encarnación a juzgar sino a dar buenos frutos tú.

Cualquier cosa que hayas aprendido ha sido consecuencia de unas palabras, a través de las cuales te han enseñado. Por eso, las palabras son antes que los hechos, representando la raíz de los hechos. Las palabras dirigen lo que haces. Lo importante es fijarse en lo que dices, porque puede ser que lo que dices en tu diálogo interior tenga negatividad y posteriormente esa negatividad suceda, o tenga positividad para todos, y entonces suceda.

Eso es parte de los frutos y es independiente de lo que haces, sea vender periódicos, ser profesor o cualquier cosa que hagas. Tiene más relación con lo que sientes: amor, odio, benevolencia, miedo, etc. Con la palabra se puede manipular, pero sabemos que con las obras también. Todos los alcaldes hacen buenas obras con el dinero público, incluso los que encuentran el camino para que el dinero público también llegue a su bolsillo además de a las buenas obras.

No hay peor cosa que una tabla de obras buenas y obras malas, porque eliminar a los malos normalmente estaría considerado como una acción buena, ya que “liberas” a muchos inocentes del sufrimiento, pero luego resulta que no es así.
Determinar las obras es lo que hacen los frutos. Las obras están en la apariencia, pero los frutos conectan con otra realidad más allá de la apariencia.