Al ser humano le hace daño todo lo que le saca de la inocencia

Al ser humano le hace daño todo lo que le saca de la inocencia, le hace daño la sospecha. Sospechar de las segundas intenciones de otras personas le saca de la inocencia, le hace daño. Al ser humano cuando le sacas de la inocencia, le sacas del reino, de la casa y le sitúas en un territorio donde tiene que defenderse, porque no es su territorio, no es nadie.

La sospecha tiene su nutrición en el miedo, que es lo que saca al ser humano de la inocencia, donde desde luego no hay miedo y sí hay amor y paz, porque claro si no hay amor y hay guerra, inmediatamente te puedes situar en la sospecha, puedes pensar que detrás de cualquier cosa hay cualquier enemigo.
Entonces, encontramos efectivamente que la sospecha te saca de la inocencia, pero también el miedo y los celos, el pensar que el otro tiene más, recibe más o es más. Eso también te saca de la inocencia, porque la inocencia no va midiendo.

El asunto es cuál es la cascada hormonal que aparece con la sospecha, con el miedo, con la envidia, con la agresividad…. Todo eso está despertando el cortisol y la adrenalina. La inhibición del parasimpático y la activación del simpático despiertan una cascada hormonal que te quema, que te destruye.
Por eso decimos que todos esos sentimientos son negativos. Todo lo que te saca de tu casa, de tu centro, de tu equilibrio, hormonalmente te predispone a las enfermedades. Todo lo que te aleja de la plenitud de la vida te entrega a la no vida.

Entonces, es cuando es el momento de honrar al conocimiento y a la conciencia; de honrar y abrir la puerta a la libertad y elegir. Podemos elegir qué puerta abrir. La elección en sí ya es un paso a la plenitud, porque elegir es activar la libertad, y la libertad, como el amor, pertenecen a las dimensiones de la vida. Siempre eres libre. Aun cuando parezca que las situaciones son adversas, siempre eres libre.