El poder creador del ser humano

EL PODER CREADOR DEL SER HUMANO (Extracto del libro en preparación “Tiempo de Ser o la impecabilidad sin esfuerzo”)

Si el todopoderoso quisiera matar a un ser humano no lo crearía.
Si el todopoderoso quisiera destruir a alguien, previamente no le habría permitido nacer. No habría deseado su nacimiento y existencia, y entonces no hubiese aparecido esa persona.

Por eso encontramos que el hombre no es más fuerte porque pueda matar a alguien, sino al contrario, es más fuerte porque puede hacerle vivir. Si el hombre puede resucitar a otro hombre, es más fuerte ese poder que el de matarle o destruirle.
Siendo esto válido para ambos géneros, masculino y femenino, es importante decirlo y reconocerlo para los humanos masculinos, donde muchas veces está ese error de que es más fuerte quien más daño puede hacer. La mayor conexión con la vida propia del despertar de la conciencia ha alejado aquel tiempo en que eso pudiera ser útil. La telepatía omnisciente y la realidad espiritual hacen inútiles esos planteamientos.

Es conveniente repetir esto: el hombre no es más fuerte porque pueda matar, sino porque puede producir vida, es decir, porque puede amar, ya que la vida es el amor. La destrucción solo responde al miedo y no nos interesa.

En un momento en que la vida se abre, como en el actual; en un momento en que la maravilla se abre, como en la época actual; donde las potencialidades creadoras y creativas del ser humano se abren, como en el tiempo actual; donde la conexión con la parte espiritual expande la realidad del ser humano y sitúa en lo posible cosas hace poco imposibles… En ese momento el poder creativo o creador del ensueño es cada vez más activo y más reconocido.
El poder sanador de reconocimiento de la falta al amor es cada vez más activo, y la reconexión con la realidad más profunda de la vida es cada vez más activa y más real.

El poder creativo y creador del ser humano

EL PODER CREATIVO Y CREADOR DEL SER HUMANO (Extracto del libro en preparación “Tiempo de Ser”)
Si el todopoderoso quisiera matar a un ser humano no lo crearía.
Si el todopoderoso quisiera destruir a alguien, previamente no le habría permitido nacer. No habría deseado su nacimiento y existencia, y entonces no hubiese aparecido esa persona.

Por eso encontramos que el hombre no es más fuerte porque puede matar a alguien, sino al contrario, es más fuerte porque puede hacerle vivir. Si el hombre puede resucitar a otro hombre, es más fuerte ese poder que el de matarle o destruirle.
Siendo esto válido para ambos géneros, masculino y femenino, es importante decirlo y reconocerlo para los humanos masculinos, donde muchas veces está ese error de que es más fuerte quien más daño puede hacer.
La mayor conexión con la vida propia del despertar de la conciencia ha alejado aquel tiempo en que eso pudiera ser útil. La telepatía omnisciente y la realidad espiritual hacen inútiles esos planteamientos.

Es conveniente repetir esto: el hombre no es más fuerte porque pueda matar, sino porque puede producir vida, es decir, porque puede amar, ya que la vida es el amor.
La destrucción solo responde al miedo y no nos interesa.

En un momento en que la vida se abre, como en el actual; en un momento en que la maravilla se abre, como en la época actual; donde las potencialidades creadoras y creativas del ser humano se abren, como en el tiempo actual; donde la conexión con la parte espiritual expande la realidad del ser humano y sitúa en lo posible cosas hace poco imposibles… En ese momento el poder creativo o creador del ensueño es cada vez más activo y más reconocido.
El poder sanador de reconocimiento de la falta al amor es cada vez más activo, y la reconexión con la realidad más profunda de la vida es cada vez más activa y más real.
Cada vez que reconoces dónde y cuándo has actuado en contra del amor, te sanas; te sanas tú y también sanas al arquetipo, porque entras a formar parte de esa masa crítica de personas que se reconectan con el amor como propósito.

Gracias García, gracias Márquez. Sí, creo que has hecho la vida más bonita para todos, para todos sin excepción

La vida no es lo que has vivido sino lo que recuerdas, o sea lo que te dices.
Tienes un poder creador y según lo que te digas que has vivido, que estás viviendo, participas de la creación común de la vida.
Sí, gracias García, sí, gracias Márquez.
Sí, creo que has hecho la vida más bonita para todos, para todos sin excepción.
Sí, creo que quizá me hubiera gustado decir “Gabo” y que tú oyeras ese sonido, porque creo que me hubieras devuelto esa vibración transformándome, como un resonador mágico que abre puertas dimensionales a la profundidad de la vida.

Sí, creo que me hubiera gustado que esa posibilidad se materializara. Pero creo que es posible ahora, que tu escuchas ahora y ahora lo haces, incluso que transformas todas estas palabras y todo este idioma en que están pronunciadas en resonadores maravillosos que unen a todas las personas que quieran utilizar ese idioma resonante, que era la lengua que hablaba Macondo, que no tenía dueño y fue creada allí en Macondo, porque allí es donde se dijo el primer nombre de muchas cosas, y que sigue esperando a que alguien las nombre para que ese alguien se llene de realidad y despierte a la maravilla.
Gracias por señalar el día de la cena como puerta a Macondo y a tantos sitios reales, más allá de la apariencia.

Confieso que sólo he leído un libro tuyo allá por el año 1968, porque en realidad soy muy mal lector, pero también confieso que cuando abrí ese libro y empecé a leerlo no pude parar hasta que lo acabé. Incluso es posible que sea el último libro que haya leído completo porque en realidad no suelo leer nunca los libros completos, solo a trozos, pero ese sé que lo empecé y acabé ininterrumpidamente, y eso que donde estaba no podía hacer eso, porque tener la luz encendida por la noche en aquel lugar era tremendamente peligroso y prácticamente imposible.
Gracias Gabo.