Segunda parte: Hay cosas materiales y leyes espirituales

Segunda parte:
Entonces encontramos cosas materiales y leyes espirituales, y el camino de la expansión de la conciencia es reconocer y conectarte con las leyes espirituales.
Las leyes espirituales no son coercitivas, sino que van abriendo puertas y desvelando una realidad.

Encontramos que, en la realidad ordinaria de cosas, las cosas son agradables y producen gozo. Todo lo que existe está situado en la belleza, el gozo y la maravilla, cuando tú estás situado en tu centro, en tu lugar de poder.
Existen cosas en la realidad material que producen gozo, y también existe ese centro, que es donde la conciencia se expande.

Encontramos que las realidades que aparecen al expandir la conciencia son de la misma naturaleza que las realidades físicas, es decir, producen gozo. Igual que las realidades físicas producen gozo, las realidades espirituales producen gozo, encanto y alegría. Y es necesario entonces encontrar ese centro, ese lugar de poder que despierta, y elegir abrir esas puertas.

Entonces, esas leyes no son coercitivas, sino que despliegan un camino hacia el gozo.

Las cosas son materiales, pero las leyes son inmateriales

Primera parte de algo:
Las cosas son materiales, pero las leyes son inmateriales. Claro, cuando decimos “leyes”, parece que estamos hablando de obligaciones y castigos, pero en realidad estamos hablando de conciencia y libertad.

Cuando hablamos de cosas materiales y leyes inmateriales estamos describiendo la realidad. Todo lo que tocamos, vemos, todo con lo que estamos en contacto físicamente, son cosas materiales.
Podemos decir que la realidad está compuesta entonces por cosas materiales. Sin embargo, eso es así solamente en un primer momento del despertar de la conciencia, del desarrollo de la conciencia, del surgimiento de la conciencia, que es algo ya inmaterial.
Hay un cuerpo y hay una conciencia. Inicialmente solo percibes el cuerpo. Las cosas te hacen daño o no te gustan, las necesitas, las deseas y las quieres, o se rompen.

Pero en un segundo momento – el tiempo sirve para desplegar la conciencia-, empiezas a percibir que además de cosas materiales hay algo indefinido, que pueden ser tus deseos, estados de ánimo, emociones, pero también tu lucidez.
Entonces, te empiezas a dar cuenta de que dependiendo de tu intención pueden suceder cosas de una forma u otra. Inicialmente en un mundo puramente material, tu intención es la forma de conseguir un resultado. Quieres algo, pues te diriges hacia ello. Pero en un segundo momento te das cuenta de que tu intención ya no está solo presente, sino que existe otra característica que es inmaterial. Tu intención puede ser conseguir algo, no respetando a otras personas, o tu intención puede ser conseguir algo, que es tu deseo, pero cargado de algo que vamos a llamar luz, respeto o amor.
Un niño ve algo que le atrae y quiere cogerlo, pero de alguna manera tiene que aprender que hay cosas que son suyas y cosas que no son suyas. Eso es el inicio de la expansión de la conciencia. Vas a encontrar que cuando consigues algo sin amor, se transforma en algo que puede resultar doloroso en el cuerpo físico, en la parte material.
También puedes encontrar que cuando actúas con respeto, aunque sea cediendo el paso, estás abriendo una realidad donde suceden cosas buenas para ti.
Lo inmaterial es darte cuenta de que, según tu actitud, puedes entrar en un mundo de conflicto y dolor, o en un mundo de paz y gozo.
No se trata solo de “quiero esto”, sino que hace falta introducir el cómo lo quiero, con qué actitud, y eso pertenece a lo inmaterial.

Entonces, decimos que hay cosas materiales y algo que denominamos leyes inmateriales, que es como describir la segunda realidad. Hay una realidad puramente material, que está presente en el cuerpo y tiene la característica de producir dolor o gozo, y también hay algo que corresponde en un plano inmaterial a amor y respeto, o sufrimiento y falta de amor. Empezamos a manejar conceptos inmateriales.

Encontramos que esa parte inmaterial está constituida por algo que tiene causas y efectos. Por eso le llamamos leyes. Cuando aplicas tal causa, es decir una intención, tiene como resultado un efecto. Por ejemplo, si un niño pequeño de 4, 5 o 6 años se aleja de su casa, de su entorno y de su familia y empieza a entrar en un terreno peligroso, aparece una ley. Se va jugando o queriendo encontrar algo, pero en realidad se está alejando. Va buscando diversión y placer, pero se está alejando de la diversión y del placer, porque si va transcurriendo el día y se hace de noche el niño empieza a sentir hambre, miedo, frío, aparte de los peligros y daños que puedan surgir.

Así, podemos decir que la realidad y las cosas que nos rodean son peligrosas, son enemigas. Podemos decirlo cuando estamos en un asunto material. Cuando estamos viviendo la vida de forma muy material, podemos decir que la vida es muy peligrosa, que hay múltiples enemigos detrás de todas las cosas.
Sin embargo, cuando estamos en un conocimiento espiritual, podemos decir “cuando estás en tu centro, estás en tu lugar de poder”; no hay nada que sea contrario a ti. Sería como una ley. Encontrar el centro es parte de la expansión de la conciencia. Consecuentemente, si hay un camino del centro que te va elevando dimensionalmente, cada vez que te alejas del centro estás perdiendo la conexión que te lleva al gozo pleno de dimensiones superiores.

Entonces, es consecuente que ya desde niño empieces a comprender eso, que hay un camino del centro maravilloso, aunque a veces esté lleno de cosas que no deseas. Es decir, hay cosas inadecuadas y cosas adecuadas. El respeto y el amor es adecuado, porque pertenece al cielo, y tratar sin respeto y amor a las personas, cosas o animales es inadecuado, porque no pertenece al cielo.
A lo mejor no quieres que haya cosas adecuadas e inadecuadas, pero la realidad es como es. Hay un camino de elevación y un camino de pérdida de la energía, que te lleva a la muerte, a la destrucción. Hay cielo o no cielo. El cielo es para los voluntarios.

Todo es de una relatividad abrumadora

Todo es de una relatividad abrumadora, pero en el sentido de apisonadora, una relatividad que no deja pistas. Todo es de una relatividad aplastante, abrumadora. Si quieres dejar una pista para volver a la no relatividad, es decir, si quieres dejar una pista para volver a la lógica, entonces nunca has salido de la lógica.
Todo es posible en cualquier momento, o en el lenguaje negativo, nada es posible nunca. Entonces, si todo es posible siempre, porqué dejar conexión con “nunca”. Si todo es posible siempre porqué dejar conexión con lo imposible.

Hay un momento en que el karma se acaba. Ninguna ley, ninguna obligación, ninguna imposibilidad se mantiene. Hay un momento en que ninguna cosa es obligatoria.
¿Quién puede estar en ese lugar?, ¿quién puede ser vida de manera permanente? El que encuentra que la vida y el amor son lo mismo, porque en última instancia, en el momento de la confrontación, el amor todo lo excusa. No tiene en cuenta el mal.

Por eso sabemos que hay un momento donde todas las leyes terminan y entonces estás en la plenitud, en el amor, en la eternidad. Puedes equivocarte, solo que te equivocas sin equivocarte

Quizá no necesitamos tantas leyes y órdenes, que te mandan a la sumisión y no a la libertad

Menos leyes y más corazón (Extracto del Libro “Tiempo de perdón. Tiempo de gracias”)

Las plantas y los árboles, esos monolitos, se nutren de luz solar.
También los seres humanos se nutren de luz.
Que las plantas se nutren de la luz del sol está claro. Que los seres humanos se nutren de la luz del sol quizá no esté tan claro, porque se puede pensar que solamente lo hacen de productos envasados, pero no.

Es conveniente encontrar la similitud entre el humano y el árbol, porque el árbol es un maestro, en el moverse, en el tiempo, en la comunicación e incluso en relación al agua.
El árbol es un maestro enlazador, igual que un humano transcendente.

Muchas veces desde lo masculino quisiéramos vivir en un mundo donde la mujer fuese reconocida. Quisiéramos hacerlo a veces desde las leyes, pero solamente la mujer dueña del agua puede recobrar en la conciencia su lugar cuando el hombre se transforma en un mago del agua, porque entonces la mujer ocupa su lugar celeste, ya que el agua es celeste cuando es luminosa.

Quizá no necesitamos leyes y órdenes, que siempre te mandan a la sumisión y no a la libertad, sino encontrar ese momento donde el humano es transcendente, y el agua ya es celeste y expresa lo óptimo.
Menos leyes y más corazón.

https://viatzolkin.com/e-books-libros-y-calendarios/tiempo-de-gracias-tiempo-de-perdon/

La materia, antes de ser luz también existía, porque lo existente crea y convoca a la luz

Hay un campo unificado de materia, con leyes propias que lo configuran.
La materia presente en ese campo unificado antes era luz y respondía a las leyes de la luz. También respondía a las leyes del tiempo, porque tiene un inicio, y eso es tiempo, y por tanto un final.

Pero antes de ser luz también existía, porque lo existente crea y convoca a la luz.
Hay una existencia más allá de la luz, que humanamente puede ser comprendida como emoción y resonancia, y que en código Tzolkin corresponde a lo expresado por el color blanco (viento, enlazador, perro, mago y espejo), donde viento-tormenta refiere al creador, que también es resucitador, y espejo refiere a Tezcatlipoca-Quetzalcóatl.

Desde nuestra conciencia advertida podemos encontrar lo expresado por lo blanco en los colores del Tzolkin como un campo unificado de energía, con sus propias leyes, y percibir cómo aumentan tu energía el amor incondicional (perro), la ley del amor o in lak’ech (espejo), la comunicación desde el corazón (viento), el enlazamiento solidario (enlazador) o la activación mágica (mago) de la red empática de neuronas espejo.
El amor aumenta la energía vital y las ganas de vivir; la solidaridad aumenta la energía; la empatía aumenta la energía; el desapego aumenta la energía; la emoción aumenta la energía y nunca te engaña.

También hay un campo unificado con sus propias leyes asociado a las imágenes, símbolos e información, que va a traducir lo que ves en el presente, y por tanto dónde estás.
Según lo que veas, estás en uno u otro lugar dimensional. La imagen la creas tú; tú dices lo que te pasa y lo que vives. Según consideres tu vida dirás -sin palabras, claro, solo vibracionalmente- que estás en el cielo, inframundo, purgatorio o desierto, como naufrago o esclavo.

También existe el ensueño, o sea Noche, y su ley; existe águila y su ley; mono, mano y tormenta, y sus leyes azul extremadamente asociadas a las leyes blancas de la emoción.

También existe un campo unificado de la iluminación, donde la luz se expande asociada al color amarillo del Tzolkin.

La luz cumpliendo una misión, expresada por el color rojo, el cuerpo y el ADN se expanden, madurando y floreciendo en el color amarillo.
De modo que el color amarillo, que se puede traducir como aire según los códigos presentes en los sólidos platónicos, de lo que habla es del cuerpo, pero liberado de las leyes del campo unificado de la materia, como pueden ser la ley de la gravedad, las leyes por las cuales existe la enfermedad y la muerte o las de la velocidad de la luz y del sonido.
Ante esa expansión del cuerpo que se deshace de lo que le hace más pesado que una pluma, todo esto desaparece y queda sin efecto, porque son otras las leyes del campo unificado de la iluminación.