lo más importante no es “dónde estamos”, como una referencia espacial, sino “para qué estamos”, “qué hacemos aquí” o “esto qué es”

Los árboles son más antiguos en la tierra que los hombres.
Los seres humanos no han producido una tecnología capaz de crear los árboles, sino que los árboles estaban esperando a los seres humanos en este lugar que llamamos tierra, en este idioma y en su equivalente similar en otros idiomas.

Decimos que la tierra es redonda, y sin duda lo es, sobre todo cuando se convierte en una bolita en una pantalla de ordenador.
También la interposición de la tierra entre la luna y el sol, o de la luna entre el sol y la tierra, hacen aparecer figuras o sombras redondas que tapan total o parcialmente el sol o la luna.
De ahí se puede deducir que la tierra es redonda. Pero lo cierto es que los seres humanos preferimos que sea plana, y por eso hacemos casas con suelos planos y también calles lo más planas posibles.
Sin embargo, quizá no estamos en un lugar ni plano ni redondo, y la forma que adopte la tierra sea algo puramente circunstancial, no esencial.

El asunto es que ESTAMOS, y lo más importante no es “dónde estamos”, como una referencia espacial, sino “para qué estamos”, “qué hacemos aquí” o “esto qué es”. Es decir, se trata de ser el más fuerte del gallinero, de ser el depredador del gallinero o ¿de qué se trata?

Estamos totalmente mediatizados por la escritura fonética.
La escritura fonética potencia una forma de sentirse, de referenciarse, o sea de responder a la pregunta de quién soy.
La escritura fonética es maravillosa. Personalmente la amo. No puedo decir que sea mi amiga, que ya me gustaría, pero sí puedo decir que la admiro, soy fan.
La escritura fonética crea o potencia una forma de referenciarte, sentirte, de responder a la pregunta de quién soy, e inhibe otras formas de sentirte y de encontrar quién eres. Inhibe, pero yo la admiro, por las grandes cualidades que tiene en otros ámbitos. Pero en este concretamente bloquea el diálogo del símbolo.

El mito de Osiris aparece en forma de palabras, pero es una comunicación a través de símbolos. Por ese motivo conviene conocer lo que dicen las palabras, que es bastante importante, pero luego conviene conocer, reconocer, considerar y vibrar los símbolos. Y en esta faceta lo mejor es hacerlo “a lo tonto”, es decir, ahora que no me ve nadie, voy a fantasear.
Sí, eso es lo mejor, desde la inocencia. Entonces seguro que los símbolos te hablarán, porque la inocencia es una maravillosa puerta dimensional a esa dimensión donde el corazón pesa como una pluma.

Queremos hablar de Osiris, que es el que aparentemente va a determinar si puedes pasar a niveles superiores de la vida. Aunque, en realidad, no es el que lo determina, ya que aunque se denomina en el mundo de las palabras como “juicio de Osiris”, lo que sucede es que solamente te encuentras con Osiris cuando tu corazón pesa menos que una pluma. O sea que no hay juicio, sino acceso.

La presencia de Osiris es un determinante, como esos espectadores que rodean a los ciclistas cuando van subiendo una montaña y les dicen “venga, venga, ale, ale”. Está claro que no les juzgan, solo les jalean.
Por eso, es importante mirar, así a lo tonto, para ver por dónde anda Osiris.

El asunto es que Osiris aparece como un árbol, en una de las versiones existentes en idioma “letra”. Aparece como un Tamarisco.
Muerto por su hermano al introducirse en un ataúd, resulta que este ataúd va a viajar por el mar, él solito, hasta la ciudad de Biblos, apareciendo así dentro del conjunto de viajes por el mar de difuntos, como Santiago.
¡Esos extraños viajes de difuntos por el mar¡ Por el mar, que tiene la peculiaridad de que es agua, pero mucha, y agua primigenia, no como el agua que bebe el ser humano, que solo es agua dulce, sino el que en su oxidación del polvo metálico de las estrellas ha creado la tierra.

Por eso el viaje de Osiris, como el de Santiago, solo puede ser expresado en el mundo de los símbolos, porque las palabras son como el agua dulce.
Esos viajes también señalan un camino iniciático, porque es el camino al interior, a la raíz, en el tiempo.

El camino de Santiago es conocido y ahora es el tiempo del camino de Osiris. Su árbol es el Tamarisco, que se nutre del agua y también de la sal; es el pino de la sal.
SAL es una palabra que indica movimiento: sal, sal de tu miedo, de tu seguridad, de tu esclavitud y de tu aislamiento.
Pero es muchas más cosas, como aquello que da fuerza a la energía ancestral.

En tiempo de guerra es el momento oportuno de hablar de la paz

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En tiempos de guerra hay que hablar de la paz.
Y para hablar de la paz, hay que hablar del árbol, que incluso al leñador que viene a cortarle, le proporciona el mango del hacha.

Sí, ciertamente en tiempo de guerra es el momento oportuno de hablar de la paz.
Es decir, en tiempos de oscuridad es cuando las almas están preparadas para encontrar la luz, para reconocer la luz y para enamorarse de la luz, o sea para pasar del miedo, del terror, de la sumisión del depredador y de la tontería, a la luz, o sea a la libertad, al amor y al gozo.
Pero como una elección. El que quiera terror, con o sin “ismo”, sometimiento o depredación, que lo elija, porque el “sí quiero” es un acto libre desde la conciencia, sin peros.

Por eso, porque hay que elegir entre la oscuridad y la luz, aparece en este momento y en este año, el equinoccio -ese momento especial en que la oscuridad pasa a la luz o la luz pasa a la oscuridad, es decir, ese momento crítico en que se pesan la luz y la oscuridad- señalado por un eclipse de sol como una señal visual para los que miran.

El equinoccio también está asociado a Isis, ya que la luna de Isis es la primera luna después del equinoccio. Cuando hablamos de Isis no lo hacemos como figura mitológica sino como contenido, como mensaje y como palabras para el alma, o sea para la conciencia, porque la guerra o la paz es una elección y no un accidente. No vale “paz” con la boca pequeña.
Por eso en este año aparece el eclipse en el equinoccio.

Guerra-paz, porque estamos en la consideración de si lo que es santo es la paz o la guerra. Luz-oscuridad, con el eclipse de sol en el equinoccio y eclipse de luna en la luna de Isis.

Cuando la luna se asocia con Isis, es decir, en la luna de Isis, también aparece un eclipse. Conviene reconocer los símbolos. Isis es un árbol, o sea es paz, gozo, luz y vida, y Osiris también es un árbol, el tamarisco, o sea paz, luz y vida.
Claro, Osiris, el sometido a la guerra, es paz. Por eso interesamos a las personas que quieran la paz, a asociarse con los árboles.

Mírenlo. Contaremos la historia del tamarisco.