Hay muchos propósitos, pero la mayoría son propósitos sin trascendencia

Hay muchos propósitos, pero la mayoría son propósitos sin trascendencia. Son como propósitos heredados, sin mucha conciencia, porque se desconoce qué es la conciencia.

La mayoría de los padres tienen el propósito de que sus hijos salgan adelante, primero frente a las enfermedades infantiles, y luego que aprendan y estudien cosas para “ganarse la vida”, que significa ganar suficiente dinero como para “evitarse problemas”.

También tienen el propósito de que sus hijos sean obedientes con las leyes y respetuosos con las personas, para a su vez ser respetados en sus comunidades.

Pero todo eso son propósitos sin conciencia, porque no se ha descubierto que la conciencia es una conexión con energías superiores y por tanto trascendentes. Es decir, de alguna manera la creencia es que lo más importante es el dinero y la posición social.

Eso te sitúa únicamente en la realidad donde lo más importante es el dinero y la posición social.

No estamos diciendo que lo importante sea la salud, porque en esa valoración no es la salud lo más importante. Muchas fórmulas suponen que ganas dinero aunque pierdes salud. Y muchas “diversiones” también son a costa de tu salud.

En esa visión tampoco lo más importante es el amor, ya que muchas veces el amor no existe; se niega su existencia, y entonces todo se compra y se vende, incluso los sentimientos.

Sin embargo, en la vida de muchas personas, y en estos tiempos cada vez más, hay un momento en que haces un descubrimiento. Descubres que hay otra realidad; descubres que suceden hechos milagrosos, sucesos imposibles. Y cuando descubres que hay otra realidad, empiezas a adentrarte en la trascendencia.

Nuestros abuelos mayas situaban la trascendencia asociada a la experimentación. La persona que decide, como un acto soberano desde su integridad, explorar la realidad, ha llegado a la experiencia de la trascendencia. Explorar la realidad y ampliar la realidad está asociado a la trascendencia.

El símbolo que asociaban nuestros abuelos mayas a esa exploración, a esa apertura a la trascendencia, era el junco, el cañaveral, la caña. La caña que vive en el borde de los lagos o de corrientes de agua, se asienta y se adentra en la madre tierra, pero se rodea de agua y entonces crece hasta el cielo. Así, el ser humano, bien asentado en la realidad y no en la irrealidad, pero en contacto con sus emociones, con su agua cósmica, con su capacidad de sentir amor y emitir amor, crece hacia el cielo y entra en la trascendencia.

La otra figura que nuestros abuelos mayas tenían para explicar la trascendencia era la propia madre tierra. Cuando decimos “nuestros abuelos mayas” nos estamos refiriendo a que son nuestros, porque pertenecen a la humanidad, y son abuelos porque son personas de conocimiento y por tanto representan a todos los seres humanos en su conexión con la trascendencia a través del conocimiento, y desde ahí continúan emitiendo su vibración amorosa y trascendente para todos los seres humanos.

Entonces, decimos que nuestros abuelos mayas también tenían otra imagen para explicar la trascendencia, y era la de la propia madre tierra, que fluye armónicamente con los demás seres celestes: estrellas, lunas, planetas, sol…, ocupando con su conciencia todo su espacio vital, pero alineados con el centro del universo en su asociación armónica con el sol.

Hay trascendencia cuando la persona fluye con los acontecimientos como un voluntario. Hay trascendencia cuando la persona no se pelea con lo que sucede, sino que, ante un suceso que parece adverso, mantiene la conciencia y la conexión con el centro del universo. Sabe que todo lo que sucede tiene sentido y que incluso, adentrándose en cosas que parecen hostiles, está cumpliendo una misión, la misión de llevar la trascendencia y la conexión con las energías del amor y de la vida, en todas las circunstancias.

Y esto lo asociaban con el número 13, el sello 13 y la onda 13.

Se asocia la trascendencia a ese junco, ese cañaveral que en algunas lenguas mayas pronuncian como “AJ” y en otras como “BEN”, que es el sello 13. Ese sello 13 aparece como onda 5, con lo cual el 5 también aparece como trascendente, que es donde está la serpiente, que algunos llaman “KAN” y otros “CHICCHAN”. Siendo el sello 5, como inicio de onda aparece en el lugar 9, y entonces, el 9 también es trascendente.

Las serpientes son las energías vitales, la kundalini, todo lo que lleva a preservar la vida. Entonces, también es importante estar atento a tu intuición, a tus mensajes internos, para entrar en la trascendencia. Aquello que el sello 13, AJ o BEN, ha trasladado al ocupar el lugar 5 como onda al lugar 9, inicia algo que se asocia con nuevo nacimiento. Tu interior te quiere llevar de forma clara e inevitable a una experiencia de nuevo nacimiento.

La onda 9 inicia un cuantum energético vital donde aparece una experiencia de iluminación. No tengas miedo de tu energía vital. Ten conciencia, ten lucidez, ten conexión.

A su vez, este lugar 9 en las ondas se relaciona con el lugar 9 en los sellos, que es lo que llaman luna y está hablando del agua cósmica en tu interior. Dentro de ti hay fuerzas creadoras desde el amor.

1, 5, 9, 13, pero también 17.

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