La inmersión en la emoción es un paso más hacia el cielo. Es lo que te permite pasar más allá del velo

noche transcendente small
Lo gracioso es que los oxirrinco también son habitantes o seres del agua.
Lo gracioso del caso es que con ellos es como queda completo el cuerpo de Osiris. Ellos son importantes.
Lo gracioso del caso -repetimos por tercera vez esa frase como expresando que quizá hay una gracia, o sea una realidad espiritual oculta más allá de la forma en este asunto- es que justamente el oxirrinco tiene la porción 14 de Osiris.
Osiris, como totalidad que representa al ser humano y que no está completo si falta esa porción, necesita conectar para encontrar su ser completo a algo que se encuentra en el agua, o sea en la emoción.

En el código Tzolkin el 14 está expresado por el mago, de color blanco, como una actitud. Pero es el segundo paso, ya que la segunda onda, del mago, es como una continuación a la propuesta inicial.
Evolutivamente el 14 es traducido como onda por los contenidos del amor incondicional (onda 14, perro), sin condiciones. De tal manera que la respuesta a esa violencia que recibe Osiris no es una exigencia de venganza o de restitución, sino al contrario, es una respuesta desde el amor incondicional.

Esa es la magia poderosa que se encuentra en el amor, que restituye la vida y que los seres humanos precisan de encontrar vivencialmente. No responde a esquemas, a obligaciones ni a formas de una perfección formal, sino que es una vivencia. Es algo que sientes y entonces sabes que todo es posible.

En la imagen de Shu, aparece separando, que al mismo tiempo es uniendo, el cielo y la tierra.
Hay tres imágenes visibles, el cielo, la tierra, el viento, y una cuarta no visible que es Tefnut, el cielo húmedo, o sea el cielo agua.

Por eso el mago precisa de un encuentro, de un despertar a otra realidad. El agua es un paso más. La inmersión en la emoción es un paso más hacia el cielo. Es lo que te permite adentrarte en lo que está más allá de lo visible con los sentidos, o sea más allá del velo.

Cuando la mujer encuentra lo sagrado en ella, se transforma. Cuando el hombre encuentra lo sagrado en la mujer, se transforma. Y este es el tiempo para ello

Tetragramaton, pentagramaton y dioses egipcios
Shu es el viento. También podríamos empezar diciendo que Shu es el dos, porque es el viento. En un tema donde no parece importante, porque no es protagonista, ya que lo son Geb y Nut, la tierra y el cielo, aparece Shu, y cuanto más lo miras, más protagonismo, o sea más importancia adquiere.

Tefnut aparentemente pasa desapercibida en esa historia donde Shu está separando el cielo de la tierra. Tefnut es la lluvia y también la parte femenina de Shu, situándose en lo no visible, o sea en la realidad muy real pero no visible.
Es el aspecto femenino no visible de Shu, pero también la lluvia. Cuando no llueve no ves la lluvia, pero la evaporación es constante e invisible hasta que se concentra en forma de nubes. En ese momento todavía no ha aparecido la lluvia, pero ya hay algo visible, que proviene de la evaporación invisible, pero real.
Tefnut es la parte femenina no visible de Shu, también es la lluvia y también es el cielo húmedo. “Cielo húmedo” o lo “húmedo del cielo” nos llevaría, en una disgregación acerca de la sexualidad sagrada, a reafirmarnos en que la mujer es el cielo. Así de simple, porque hablar de lo “húmedo del cielo” o lo “húmedo de la mujer” es similar.

Su posición en lo real invisible marcaría un itinerario a la ampliación de la conciencia de la realidad para el ser humano. Hay una realidad invisible en la mujer, que es cielo.
Este conocimiento supone una expansión de la conciencia, para el hombre, como masculino, y para la mujer, como parte femenina de la humanidad. Cuando la mujer encuentra lo sagrado en ella, se transforma. Cuando el hombre encuentra lo sagrado en la mujer, se transforma. Y este es el tiempo para ello.
Tefnut, como cielo húmedo; Tefnut, como realidad no visible del viento; Tefnut como lluvia.

Código Tzolkin tiene, para todos los buscadores de la sociedad de la estrella y para los caminantes del cielo, una señal donde el Viento, que también podemos llamar Shu, está asociado con su parte oculta, que no está visible, bajo el nombre de Tormenta; o sea lluvia de verdad, no chubasquito. Viento y Tormenta (lluvia), Shu y Tefnut.
Destapar la realidad sagrada es potente. A veces cambia todo de sitio, y entonces el crecimiento, el florecimiento y la progresión es espectacular.
Claro, Shu como dos, y Tefnut sujetando el suelo.

Geb como hombre está ahí, tirado en el suelo. No sabemos si está dormido, borracho, si es un accidentado o simplemente no sabe quién es, o si su representación horizontal es la que traduce que es la tierra, como realidad horizontal donde el hombre se va a poner de pie, como Shu.
Código Tzolkin dice que Viento, o sea Shu, y Tierra expresan una misma naturaleza y pertenecen a la misma familia (viento, mano, humano, tierra). En esta ilustración aparece el Viento-Shu y la Tierra-Geb, que es un humano, o sea que también aparece el Humano. También aparece la mano, porque el humano y Shu tienen mano. La mano, que por un lado es el viento pero que también es el humano, está tocando el cielo.

A la tierra como voluntario se le pide su alineación con el corazón del cielo, que de alguna manera está expresado por huracán, viento-tormenta, como voluntario.
Como voluntaria, la persona se transforma en aquello de lo que es voluntario, ya que ejecuta el plan para el cual es voluntario. De modo que la tierra y Shu, como corazón del cielo, serían lo mismo cuando la persona despierta su conciencia a ser eso. Es un asunto de conciencia, de priorizar unos valores; es un asunto de actitud.
De alguna manera cuando ese hombre, Geb, tumbado, se reconoce como Shu, es cuando se acerca al cielo.

También, se encuentran otras figuras, que aparecen como ayudantes. Se trata de Heh.
Heh nos lleva al ocho, porque realmente los Heh son 8 figuras, que conforman 4 parejas que están sujetando los 4 rumbos o 4 pilares que sujetan la creación.
Por un lado son 8, y entonces nos van a llevar a la Estrella y a Shesat (diosa egipcia representada con una estrella de 8 puntas). Es el hombre en la sociedad de la estrella.

Geb, transformado en Shu, en contacto amoroso con Nut, el cielo, aparece en un escenario que es la sociedad de la estrella gracias a Heh.
En la figura hay dos Heh, pero es que Heh es por un lado el 4 y por otro el 8. Es 4 porque son 4 parejas y por eso mismo es 8. Como 8 hace referencia a la sociedad de la estrella, pero como 4 hace referencia a la forma y a lo sólido.
Heh, como sociedad de la estrella, expresa que el hombre no está solo, y como forma expresa que toda forma es espiritual; está cumpliendo una misión para ti.

Entonces, en esa imagen está huracán, como Shu (viento) y Tefnut (lluvia); está el hombre elevándose al cielo, descubriendo lo sagrado; y está el cielo.
Curiosamente “Iod-He-Vau-He” tiene, como en la imagen, dos Heh o He.
Iod, donde vemos una llama de luz arriba en el cielo, Vau, donde vemos una llama de luz en la tierra, o sea el cielo iluminado y la tierra iluminada, y He, como aquello que soporta la realidad.
Cuando entre el “Iod He” y el “Vau He” intercalamos a Shu -simplemente porque lo vemos desde la conciencia-, aparece “Iod He Shin Vau He”, o sea JESUE. Este nombre está pronunciado de muy diferentes maneras, por ejemplo Joshué, Joshua o Jesús. Quizá sea todo pura casualidad y quizá ni siquiera suceda, o quizá sí.

También hay quien habla de tetragramatón y de pentagramatón. Personalmente, desde mi ignorancia no se ni pronunciarlo, pero el asunto es pasar del cuatro al cinco¡¡
Ese es el espacio para ti. Tú eres el cinco. El amor construye el cinco. Por eso es SAGRADO.

En puro código Tzolkin hay 4 colores. Repetimos, hay 4 colores. Pero evidentemente hay 5.

En puro código Tzolkin hay 4 colores. Repetimos, hay 4 colores. Pero evidentemente hay 5.
Hay 4 colores, igual que hay 4 formas en que se presenta la materia. 4, o sea, 5, evidentemente.

En puro código Tzolkin hay 4 colores en la presentación de los 20 sellos, que pueden ser asociados a cada una de las formas en que se presenta la materia. Los colores en el Tzolkin aparecen como rojo, blanco, azul y amarillo. El azul pudiera ser hallazgo o interpretación de aquel que abrió la puerta del Tzolkin allá por finales del siglo XX, don José Arguelles, ya que otras visiones más tradicionales hablan del negro en lugar del azul.

Los 4 colores pueden ser asociados con las 4 formas en que se presenta la materia: el rojo con la materia sólida; el blanco con la materia en forma de agua; el azul o negro con el fuego; y el amarillo con la materia gaseosa o aire.
Hay un quinto elemento que algunos denominan cuarto elemento, que es el estado en que se presenta la materia en el cuerpo de las estrellas, y es el PLASMA.
Para algunos, la materia aparece en forma sólida, líquida, gaseosa y finalmente en forma de plasma en el interior de las estrellas. Y entonces no consideran lo que otros llaman fuego, oxidación-reducción, como una forma en que se presenta la materia.
El azul, y tal vez en su versión negro, también es el presente, la conciencia, la experiencia vivida. Algunos no consideran que sea un estado de la materia y por eso hablan únicamente de 4 estados, incluyendo el plasma.

Es importante saber que el cuerpo de las estrellas es diferente. Tiene leyes diferentes y sus componentes (electrones, protones, partículas subatómicas,…) se comportan de forma diferente.
Traducen un acuerdo diferente, un campo unificado diferente y una realidad dimensional diferente. Sumergidos en lo habitual, a veces abrumados por el peso de lo habitual y de lo imposible, conviene saber que existe lo diferente. Lo diferente es real; es una manifestación de que otra realidad existe.
Gracias, Tzolkin. Gracias, cargadores de la realidad Tzolkin, tal vez incomprendidos, tal vez menospreciados. Gracias y perdón.
Otra realidad existe, y quizá ya estamos dispuestos a establecer el diálogo.

Tzolkin y también los dibujitos de los abuelos egipcios cuentan cosas a quien quiera verlas.
Está lo visible y también lo más allá de lo visible, que precisa la apertura consciente de una visión. Gracias, visible y no visible. Gracias tiempo por todo.

Este señor de los 100 ojos, Arguelles, acertó, porque el asunto estaba en el negro. Lo señaló llamándolo azul. Quizá podríamos hablar de Tefnut azul, lugar de lo visible e invisible. Aunque ahora no toca hablar mucho de Tefnut, sino del 5, quizá plasma u otra realidad.

Tzolkin conduce al 5 a través de las ondas. Tú estás dando vueltas a los días y es maravilloso. Podemos ponernos serios o disfrutar, pero el camino o itinerario que te lleva al 5, al quinto color, al plasma-color y a transmutar tu cuerpo en el cuerpo de estrella, es a través de las ondas y de los castillos. Quizá por eso el idioma más hablado para el recorrido de los castillos sea castellano -o quizá sea una tontería decir eso-.

Si miran el dibujito, verán que Shu está separando el cielo y la tierra, sujetando con sus brazos en cruz al cielo, Nut. Shu tiene dos figuras que le ayudan desde el codo a mantener al cielo arriba. Esas figuras corresponden a HEH. Vemos dos Heh ayudando a Shu.
Heh, que también es un dios, una fuerza o un concepto de comunicación, está sentado en su presentación habitual sobre el signo del oro. El significado de este genio, dios o concepto es la vida infinita, la vida sin principio ni final; el infinito.
Así, el ayudante con capacidad de bilocarse, porque no es que sean dos sino que es el mismo, es el representante del infinito y del oro.
Heh es venerado como algo que podría ser traducido como el dios-ocho dioses, que es similar a los cargadores del tiempo. Los 8 dioses son 4 parejas que están sujetando el cielo, la realidad. Son 4 pilares que sustentan lo existente y en ellos reconocemos a los 4 cargadores.

El oro solo se produce en la supernova, en el cuerpo de las estrellas. Es una indicación del camino evolutivo de las partículas subatómicas, las cuales en el proceso de oxidación-reducción que es el fuego intercambian electrones.
Eso produce por agregación la aparición de los distintos metales. Pero ningún calor fuego puede producir oro ni platino, excepto el existente en las supernovas. De modo que el oro es como una indicación de supernova, que a su vez es una indicación del infinito, porque el tiempo es la realidad de lo finito. Hay una invitación a vivenciar este salto cuántico.
El 8 que aparece en la atribución de Heh, de 8 dioses que son 4 parejas, también es una sincronía con el símbolo del infinito que es un 8 recostado.

En la quinta presentación del color rojo aparecen la tierra como sello 17 y la luna como onda 17 y tono 13 de la onda de la tierra. La luna es la transcendencia de la tierra. Abajo pasa a arriba, al cielo; la tierra pasa al cielo.
La quinta presentación del color blanco es el sello 18 espejo y la onda 18 viento o Shu. Es decir, tenemos la tierra, que se ha convertido en cielo como luna, y tenemos a Shu, viento.
El quinto color azul es la tormenta, que es lo que asociamos con Tefnut, como la compañera no visible de Shu, y el águila, la visión de lo que parecía no visible.
Finalmente la quinta presentación del color amarillo es la estrella como onda y el sol como sello, es decir aquello que es propiamente el plasma.

La sexualidad es una parte de la realidad, justamente aquella donde Dios se presenta como hombre-mujer

Buscar a Tefnut también expresa la sexualidad sagrada, porque la sexualidad es una parte de la realidad, justamente aquella donde Dios se presenta como hombre-mujer. Y restablecer la unión hombre-mujer presente en la realidad Dios es un acto sagrado.
Tefnut es aquello real, no visible desde este nivel de la realidad, que te invita a ir más allá de la apariencia. Es la misma diferencia que hay entre decirle a una chica “guapa” o a un chico “guapo”, y decirle “te amo”. El guapo/a es exterior, pero hay una realidad profunda que siempre es amorosa.

Se considera que el dios Shu, el viento, separa el cielo de la tierra. Pero si es así es una tragedia.

Se considera que el dios Shu, el viento, separa el cielo de la tierra. Puede ser.
Esa imagen, traducida a un concepto iluminativo o vital, puede invitar a considerar cómo todos los momentos son una oportunidad para la maravilla o simplemente un latazo que pone a prueba la paciencia de la realidad Dios, esperando el despertar de la conciencia.

El cielo Nut contiene una expresión de la energía femenina y de la mujer, y la tierra Geb de la energía masculina y de cualquier hombre. Por cierto, mirando mirando parece más dormilón Geb que Nut, que está muy afanosa –gracias Nut-.
Pero si Shu está separando al hombre y a la mujer, lo que sucede es una tragedia. Por eso invitamos a encontrar el sí del no, o sea la maravilla, más allá de lo que muchas veces aparece como sufrimiento.

Shu es el aire y gracias a los contenidos presentes en el Tzolkin, que en este tiempo del siglo XXI actúan como multi-traductor, los valores de una cultura se traducen a otra, para que aparezca el arquetipo humano y lo óptimo.
Gracias Tzolkin y gracias a todos los colaboradores, a los abuelos y abuelas, sabios en su humildad y sabios en su paciencia; a aquel mono de 100 ojos que supo ver en el junco y en la caña a un caminante del cielo; gracias a los maestros huicholes, guardianes de la pureza de la tierra; y gracias a tantas almas íntegras enlazadoras que hoy tejen la malla de la paz desde la integridad de su corazón, creando ese espacio Shu entre el cielo y la tierra.

Invitamos a encontrar cómo el viento, o Shu para los constructores de las pirámides, con su hermana gemela Tefnut traducen sincrónicamente a viento-tormenta, que podemos considerar como huracán creador y corazón del cielo.

Shu egipcio aparece como un hombre cuyo tocado o sombrero es una pluma de avestruz, que es la medida del corazón del ser humano para acceder a la inmortalidad. Por eso invitamos a encontrar cómo el viento, Shu – Tefnut, que es el viento-tormenta Huracán y también la comunicación, UNE al hombre y a la mujer.
Invitamos a encontrar cómo viento-Shu une, desde su pluma de avestruz, es decir dando paso al salto dimensional y entrada en lo óptimo, al hombre y a la mujer.

Shu es el viento cálido, como puede ser cálido el viento expresado a través de palabras de luz, y Tefnut es el viento húmedo, es decir, el viento agua, es decir, esa comunicación amorosa, como es agua la tormenta.
El viento como comunicación amorosa solo puede unir, pero cuando aparece la parte oculta del viento Shu, o sea Tefnut, ya entramos en lo sagrado amoroso, en esa unión amorosa sagrada o sexualidad sagrada, porque ya no estamos hablando de la piel o de lo que se ve, sino del interior y del agua, de lo blanco.
Lo blanco hace aparecer como un crecimiento al mago, que es la primera onda blanca que aparece. El lugar donde el 13 se transforma en 14 utilizando el código Tzolkin y el de los constructores de las pirámides, es donde por un lado quedan 13 en la zona visible de Shu, y uno en la zona no visible de Tefnut, que es justamente el 14, como inicio de la onda del mago.

Tefnut era venerada en Oxirrinco y en Leontopolis, porque una de las formas en que aparecían Tefnut y Shu era como dos leones. Podemos ver en el arcano 11 del Tarot aun león, estando justamente su cabeza sobre la zona sexual. Ahí aparece unido Oxirrinco y León, que son las dos ciudades donde es venerada Tefnut, como la parte húmeda del viento y la comunicación.

Tefnut es la imagen visible de Oxirrinco. Oxirrinco, que bien podemos denominar también Tefnut, es donde el caminante del cielo se transforma en mago, es decir donde 14 queda dividido en 13 por un lado y 1 por otro.
Pero tantos treces y catorces de lo que están hablando es de que el pene de Osiris deja de ser visto cuando es introducido en Tefnut, o sea en Oxirrinco.
Por un lado hay una fuerza que separa cielo y tierra, mujer y hombre, pero es en la piel, en lo visible, y por otro lado hay algo que une y está expresado por Tefnut, ya no en la superficie sino en el interior, y eso es mucosa y agua. Eso lo hace Oxirrinco, que es el habitante de las aguas.

El viento blanco es comunicación, pero lo blanco aparece como enlazador, como amor incondicional (perro), como la ley del amor (espejo) y como mago.
Como onda el mago es el primero blanco, después de que el junco y la caña viajen al cielo siendo tierra.
Estamos hablando de sexualidad sagrada. Por eso, si la comunicación separa lo sagrado, es una tragedia. Hoy es necesario encontrar lo que une desde lo sagrado.

Hay algo en la TORMENTA AZUL que expresa ese acontecer en el tiempo donde te reconstruyes, te reinventas, renaces de tus cenizas y resucitas a través de la sexualidad sagrada

Hay algo en la TORMENTA AZUL que expresa ese acontecer en el tiempo donde te reconstruyes, te reinventas, renaces de tus cenizas y resucitas a través de la sexualidad sagrada, entendiendo que no es una gimnasia sino una actitud; no es un entrenamiento del cuerpo sino una fusión con lo amoroso, es decir un despertar de la conciencia donde lo masculino reconoce a lo femenino. Ese reconocimiento es una iluminación

Traducimos: lo masculino es la conciencia del cuerpo, o sea la dimensión de la materia, tercera dimensión o dimensión plana del triángulo, aunque hay que aclarar que la conciencia del cuerpo es algo donde pueden estar atrapados tanto hombres como mujeres. De hecho lo están. La dimensión plana es abajo, la tierra.
Lo femenino es la conciencia de la emoción, conciencia del agua. El agua más allá de la luz, anterior a la forma y primordial.

Hay algo que todo el mundo debe saber y es que el cuerpo físico siente muchísimo más dolor que placer.
Pero el agua no conoce el dolor, sino el gozo. El gozo es agua, una dimensión superior de la vida, más real.
Por eso la sexualidad es sagrada, porque te eleva y permite acceder a dimensiones superiores de la vida, pero no desde el cuerpo como triangulo plano, que está lleno de miedo como estrategia elemental de la vida, sino desde el encuentro de la conciencia con la paz, paso previo al amor.
La mujer vive naturalmente la paz y el agua cuando no está aterrorizada. Hoy es imprescindible eliminar el terror desde el poder.

El cuerpo de la mujer es agua, algo que es perceptible simplemente al tacto. Ningún invidente se confunde, ya que sabe al tacto qué cuerpo es de mujer y cuál de hombre. También lo sabe cualquier masajista y casi cualquier terapeuta corporal.

El color azul en el código Tzolkin suele traducirse por fuego, conciencia o presente. Desde esta página queremos enfatizar el contenido de experiencia. El azul es conciencia si llega a ser tu experiencia; el azul es presente si es la experiencia vivida.
Por eso es trasformación, que es otro de los valores atribuidos al azul. Lo que experimentas te transforma. También es oportunidad; oportunidad de ser.
Es importante reconocer en TORMENTA AZUL al corazón del cielo. La sexualidad es sagrada porque es experiencia del corazón del cielo y vivencia.

Gracias Huracán, viento-tormenta, gracias Shu gracias Tefnut.