Todo es real, solo que también es reformulable

Todo es real, solo que también es reformulable. Todas las experiencias y todas las explicaciones que das desde tus experiencias, son reales y expresan la realidad, solo que esa realidad es una formulación válida para un momento, pero la realidad también es reformulable.
Sin negar la realidad de la experiencia que hayas tenido en un determinado momento, la puedes formular de otra manera. La experiencia que percibías en un determinado momento admite una ampliación de esa visión de la realidad, y entonces las cosas pueden parecer todo lo contrario de lo que parecían con anterioridad.
Por eso decimos que todo es real y que todas las experiencias traducen la realidad, solo que también son reformulables.

La reformulación de la realidad es un resultado de tu evolución. Tú vives una experiencia y es la forma en que puedes asumir la realidad en ese determinado momento, pero es posible que la plenitud de la realidad no la puedas percibir en ese momento, porque estás inmerso en un proceso.
Parece que la realidad va cambiando, pero el que va cambiando eres tú a través de los procesos. Vas viendo siempre la misma realidad, solo que aparece de distintas formas.

Parece que lo que sucede es real

Parece que lo que sucede es real y que las personas estamos pegadas a la realidad, o sea a lo que transcurre.
Parece que dependiéramos de ello, pero hay algo dentro, en cada persona, que es independiente de cualquier cosa que suceda.

Cuando te sitúas en ese ser profundo, independiente del trasiego, no dependes del tiempo, del peso, de la gravedad ni de ninguna de las otras leyes de esta dimensión.
Entonces, sabes quién eres y porque no necesitas ser “quien deberías ser”, sino solamente ser quien eres.

Es como si solo ocupáramos la parte más repetida de la realidad, y de esa forma muchas posibilidades quedasen sin ser reales, porque no se realizan

Hay muchas posibilidades que permanecen inéditas. Es como si solo ocupáramos la parte más repetida de la realidad, y de esa forma muchas posibilidades quedasen sin ser reales, porque no se realizan.
Ante cualquier paisaje las personas gustamos de trazar caminos, lo que significa que a todo el mundo se le ocurre pasar por aquel lugar exactamente, mientras que la mayor parte del territorio todo lo más es accesible, si está cerca de ese camino, a través de la vista, pero nunca nadie lo pisa.

Algo así pasa con la realidad, donde solo utilizamos la parte más conocida. O sea solamente vivimos la parte más conocida de la realidad.
Claro, de vez en cuando aparece una persona más creativa o más distraída y traza un nuevo camino, llegando a encontrar alguna maravilla que estaba pasando desapercibida, y al contarlo a otras personas, empiezan a recorrer ese mismo camino.

La realidad contiene la maravilla para cualquier expectativa, claro que esa expectativa tiene que estar dentro del rango de lo real, aunque sea de lo real resonando en el interior de la persona.
Es importante encontrar el camino al interior para encontrar el acceso a lo real maravilloso, expandido.
Quizá entonces encuentras que el camino al interior de la realidad pasa por encontrar primero tu corazón.

Cuando nutres lo real en una persona, le devuelves su alma

Nutrir lo real es un privilegio porque permite la plenitud y lo óptimo.
Pero nutrir lo real también es un lugar, no geográfico como pueda ser el emplazamiento de una ciudad, una montaña o un río, sino un lugar dimensional donde se produce la materialización y desmaterialización, es decir la transformación real; el surgimiento de lo real y el desurgimiento de lo no real, donde lo no real desaparece y lo real aparece con consistencia, con solidez.

Por eso hay una actitud donde encuentras vivencialmente que cuando nutres la realidad eres feliz; cuando nutres lo real en una persona, le devuelves su alma, y cuando descubres lo real en un lugar, encuentras su alma.
Todo eso pertenece a nutrir la realidad; es un privilegio. Pero al mismo tiempo existe un lugar donde esto es posible. Es un lugar deslocalizado, no como los del mundo de la apariencia, sino un lugar real donde estás o no estás, y sabemos que es real porque ahí se produce la transmutación, es decir la materia aparece y algo desaparece.

Ese lugar tiene que ver con el conejo de la luna, que llega a la luna en el código Tzolkin más allá de la frontera que separa las dos realidades de lo sufriente y lo óptimo, en el castillo verde, y llega allí a través de su actitud.
Pero esa actitud sincrónicamente también la encontramos en las palabras de un maestro que señala el lugar del nuevo nacimiento. Es el maestro que dice “mujer, he ahí a tu hijo” y señala a Juan, lo cual es un arquetipo de nuevo nacimiento; ese mismo maestro dice “tomad y comed, este es mi cuerpo, tomad y comed todos de él”. Pero al mismo tiempo establece un puente dimensional entre la realidad del viejo y del nuevo mundo.
A las personas del viejo mundo les señala una actitud y les invita a un enlazamiento cultural, pero también a las personas del nuevo mundo les señala una actitud, una realidad y un enlazamiento.

No sobra nadie. La totalidad significa todos.

No queremos ir deprisa, solo mirar (26/9/2013)

Sí, preferimos que el tiempo nos siga, y, si es preciso, que se espere.
Preferimos que el tiempo se pare o avance según nuestra necesidad; no queremos que el tiempo nos empuje y agite porque ni siquiera a él le gusta eso.
Gracias abuelo TIEMPO y perdón. Perdón, porque en realidad el tiempo es muchas veces la víctima, solo que le llamamos culpable, porque la verdad es que SIEMPRE HAY TIEMPO.
Lo REAL trae consigo el TIEMPO REAL y eso es el acceso a una realidad superior. Gracias abuelo TIEMPO por tu paciencia, y perdón.

De eso habla y mucho la segunda onda, la segunda columna, el segundo color, o sea el blanco, el segundo castillo, el segundo tono resonante, todos los segundos y todos los blancos.
Sí, claro, todos los segundos es TIEMPO. Sí, claro, dar en el blanco es éxito, o sea acertar.