En su viaje nocturno Ra entraba en el inframundo

Los antiguos egipcios tenían una mitología o sistema de creencias que transmitían mediante las palabras. La mitología es ciencia y sabiduría espiritual. Fue creada en aquella época, pero estaba dirigida a nosotros, a las personas que están despertando. Da igual de qué época, porque la persona que está despertando reconoce el lenguaje que le llama por su nombre a despertar. Esa es parte de la iluminación, recuperar tu alma, tu nombre secreto, sagrado y mágico, o sea, quién eres.

Los antiguos egipcios explicaban cómo el sol hacía un viaje diurno por el cielo y un viaje nocturno para volver a aparecer en la salida del sol. El viaje diurno era un momento de plenitud, mientras que en el viaje nocturno Ra entraba en el inframundo y tenía que ir sorteando una serie de obstáculos y enemigos que trataban de impedirle volver a despertar.
Ese viaje nocturno transcurría, de forma escenificada, en la barca de Ra, que surcaba por el agua y tenía que luchar con una gran serpiente que era su enemigo y quería impedir que volviese a resucitar y reaparecer.

En la barca llevaba como a aliados a Heka, Thot y en ocasiones a Seth.
Seth era la energía y la fuerza.
Heka era considerado como el Dios de la magia, pero también el Ka de Ra, del sol. La magia era la fuerza vital del sol. La fuerza vital de la luz quiere decir que todo es posible siempre. Ra, la luz que está en ti, el Ra que está en ti, tiene una fuerza vital que es mágica. Todo es posible cuando estás en esa alineación con tu fuerza vital, con tu luz interior. Todo es posible en esa plenitud.
El otro aliado era Thot, el dios de las palabras. Thot y Heka iban juntos, ya que parte de la magia está en las palabras. Las palabras forman parte de esa energía vital mágica que no está sometida a leyes que la hacen posible o imposible. Las palabras eran uno de los atributos del dios creador Ra, ya que solo con nombrar las cosas, aparecían.

Eso es un espejo del ser humano. Cuando el ser humano está en un determinado despertar, ese Ka o energía está en su interior. Por eso es tan importante el manejo de la palabra, porque convierte la vida en mágica, y entonces la fuerza que existe en el interior tiene una dirección, se armoniza.

Ra va en la barca en ese triángulo, donde por un lado hay una fuerza física, por otro, una energía vital y mágica, y por otro lado está el poder de la palabra.
Todo eso es parte de la barca de Ra en el inframundo.
Pero el inframundo, el estar por debajo de la vida posible, es la situación normal de las personas. Las personas estamos normalmente por debajo de la realidad posible. Por ello necesitamos cohesionar esos tres elementos, estableciendo ese triángulo, para que tenga un vértice superior, que es Ra, lo divino y luminoso, y aparezca como un tetraedro.
Lo que está en contacto con esa realidad del inframundo representada por la gran serpiente es la base del tetraedro. Es tu energía física representada por Seth, tu energía vital, espiritual, mágica representada por Heka, y tu conciencia, palabras y creencias, o sea la forma en que te explicas, en que dices lo que sucede, representado por Thot.

El ser humano es la consecuencia de la luz

El ser humano, es el ojo de Ra. Existe la luz, que es para ver y el ser humano se sitúa en esa consecuencia de la luz que es el ver. Por eso el ser humano, o sea, tú, yo, cualquier persona, forma pareja con la realidad Dios, que es la luz.
No es solamente la luz, pero es la luz. La realidad Dios es la luz porque hace aparecer todas las cosas, pero no es solamente la luz.

El ser humano se sitúa en la consecuencia de la luz, que es el ver, que en el código Tzolkin es el águila. Se trata de ver la maravilla, de ver a Dios, y ahí tenemos un ejemplo maestro en la tradición primigenia, que nos introduce en la historia. Hay un momento en que comienza la historia, y ese momento en las convenciones humanas se sitúa con la aparición de la escritura fonética. La escritura ya recoge hechos, ya recoge historia. En la tradición primigenia que nos introduce en la historia, ser humano se dice IS; la luz y el ver se dice RA; la realidad Dios se dice EL.
La humanidad que ve la maravilla, la humanidad que ve a Dios. Es el comienzo de la historia. Y lo cuenta. Su palabra está traduciendo lo que ve.

Eso en el código maya es el mago, que como onda está asociado al águila. El ver la maravilla del águila está asociado al mago.
El mago como sello es la forma transcendente de la palabra (onda viento). Existe la palabra y por ejemplo se puede decir “hola, quiero comprar unos zapatos”, “mire, se le ha caído eso”. Todo eso son palabras, viento, que es la forma de relacionarse. Pero la forma de relacionarse transcendente, la forma en que el viento aparece como transcendente, es como mago 13.
Por eso sabemos que el mago está expresando en forma transcendente en el nivel humano al viento. También sabemos que la onda del mago va asociada a la onda del águila.
Así, todo lo que ve el águila está relacionado con el mago, que es la expresión transcendente, el 13, del viento.

Cuando tu expresión no es transcendente, no estás en el mago. Puedes estar en la expresión, pero no en el mago.

Las mitologías y tradiciones pueden confundirse con religión, pero en realidad son conceptos

Son conceptos. No es religión. Las distintas mitologías y tradiciones pueden confundirse con religión, en cuanto que a veces se asocian con rituales. Pero en realidad son conceptos.

Cuando hablamos de Ra, hablamos de la luz, pero unido a la luz hay un concepto que es el ver, porque si no, no podría ser luz. La luz sirve para ver. Al aparecer la luz, aparece el ver, que es lo que corresponde al ojo de Horus, que también es posible considerarlo como Hathor.
Aquí se utiliza una característica femenina, porque ver no es un agente, el que hace, la acción o la creación, sino que es conciencia. El ver es pasivo, no es activo. Sin embargo, es activo en el nivel de la conciencia, porque cuanto más ves, más conciencia desarrollas.

Por eso es conveniente en este nivel del diálogo asentar claramente la amplitud de los términos, determinando si te estas moviendo en un ámbito de ceremonias, desde el respeto, el amor o desde la consideración que quieras, o estás en un ámbito de diálogo, desde el despertar y la conciencia. Se trata de la resurrección o el descubrimiento.
Todos estos son términos, pero están refiriéndose a un suceso asociado a más conciencia. No es el nombre el que lo realiza, sino qué es lo que hay detrás.
En este momento es importante situarse en la conciencia, reivindicando la energía de la conciencia que es energía femenina, porque no es energía agente en el primer nivel, de creación de cosas, sino en el nivel de lo no visible, de realidades espirituales.

Por eso cuando hablamos de IS, que significa ser humano, RA, que significa luz o ver, y EL que significa divinidad, no estamos hablando de política ni de religión, sino de conciencia, de que el ser humano puede ver a Dios y de que hay una conciencia donde el ser humano está expandido y está lleno de la frecuencia de la vibración de la dimensión Dios, o al menos de dimensiones superiores.

La pareja Ra-Hathor: luz y ver

Ra es la luz, y la luz forma pareja con el ver, que es Hathor.
La luz forma pareja con el ver. La consecuencia de que hay luz es ver. De esa forma, el ser humano no es luz sino que es el ver. El ser humano existe para ver. Y esa es la pareja Ra-Hathor.
El ser humano tiene que ponerse en Hathor, que tiene un significado como amor, o sea, ver la maravilla, que en el código maya sería el águila.
El ser humano tiene que ponerse en Hathor, porque esa es su función. No es la de sustituir la luz sino la de ser el ojo de Ra, que todo lo ve amorosamente y dice “todo está bien”.
La luz forma pareja con “todo está bien”. De eso también habla el Génesis.

Ra parece que es el único y que es el más importante, pero surge junto con Hathor, que es el ojo de Ra. Surgen a la vez. Pero la operación, la acción de ver, y sobre todo de saber que estás viendo, aparece después.
Aunque estás viendo, no sabes qué es lo que estás viendo, porque no tienes aun conceptos. Por eso parece que Ra es lo primero, pero solo en la apariencia, porque Ra, que es la luz, viene con la posibilidad de ver, y ahí es donde sucede el despertar. Pero está desde el principio, porque una luz que no sea para ver, no es luz.

El dos, el otro y la dualidad en la mitología egipcia

El dos, el otro y la dualidad en la mitología egipcia:
El asunto tiene que ver con el dos, que de alguna forma expresa al otro, es decir, cómo te relacionas con el otro. En el código Tzolkin el segundo color, el dos, es el blanco. Pero el blanco, el dos, es imposible sin el uno, de la misma forma que ninguna persona es posible sin las demás. Todos somos el dos para los demás y el uno en tu interior.
Consecuentemente hay algo que sucede asociado al dos, que puede pasar desapercibido porque fácilmente te sitúas solo en el uno.

Tenemos que reconocer que estamos hablando de una cultura primigenia, inicial, que ha sido sepultada por las siguientes culturas. Sin embargo, en el Tzolkin también aparece, aunque no de una forma muy evidente, ya que ciertos rasgos de nacionalismo contribuyen a que no sea evidente.
Como cultura inicial incluye a todos los seres humanos, pero las culturas nacionales son excluyentes, reforzando el vínculo nacional que en algunos casos puede ser también étnico, ya que quieren como una preponderancia o reconocimiento, aunque ellos no sean los iniciadores de esa cultura.
Esta cultura primigenia e inicial aparece asociada al Egipto de las pirámides, que es el lugar donde se encontraba el pueblo de Israel antes de salir de allí.

Los calendarios egipcio y maya son similares en cuanto a que hablan de 360 días de un tipo y 5 días de otro tipo.
Para los egipcios hay 360 días que el creador ha formado con la luz del sol y 5 días que han salido de la luz de la luna, algo que es bastante extraordinario.
En el ámbito maya estamos hablando de 360 días y 5 días diferentes, fuera del tiempo. Son 360 días del tiempo y 5 días fuera del tiempo, algo que también es bastante extraordinario y similar a lo de los egipcios. Unos hablan de la luz del sol y otros del tiempo.

Los 360 días del calendario maya aparecen agrupados en 18 vinales, cada uno con 20 días (18X20=360) y luego hay 5 días diferentes, que forman el llamado uayeb, con 4 más 1 días. Dentro de ese uayeb también hay dos clases, uno con 4 días y otro que corresponde al día propiamente fuera del tiempo.
Aquí los colores son indicativos de que ocurre algo diferente a los demás días. Todos los vinales tienen 5 días de cada color, apareciendo 4 colores: rojo, blanco, azul y amarillo. Mientras, el uayeb, que es como un vinal, tiene 4 días correspondiendo cada uno a un color (rojo, blanco, azul y amarillo), pero el quinto día aparece con el nuevo color, verde.

Hay dos tipos diferentes de días, los normales dentro del tiempo y los fuera del tiempo, pero a su vez los días fuera del tiempo también son de dos tipos diferentes.
De modo que siempre habla de una dualidad: días del tiempo y días de fuera del tiempo, y dentro de los días fuera del tiempo también hay una dualidad, que son los días normales (rojo, blanco, azul y amarillo) y el día del nuevo color (verde), insinuando a su vez que también estaba presente en la quinta porción de cada uno de los vinales.

Si eso lo llevamos a la relación con las personas, vemos que hay dos formas de relación, la habitual y la extraordinaria, pero que también la forma extraordinaria está presente en la ordinaria, aunque no te des cuenta.
Son los temas del dos. Por eso merece la pena una atención especial.
Es el único que representa esa energía del quinto elemento, la quinta fuerza, la quinta dimensión.

Esa cultura inicial aparece en los dos calendarios y los une, y hay un tipo de personas, distribuidas por todo el mundo, que son testigos de aquello.

Una de las características del concepto de los dioses de la divinidad de los egipcios es que aparecen de dos en dos. El primero que recibe la denominación de Dios es Ra, que sale de un huevo que proviene del agua primordial (Nun). Pero Ra, que parece ser el primer dios, en realidad no lo es, porque al mismo tiempo que él ha aparecido una diosa, Hathor, solamente que es inicialmente invisible.
Por eso parece que Ra, y entonces la divinidad asociada a lo masculino, es lo más importante, pero no es cierto, sino que solamente es lo más visible y lo que puedes ver inicialmente.

De esa manera nos encontramos con algo similar a lo que podemos vivir hoy, donde vemos algo, que es la realidad, pero más allá de lo aparente hay otra, que es la realidad profunda. Volvemos a encontrarnos con el dos. Hay un uno manifiesto y hay otro oculto e invisible.
Esto corresponde al concepto de la divinidad, que en definitiva es el concepto de la realidad. Dios/a es la vida y todo lo que dices de Dios/a, de la divinidad, es lo que dices de la vida. No son dos cosas diferentes, sino que es la misma cosa.

Toda la realidad nos habla de una dualidad. Esto nos lleva a interesarnos y adentrarnos en la información que proviene de esa cultura primigenia, inicial, que decía que la realidad, lo primero que veías era algo, pero que había algo más, más allá de la apariencia. A la realidad inicial le daba valor masculino, y al otro, femenino.
Esto es similar al rojo, la materia, que tendría un valor masculino, mientras que lo blanco, el agua y la emoción tendría un valor femenino.
Pero lo blanco también es de la misma naturaleza que el agua del cual procede Ra, o sea de la emoción. De esta manera aquello que es anterior a Ra también está presente en lo blanco, en la emoción.

Con una mente expandida podemos encontrar a RA-HATHOR, apareciendo el vector “masculino” junto con el “femenino”, mostrando así la totalidad

Ra y Hathor
En la estructura rectangular del Tzolkin aparecen 20 líneas horizontales que traducen simultáneamente, según el nivel evolutivo y el enfoque en ese momento de la persona, tanto los 20 sellos como las 20 ondas, siempre en el mismo orden.
Los 20 sellos aparecen de una determinada manera (1. DRAGÓN, 2. Viento, 3. Noche, 4. Semilla, 5. Serpiente, 6. ENLAZADOR, 7. Mano, 8. Estrella, 9. Luna, 10. Perro, 11. MONO, 12. Humano, 13. C.cielo, 14. Mago, 15. Águila, 16. GUERRERO, 17. Tierra, 18. Espejo, 19. Tormenta y 20. Sol), y las 20 ondas también aparecen siempre en el mismo orden (1. DRAGÓN, 2. Mago, 3. Mano, 4. Sol, 5. C.Cielo, 6. ENLAZADOR, 7. Tormenta, 8. Humano, 9. Serpiente, 10. Espejo, 11. MONO, 12. Semilla, 13. Tierra, 14. Perro, 15. Noche, 16. GUERRERO, 17. Luna, 18. Viento, 19. Águila y 20. Estrella)
De esta manera queda palpablemente evidente que los únicos sellos que coinciden numerológicamente con su onda son los de la familia cardinal (dragón, enlazador, mono y guerrero), determinando así que la estructura básica inicial proviene de lo que significa esta familia, que es la luz tomando forma para cumplir una misión, y que es precisamente a través de la forma y de la apariencia visual como al menos en un primer momento van a aparecer los contenidos significativos que necesitan ser expresados en orden al cumplimiento de la misión de la luz.

Claro, que la luz también podemos identificarla con los conceptos contenidos en RA.
Sin embargo, al hablar de Ra podemos hablar simplemente de Ra y estaríamos en un escenario conceptual, o tener presente que no solo se trata de Ra, ya que esa es la formulación “masculina” del asunto, traduciendo quizá un determinado esquema de poder.
Con una mente expandida lo que podríamos encontrar es RA-HATHOR, y entonces aparecería el vector “masculino” junto con el “femenino”, mostrando así la totalidad, es decir, MÁS LUZ y MÁS VISIÓN, y el reconocimiento de la realidad de la luz más allá de su forma, siendo la forma, que es el aspecto “masculino”, el velo.
Estamos en el momento del desvelamiento, porque sin apartar el velo no hay auténtica iluminación, sino solo refracción y apariencia.
La iluminación, en la apariencia solo muestra el exterior, pero en realidad es la luz en el interior, en la esencia, cuando la luz no está fuera de ti sino tú eres la luz.
Ese es el cometido del Tzolkin.
El paso del estar al ser es un salto dimensional.

Conviene resaltar que Tzolkin tiene cuatro pilares o “sustentores” de la forma, que contienen parte del mensaje de cómo acceder al interior.
Dos de ellos son el DRAGÓN 1 y el SOL 13, donde podemos encontrar una equivalencia con HATHOR, energía femenina y dragón como propósito, y RA, energía luminosa transcendente y sol 13.
Por ese motivo el propósito en el dragón es importante, y escuchar o desvelar el propósito es una de las cuatro direcciones o 4 ángulos sustentores.
Cuando te sitúas en el propósito inicias el viaje hacia la luz, el reconocimiento del propósito de la solidaridad, de la paz y de la energía femenina pacífica, amorosa y constructora de la vida, y por tanto la exclusión del recurso a la guerra y a la dominación.
Esto te lleva, cuando también te sitúas en la transcendencia de la luz a dar el salto evolutivo.

Estos dos elementos, en su pertenencia a la esfera de la luz, RA-Hathor, tienen un alto contenido energético, experiencial y experimentable, porque cuando recibes luz, recibes energía. Su conexión en el interior del ser humano es con la vitalidad y la energía sin fin de las células madre. Podemos decir que uno de sus propósitos es activar plenamente el programa expresado por las células madre, algo que solo es posible cuando hay una determinada expansión de la luz transcendente.
Pero la luz transcendente requiere una determinada forma de ver; una forma de ver que también sea transcendente o actúe desde la transcendencia.

Los otros dos rumbos, direcciones, esquinas o ángulos sustentores del Tzolkin son el DRAGÓN 7 y el SOL 7, es decir, cuando RA y Hathor son canalizados al interior y están dentro.
Por eso, estas dos esquinas llevan el tono 7 de resonancia, siendo en la columna 7 la resonancia donde sucede el nuevo nacimiento, un proceso al que como etiqueta le ponemos “canalización”.
Pero la canalización es un adentramiento vibracional, una presencia vibracional interior.

Esto toma dos caminos, uno el expresado por la onda del MAGO, donde está el sol 7, siendo ese propósito uno de los rumbos propiamente, y el otro el expresado por la onda del ÁGUILA, donde está el dragón 7, es decir, el ver.
Por un lado es la aceptación de la propuesta del Tzolkin y el levantamiento de barreras que supone el aprendizaje del mago, que empáticamente se adhiere a la propuesta, de modo que permite una canalización de la realidad luz.
Y por otro lado está la onda del águila, donde se produce la canalización de la realidad Hathor, a través de una forma de ver y de mirar, que proviene justamente de la característica que tiene el águila de ver la forma transcendente en la noche.
De la misma manera que el mago es la forma transcendente del viento, del espíritu y de la comunicación, el águila es la forma transcendente de soñar la abundancia para todos, de ver maravillas y de ver la sociedad de la estrella.

2015: nos acercamos gozosamente hacia un tiempo de luz y de iluminación; es un tiempo RA y un tiempo de visión

Nos acercamos al inicio del año que dentro de la terminología de lo común se denomina 2015. En código maya podemos encontrar la resonancia del 20, que es el SOL y también la sociedad de la ESTRELLA (onda 20), y el 15, que es el ÁGUILA y también la NOCHE (onda 15).

Pero antes de las ondas lo que aparecen son los sellos, de modo que 20-15 habla del sol y del águila.
Claro, los dos pertenecen a la familia del sol, es decir a la familia de la luz, de modo que nos acercamos gozosamente hacia un tiempo de luz y de iluminación; es un tiempo RA y un tiempo de visión. Es importante saberlo. Gracias luz.
20-14, la iluminación del mago y 20-15, el ver iluminado.

La traducción al mundo de las ondas pasa de la familia de la luz, sol-águila, a la familia del día verde, estrella-noche. Hace un juego donde expone cómo la iluminación es la de la noche, es decir nos habla de algo que hace la luna (luz en la noche), que inicia el castillo verde, y de las estrellas que completan el castillo verde, porque para ser estrella hay que atreverse a ser luna, es decir luz en la noche cercana.
Si iluminas tu ver y lavas tu visión te encuentras en la sociedad de la estrella y en el castillo verde. Tu luz adentra a todas las personas, aun estando en la noche, en la sociedad celeste.
Por eso es importante fijar y desvelar los contenidos, ya que estamos entrando en algo muy azul, o sea muy presente, y muy lleno de vivencias iluminadoras, donde no puedes cerrar los ojos como si tuvieras miedo.
El juicio es cerrar los ojos, porque es una consideración no amorosa del otro, sino desde la víctima.

Hoy las noticias no pueden ser más sobrecogedoras, porque la ostentación de la brutalidad hoy sucede, como queriendo que saques el juzgador. Pero la única realidad es la que te circunda, y si tú allí eres luz y amor, esa es la realidad y además eso es lo importante.
Hay un sacramento posible en lo que haces, como nos enseñan los maestros huicholes. También es posible conservar lo sagrado sin contaminar, es decir, la paz, el amor y lo que une, aun en lo imposible, como nos enseñan los maestros uros y el pueblo de SA-RA.
Sí, es posible la luz en la oscuridad.

Este año maya en que estamos es luna 9 y está perfectamente enlazado con el año común. Quizá alguna vez hayas pensado que no, pero el año luna 9 tiene como día sin tiempo la estrella 8, que es la Seshat, la chacana, el Tzolkin, el pacua, la cruz de Jerusalén, la plaza de San Pedro y muchas otras. Todos son estrellas 8.

Este día enlaza, a través de la vibración del 4, del “cómo” -que también en la figura del 4 del dragón 4 anuncia la resonancia- con la estrella 12.
La estrella 8 inicia desde el día verde el año en el código Tzolkin, y la estrella 12 inicia el año común 20-15. Es decir, dentro del periodo que abre la estrella 8, toma un nuevo relieve y aparece un nuevo escenario como continuación ya plenamente en lo común, como estrella 12.
De modo que la luna 9, que se dirigía hacia la transcendencia, ahora en este enlazamiento intercultural encuentra transcendencia, porque lo que aparece es la luna 13 de la onda de la tierra, que es la forma transcendente del voluntario.

La iluminación del ver supone la emergencia del voluntario en un nivel transcendente, cuya sociedad de la estrella es para todos sin excepción.
Por eso, veamos lo que veamos no podemos activar el juicio, sino el ensueño, que, como expresión azul de la familia, es la realización plena, presente y vivencial de la estrella.

Los dioses son conceptos o ideas que te quieren decir algo

Si Ra es un ojo es porque la luz es ver.
Ra es el dios de la luz, pero los “dioses” son conceptos, es decir IDEAS, ese tipo de ideas charlatanas que siempre te quieren decir algo.
Cuando todavía no se habían inventado los conceptos a los que ahora se llama conceptos elevados, se le llamaba “dioses”. Por eso, todos esos dioses son palabras de lenguajes antiguos, que no se han traducido.

Los conceptos también son fuerzas creadoras, porque modifican tu comportamiento y así entran en lo real. Crean lo real, la realidad, y a ti también te crean en cuanto que eres lo que haces. Por eso, como fuerzas creadoras de lo que hay, o sea de lo que aparece, también se les puede llamar dioses, dioses creadores o fuerzas creadoras.
Es un código antiguo.

Ra es un ojo, o sea la luz. Es ver, pero también es un concepto o una palabra. La iluminación es parte de un dialogo, porque la realidad es como un discurso o charla. ¿Con quién? Bueno, no lo sé. Pero el ensueño parece una oración.

El mago quizás solo necesita palabras, llenas de amor. Quizás la realidad sea eso. El espejo es la realidad, o sea lo que ves.

El pato es importante porque es un conversor, y no es tiempo de convertirse al terror, o sea a la ley del miedo, sino al amor, o sea a la ley del amor.

El pato es importante porque es un conversor, y no es tiempo de convertirse al terror, o sea a la ley del miedo, sino al amor, o sea a la ley del amor.
Es tiempo de insumisión, si la ley es la del miedo.
Ni siquiera el karma supera a la ley del amor. Por eso el amor es una iluminación.
No puedes ser insumiso a la ley del amor, porque solo se puede ser insumiso a aquello que te obliga y la ley del amor no es obligatoria, solo es enamorante.
Amar es ser, y aquello que te enamora amplía tu realidad de ser. Aquello que quiere obligarte, siempre te encoge.

Si Dios te da ojos a ti y a todos, ¿por qué eres siempre culpable solamente porque te vean? Por eso es momento de insumisión al miedo y de conversión al amor, a la luz y también al ver y al ser visto, porque el espejo y el ver dan forma a la malla de luz, que te une a todos tus pares y también a la realidad Dios. Eso es lo sagrado.

Hablar del pato también es hablar de lo sagrado.
En aquella tradición primigenia de Egipto, que no es precisamente famosa por sus batallas ni por sus ejércitos, sino por la agricultura y por sus conocimientos, la imagen que se presenta de la energía de la realidad Dios, es como algo que sale de un huevo. Por eso precisamente, un pato, que tampoco es especialmente guerrero pero sí gregario, o sea que forma sociedad, puede ser presentado como un símil de la energía de la realidad Dios en el metalenguaje.
Es importante chanar el metalenguaje, o sea mirar como escuchando, fusionando todos los conceptos, porque estamos en un tiempo propio para la fusión, es decir la expansión de la conciencia como camino adecuado para salir de la confusión y del miedo, que no permiten ver, oír y hablar, sino solo repetir, para que parezca que estás en lo correcto.

El pato, como RA, sale del huevo. Cuando vemos el pato y el disco solar en el ideograma que esa gente diplomada nos asegura que es SA-RA como pronunciación y que significa hijo de Dios, podemos asegurar que solamente quien esté situado en lo atemporal dispone que ese patito con su sol viaje atemporalmente en el tiempo para que tú lo veas y yo también, y puedas saber que lo importante es ser hijo de Dios, SA-RA, o sea la iluminación.
Solamente SA-RA transmite la iluminación, es decir, solo SA-RA hace hijos de Dios, lo cual en un determinado momento del tiempo es importante y está previsto desde lo atemporal para que quede constancia de esa información, para quien pueda buscarlo, chanando metalenguaje, o sea, fusionando los lenguajes desde el arquetipo humano para hablar con el arquetipo Dios, porque el arquetipo contiene todos sin excepción, todos los lenguajes sin excepción y todas las razas sin excepción.

El pato, como los seres humanos, puede volar, solo que quizá está acostumbrado en sus granjitas y jaulitas a no hacerlo.
Solo que el pato, como podemos ver en su pata, es sabio, porque siendo un ave, que por naturaleza sabe volar desde su programa, lo que ha desarrollado es su habilidad para estar en la tierra. Un pato no es un águila, claro que tampoco es una gallina, porque su pie ha desarrollado la capacidad de estar en el agua.
Por ese motivo el pato es un metalenguaje desde lo divino enviado al hombre.
Tú sabes volar, aunque quizá lo tienes olvidado. Estás sobre la tierra, que en los términos del Tzolkin es lo que se expresa por el rojo, pero sobre todo, si miras tus pies, verás que eres un voluntario para vivir en el agua, que en el Tzolkin es lo blanco, el territorio de la emoción y fundamentalmente del amor.

La pata palmípeda del pato, adecuada para nadar, es útil como parábola para hablar del amor incondicional del perro blanco, del espejo blanco, del enlazador blanco, que es una expresión de la solidaridad y de la energía femenina del dragón, y también del mago amoroso blanco y como no, del viento huracán blanco.

Sa-Ra. Gracias Sara. Bendición.
No estamos hablando de partos, porque no estamos hablando de esclavitud, sino de iluminación, de lo óptimo. No hablamos del depredador, sino de lo óptimo.
Gracias Sara.