La vertiginosa carrera de las partículas subatómicas

Cuando las partículas subatómicas, después de toda su eterna atemporalidad, consiguen construir un átomo, comienzan una vertiginosa carrera de miles de millones de años, hasta que consiguen configurar el platino dentro de la supernova.
Y entonces, maravillosamente estallan y se superdesconfiguran para permitir iniciar la vida orgánica.
Ahí comienza una vertiginosa carrera de miles de millones de tiempos hasta conseguir configurar al ser humano, o sea tú, yo, aquel, aquella, la otra, los otros.
Y entonces, comienza una vertiginosa carrera, entre atemporal y temporal como todas estas carreras, hasta llegar a reintegrarse o hasta -versión b- llegar a producir ese salto cuántico que trasciende la dimensión ordinaria de las cosas, para entrar en la dimensión extraordinaria de la maravilla.

Cuando las partículas subatómicas, después de toda su eterna atemporalidad, consiguen construir…

Cuando las partículas subatómicas, después de toda su eterna atemporalidad, consiguen construir un átomo comienzan una vertiginosa carrera de miles de millones de años, hasta que consiguen configurar el platino dentro de la supernova.
Y entonces, maravillosamente estallan y se superdesconfiguran para permitir iniciar la vida orgánica.
Ahí comienza una vertiginosa carrera de miles de millones de tiempos hasta conseguir configurar el ser humano, o sea tú, yo, aquel, aquella, la otra, los otros.
Y entonces, comienza una vertiginosa carrera, entre atemporal y temporal como todas estas carreras, hasta llegar a reintegrarse o hasta (versión b) llegar a producir ese salto cuántico que trasciende la dimensión ordinaria de las cosas, para entrar en la dimensión extraordinaria de la maravilla.

Es posible el salto dimensional

Hasta hace poco – incluso aun todavía sigue vigente en algunos ámbitos- se describía la realidad material como compuesta de átomos, que gráficamente eran como un punto rodeado por algo que se movía a su alrededor, haciendo referencia al núcleo, donde estaban los neutrones y los protones, y a los electrones girando alrededor. Era una imagen estática, donde había algún tipo de movimiento.

Sin embargo, actualmente la visión ha cambiado y se habla de cuerdas. Ya no se trata de algo fijo, un núcleo de materia fija rodeada por algo que da vueltas, sino que todo está en movimiento constante. Y, al mismo tiempo, se comprueba que ese núcleo no es un punto, sino un conjunto de fuerzas donde aparecen partículas subatómicas, manifestando distintos tipos de fuerzas en la relación entre ellos.
Los puntos, rodeados por esa especie de aura que los rodea, se han convertido en algo parecido a gusanos o pequeñas serpientes moviéndose sin cesar. A eso se le llama cuerdas.

Hemos pasado de una configuración estática, que te invitaba a posicionarte y a adquirir un lugar, a la presencia de pequeñas serpientes que se mueven, a cuerdas que vibran, donde ya lo importante no es la posición sino el afinamiento. Ya no se trata de tener una posición, de ocupar un lugar en la sociedad o en algún sitio, sino de que tu vibración esté afinada.

Por otro lado, se elige una figura que reconocemos e nuestra dimensión, como son esas pequeñas serpientes, gusanos o lombrices, porque está mostrando el inicio, a través de esos animales que reptan por la tierra o se mueven por el suelo, sea el suelo lo que sea, que van evolutivamente a dar lugar a otros seres que caminan, que están erguidos, incluso que vuelan y se alejan del suelo.

Es como si de repente el paradigma cambiara y ya no se tratara de cuerdas como serpientes, sino que en realidad también saltaran y entonces entraríamos en una física de pulgas, capaces de dar saltos, o de águilas. Es como si de repente hubiese la posibilidad de encontrar que esa energía no solamente vibra sino que salta, es decir, que existe la posibilidad de un salto dimensional.

La sabiduría y el amor de las partículas subatómicas

LA SABIDURÍA Y EL AMOR DE LAS PARTÍCULAS SUBATOMICAS (Del libro en preparación “Tiempo de Ser”)
Las partículas subatómicas están, pero no necesitamos saber dónde, porque no son una creación nuestra sino que estaban antes, por lo menos antes de este despertar de la conciencia, que termina asumiendo una identidad.
Las partículas subatómicas están y simplemente es necesario saberlo y reconocerlo. No necesitamos que estén inmóviles o quietas, esperando a que las miremos, algo por lo demás prácticamente imposible y por tanto carente de sentido. Pero están.

El paso posterior es reconocer que están haciendo exactamente lo adecuado.
Su programa, actuación y su decisión de hacer, hagan lo que hagan, no es resultante de una orden, creación o deseo nuestro, sino que están. Pero el siguiente paso para la expansión de la conciencia individual, por donde quizá se va a asomar el todo, es reconocer que están haciendo exactamente lo adecuado, conveniente y necesario para sostenerte y apoyarte en tu acción, sea cual sea ésta.

Reconocer la sabiduría de estas partículas es reconocer la sabiduría de la creación y reconocer su ser espiritual sabio.
Reconocer la existencia de algo que no ves es adentrarte en lo que hay más allá de la forma, y eso solo lo puedes hacer reconociendo también su sabiduría, y en el nivel máximo de sabiduría, reconociendo su amor.
Aunque sabiduría y amor parecen dos cosas diferentes, posiblemente el máximo de la sabiduría esté en el amor, no en el antiamor. Es decir, el máximo de sabiduría conlleva también el máximo de amor.

Entonces, estamos entrando en algo donde lo que se mueve no es visible pero sí reconocible a través de un diálogo interno, porque las acciones también son parte de un diálogo. El diálogo puede ser de palabra, pero también de hechos, que es el lenguaje de los símbolos. Es decir, puede ser a través de palabras pero también a través de palabras no formuladas o telepáticas, pero que se traducen en acciones.
Por ejemplo, si haces una reverencia o un gesto de respeto con la cabeza, ese hecho es también una palabra. Si respetas esa fuerza sabia de máxima sabiduría que también traduce el amor, y lo reconoces a través de un gesto exterior, tiene un valor similar al que tuviera una palabra.

Por eso en algún momento de la historia se ha utilizado el hecho simbólico y gestual, y en algún momento ha comenzado la acción expresada a través de la palabra. También antes se expresaba a través de la palabra, pero hay un paso que está traduciendo una expansión de la conciencia, donde no es necesario gestos exteriores sino una actuación interior, que traduce el diálogo interior.

Ese diálogo interior e invisible, solamente conocible por tu conciencia, te sitúa en el interior de la realidad, más allá de la forma, donde se mueven estas fuerzas que has reconocido como sabias y amorosas, con una sabiduría toti potencial, que abre todas las posibilidades y se traduce en hechos milagrosos, donde lo que sustenta es el amor pero también la plasticidad de posibilidades de la realidad.

En la realidad hay un momento donde las leyes saltan, son innecesarias y no funcionan, y entonces se producen hechos milagrosos, absolutamente fuera de los contornos que delimitan las leyes como posible.
Cuando entras en el diálogo interior estás interactuando de forma dialogante con esa fuerza todopoderosa y omnisciente y amorosa que crea la vida.

Relativizar, flexibilizar y deslocalizar

RELATIVIZAR (Del libro en preparación “Tiempo de Ser”)
Se trata de relativizar, es decir, flexibilizar y deslocalizar.
Una vez que la conciencia, el espíritu, el alma o el ser interior reconocen la existencia de partículas subatómicas, ya no se trata de tener ideas fijas de las cosas, sino posibilistas, porque en definitiva sabemos que las partículas subatómicas están, y eso es lo importante, saber de su existencia.
Pero, aunque digamos que están ahí, no sabemos dónde exactamente, al menos de la misma manera en que sabemos dónde está aparcado mi coche en la calle, porque las partículas subatómicas que están, son y forman parte de la realidad real y profunda, no están quietas. Nada está quieto; la vida no es inmovilidad y mucho menos rigidez.

Las partículas subatómicas diseñan la realidad. Sabemos que están pero no necesitamos saber exactamente dónde. Es una realidad que requiere el aprendizaje de la flexibilidad mental y por tanto también de la flexibilidad empática, que no es exigente. Se parece un poco al agua, que no necesita ninguna forma precisa pero se adapta a cualquiera.

Al aproximarse al Tzolkin también conviene hacer un ejercicio de flexibilidad, de deslocalización y des-rigidez. Hay un Tzolkin tipo que tiene un comienzo, pero también es posible que haya tantos Tzolkin como personas, y por tanto con tantos comienzos como personas. El descubrir el Tzolkin personal, que comienza el día que tú naces, es importante.
Hay un determinado momento en que la cosmovisión incluye las partículas subatómicas, la teoría de las cuerdas y la comunicación lumínica del ADN – todo eso también es cosmovisión- , y entonces la rigidez es contraria al Tzolkin.

El Tzolkin requiere un aprendizaje y un desaprendizaje. Es importante saber que las cualidades descritas por el Tzolkin están o son, pero es también importante abrir las posibilidades, ya que de esa manera estás abriendo tu propia cosmovisión personal o visión personal de la realidad.

Se trata de revivir o activar a tu Tezcatlipoca, limpiando tu espejo.

Estamos entrando en algo donde lo que se mueve no es visible pero sí reconocible a través de un diálogo interno

Las partículas subatómicas están, pero no necesitamos saber dónde, porque no son una creación nuestra sino que estaban antes, por lo menos antes de este despertar de la conciencia, que termina asumiendo una identidad.
Las partículas subatómicas están y simplemente es necesario saberlo y reconocerlo. No necesitamos que estén inmóviles o quietas, esperando a que las miremos, algo por lo demás prácticamente imposible y por tanto carente de sentido. Pero están.

El paso posterior es reconocer que están haciendo exactamente lo adecuado.
Su programa, actuación y su decisión de hacer, hagan lo que hagan, no es resultante de una orden, creación o deseo nuestro, sino que están. Pero el siguiente paso para la expansión de la conciencia individual, por donde quizá se va a asomar el todo, es reconocer que están haciendo exactamente lo adecuado, conveniente y necesario para sostenerte y apoyarte en tu acción, sea cual sea ésta.

Reconocer la sabiduría de estas partículas es reconocer la sabiduría de la creación y reconocer su ser espiritual sabio.
Reconocer la existencia de algo que no ves es adentrarte en lo que hay más allá de la forma, y eso solo lo puedes hacer reconociendo también su sabiduría, y en el nivel máximo de sabiduría, reconociendo su amor.
Aunque sabiduría y amor parecen dos cosas diferentes, posiblemente el máximo de la sabiduría esté en el amor, no en el antiamor. Es decir, el máximo de sabiduría conlleva también el máximo de amor.

Entonces, estamos entrando en algo donde lo que se mueve no es visible pero sí reconocible a través de un diálogo interno, porque las acciones también son parte de un diálogo. El diálogo puede ser de palabra, pero también de hechos, que es el lenguaje de los símbolos. Es decir, puede ser a través de palabras pero también a través de palabras no formuladas o telepáticas, pero que se traducen en acciones.
Por ejemplo, si haces una reverencia o un gesto de respeto con la cabeza, ese hecho es también una palabra. Si respetas esa fuerza sabia de máxima sabiduría que también traduce el amor, y lo reconoces a través de un gesto exterior, tiene un valor similar al que tuviera una palabra.

Por eso en algún momento de la historia se ha utilizado el hecho simbólico y gestual, y en algún momento ha comenzado la acción expresada a través de la palabra. También antes se expresaba a través de la palabra, pero hay un paso que está traduciendo una expansión de la conciencia, donde no es necesario gestos exteriores sino una actuación interior, que traduce el diálogo interior.

Ese diálogo interior e invisible, solamente conocible por tu conciencia, te sitúa en el interior de la realidad, más allá de la forma, donde se mueven estas fuerzas que has reconocido como sabias y amorosas, con una sabiduría toti potencial, que abre todas las posibilidades y se traduce en hechos milagrosos, donde lo que sustenta es el amor pero también la plasticidad de posibilidades de la realidad.

En la realidad hay un momento donde las leyes saltan, son innecesarias y no funcionan, y entonces se producen hechos milagrosos, absolutamente fuera de los contornos que delimitan las leyes como posible.
Cuando entras en el diálogo interior estás interactuando de forma dialogante con esa fuerza todopoderosa y omnisciente y amorosa que crea la vida.

Las partículas subatómicas diseñan la realidad pero no necesitamos saber exactamente dónde están

Se trata de relativizar, es decir, flexibilizar y deslocalizar.
Una vez que la conciencia, el espíritu, el alma o el ser interior reconocen la existencia de partículas subatómicas, ya no se trata de tener ideas fijas de las cosas, sino posibilistas, porque en definitiva sabemos que las partículas subatómicas están, y eso es lo importante, saber de su existencia.
Pero, aunque digamos que están ahí, no sabemos dónde exactamente, al menos de la misma manera en que sabemos dónde está aparcado mi coche en la calle, porque las partículas subatómicas que están, son y forman parte de la realidad real y profunda, no están quietas. Nada está quieto; la vida no es inmovilidad y mucho menos rigidez.

Las partículas subatómicas diseñan la realidad. Sabemos que están pero no necesitamos saber exactamente dónde. Es una realidad que requiere el aprendizaje de la flexibilidad mental y por tanto también de la flexibilidad empática, que no es exigente. Se parece un poco al agua, que no necesita ninguna forma precisa pero se adapta a cualquiera.

Al aproximarse al Tzolkin también conviene hacer un ejercicio de flexibilidad, de deslocalización y des-rigidez. Hay un Tzolkin tipo que tiene un comienzo, pero también es posible que haya tantos Tzolkin como personas, y por tanto con tantos comienzos como personas. El descubrir el Tzolkin personal, que comienza el día que tú naces, es importante.
Hay un determinado momento en que la cosmovisión incluye las partículas subatómicas, la teoría de las cuerdas y la comunicación lumínica del ADN – todo eso también es cosmovisión- , y entonces la rigidez es contraria al Tzolkin.

El Tzolkin requiere un aprendizaje y un desaprendizaje. Es importante saber que las cualidades descritas por el Tzolkin están o son, pero es también importante abrir las posibilidades, ya que de esa manera estás abriendo tu propia cosmovisión personal o visión personal de la realidad.

Se trata de revivir o activar a tu Tezcatlipoca, limpiando tu espejo.

Cuando hablamos de partículas subatómicas no es que sepamos lo que pasa; solo ordenamos de manera lógica la interpretación de los datos

Sabemos, porque somos seres humanos y pertenecemos a esta sociedad, qué es lo que hacen los obreros de una fábrica o qué hace un policía de circulación cuando dirige el tráfico. Pero si fuésemos una inteligencia observando el asunto desde otro planeta o escenario de la vida ajeno al de la dimensión humana, podríamos llegar a conclusiones similares a las que actualmente utilizamos para explicar el comportamiento de lo que llamamos partículas elementales.

Si vemos que en una ciudad las “partículas elementales” se mueven por las aceras, entran en las tiendas y salen con materia de esos lugares, podríamos decir que hay un tipo de partícula elemental que hace eso.
Quizá si la siguiéramos hasta su casa podríamos ver que allí hace otra cosa y se transforma en otro tipo de partícula elemental.
Si vemos una partícula elemental tipo guardia de tráfico ordenando el paso de los vehículos, mientras las demás partículas se mueven en distintas direcciones, también podríamos decir que hemos encontrado otro tipo de partícula. Incluso podemos describir su aspecto exterior, que sería su uniforme, y explicar una serie de leyes por las cuales esa partícula hace determinado gestos, inmóvil en un cruce de calles, pero no entra en las tiendas ni sale con cosas.

También podríamos encontrar y describir un campo cuántico de partículas con un determinado comportamiento, que hoy sabríamos que se está refiriendo a los soldados de un ejército, siendo sus “leyes” las que determinan la formación, las maniobras, etc.

Cuando hablamos de partículas subatómicas no es que sepamos lo que pasa; solo ordenamos de manera lógica la interpretación de los datos que consideramos que encontramos, acoplándonos incluso a lo que otros han dicho anteriormente.

Cada partícula está asociada a un campo o escenario donde suceden determinadas leyes. El fotón es la partícula del campo electromagnético y el bosón de Higgs es la partícula del campo de Higgs.
La similitud es que la sociedad humana o quizá la tierra, y aquí nos estamos refiriendo a mamá tierra, sea el campo unificado de la “partícula” ser humano.

Tú eres la realidad, pero no estas sol@, sino en la malla, solo que despertando

¡Las partículas subatómicas están volando!
No están quietas. Están volando, ¡pero en nada!, o sea en la nada, en ningún sitio, y sin embargo parece o creemos que están ahí, en un sitio, en un lugar. Pero no hay lugar.
El “lugar” o el “sitio” eres tú. Tú eres la realidad, y las partículas subatómicas se asoman volando a ti, porque no estas sol@, sino en la malla, solo que despertando.

Las partículas subatómicas se están moviendo constantemente, a velocidad supersónica, en ninguna parte o sea en el vacío. Tú puedes decir “la partícula está ahí¬ ” y entonces se queda como quieta o algo así y entonces ya sabes dónde está y puedes estudiarla.
“Estudiarla” es decir lo que pasa y conocer leyes que quieren decir que eso es lo que pasa.

Se puede elegir que las particulitas están o estén donde la ley es amor, paz, felicidad, salud y cosas así.
Sí, creo que ese es el secreto. Gracias y perdón.