Todos y cada uno de los seres humanos somos, igual que la luz, onda y partícula

Todos y cada uno de los seres humanos somos, igual que la luz, onda y partícula. Todos y cada uno de los seres humanos somos corpúsculo y onda, permanentemente, igual que el fotón, que es la luz individualizada.

La mínima expresión en que puede aparecer la luz es el fotón. Por definición no admite nada más pequeño, porque ya lo hemos denominado como “mínimo”. El fotón no se puede partir. Es como hablar del átomo como la forma más pequeña de la materia, aunque ya han visto que hay partículas y el átomo está compuesto por pequeños “todos”.

La persona es igual. Una persona concreta es la forma individualizada de la humanidad, del concepto de humano arquetipo. Entonces, cada persona es luz como onda cuando actúa desde el arquetipo, desde lo óptimo, como “humano optimo”, y es corpúsculo cuando actúa como persona individual en el aquí y el ahora.

¿Esto para qué sirve? Para preguntarte ¿qué es el humano óptimo, el humano que se comporta como onda? Es el humano que pertenece a esa otra dimensión donde el fotón ya no se comporta como corpúsculo sino como onda, llenando todo el espacio; no apareciendo solamente en un punto, sino en todo.

Eso es similar al concepto de Cristo como humano divino. Cristo en este concepto puede ser expresado como una forma individualizada corpuscular de Dios, y entonces Dios sería onda, y Cristo, algo que sucede aquí y ahora, sería corpúsculo. Pero al mismo tiempo es un ser humano y entonces es equivalente a cualquier persona. Cualquier persona es Cristo cuando actúa como onda y “fulanito de tal” cuando actúa como corpúsculo.

Entonces, cuando el ser humano está actuando como onda en su forma óptima, está actuando como lo divino. Cristo es como el paso de lo divino a lo humano.

Visto desde lo humano Cristo es onda, y entrando en el concepto de Cristo, Cristo sería corpúsculo y Dios onda. Si el humano es igual a Cristo, Cristo es igual a divino.

Es el paso, como concepto.

La única forma de vencer al enemigo del ser humano en la actualidad es darle el poder a la mujer.

La única forma de vencer al enemigo del ser humano en la actualidad es darle el poder a la mujer.

La única forma de entrar en la maravilla es honrar a la mujer, reconocer y honrar la energía femenina; cambiar las leyes y ampliar los espacios de la mujer: ampliar los espacios de poder de la mujer, ampliar los espacios de decisión de la mujer,…
También es importante liberar a la mujer de la sumisión forzada a través de leyes que penalicen fuertemente los comportamientos contra su libertad y su dignidad, rompiendo la tolerancia fáctica con la sumisión de la mujer.

Son necesarias leyes restrictivas para cortar con la repetición.
En la repetición, que a veces se llama tradición sin serlo, es donde se mantiene fácticamente la sumisión.
Pero la repetición es algo que te duerme. Por eso hace falta ese despertar súbito en forma de leyes muy restrictivas y tratamientos de reeducacion de los reincidentes.
Las leyes muy restrictivas son muy necesarias aún hoy, para que se instalen en todo el mundo, porque no estamos hablando de una sociedad sino de todas.
No hay evolución sin honra y respeto a la mujer.

Hay muchas definiciones acerca del ser humano (Libro de las Sincronías)

Hay muchas definiciones de personas sabias y también de personas científicas, o sea que reciben subvenciones por ser sabios, y nosotros, desde nuestra ignorancia y nuestra insolvencia vamos a proponer una definición tonta del ser humano.

Quizá al mirar a un ser humano vemos que tiene ojos, manos, piernas, brazos y habitualmente también pantalones o falda y zapatos, pero aunque veamos todo eso nuestra definición tonta es que el ser humano es un clímax amoroso.

La realidad del ser humano, si pudiéramos verla o sentirla desde otra dimensión superior, podríamos considerarla como una explosión de amor, y cuando la persona recupera esa conciencia se sitúa en un nivel de realidad elevado y transporta consigo, en su conciencia expandida, a todas las personas

En un ser humano también hay un árbol.

En un ser humano también hay un árbol. 
Los árboles a través de la FOTOSÍNTESIS se alimentan de la luz del Sol. Por un lado se alimentan, se nutren de luz, pero por otro lado lo que hacen es introducir la luz en la materia y permiten, al metabolizar la luz, que ésta descienda del mundo del cielo al mundo de las cosas.

Eso lo hace el ser humano a través de sus manos cuando acaricia, cuando ayuda, cuando crea belleza, cuando ama. 
Los árboles y las plantas con sus hojas, y los seres humanos con sus manos traen la luz al mundo de las cosas. 

Los Humanos necesitamos la luz del Sol en nuestros ojos y en nuestra piel. Eso nos nutre, por ejemplo activa la vitamina D, pero también y sobre todo nuestro ser de luz, nuestro ser espiritual necesita esa nutrición de la solidaridad, del amor de la acción bella. 

Los pies son como las raíces y las manos como las ramas y las hojas. 
También hay nutrición sutil y mágica desde los pies, que se adentran en la Madre Tierra. 
Los pies contactan con la tierra y cuando lo actualizas con tu conciencia se adentran como las raíces de los árboles y las plantas en el interior de la tierra, permitiendo que ascienda la Kundalini de la Tierra. Eso sana y fortalece el cuerpo y le permite cumplir su misión como Madre Tierra en el mundo de los seres humanos. 

Los humanos se mueven y la Tierra esta quieta, o los humanos parece que se mueven y la Tierra parece estar quieta. Quietud y movimiento son dos mundos diferentes.

Con la conciencia el ser humano permite a la Madre Tierra entrar en el movimiento, sanando y fortaleciendo el cuerpo, y añadiendo paciencia, generosidad y abundancia. 
El ser humano Tierra recibe salud, abundancia, paciencia, generosidad.

El cuerpo del ser humano es como la tierra

El cuerpo del ser humano es como la tierra. El cuerpo del ser humano, como la tierra, está compuesto por átomos, por partículas subatómicas y es expresión de distintas leyes similares, como la fuerza de la gravedad o las distintas fuerzas que hacen que se unan las partículas subatómicas, formen átomo y a su vez los átomos configuren moléculas.
La tierra, la madre tierra, y el cuerpo del ser humano son similares.

El cuerpo y la tierra son lo mismo, están en la misma dimensión. El cuerpo del ser humano es como la tierra, solo que se mueve, tiene un movimiento autónomo. Eso aparece en los pies. Los pies del ser humano permiten un movimiento autónomo.
El ser humano es como la tierra, solo que abraza.
La tierra para abrazar ha creado al ser humano.

El ser humano, gracias a sus manos y a sus brazos puede abrazar. Es la tierra la que abraza.
El ser humano es la tierra que habla, la tierra que bendice, la tierra que expresa sentimientos a través de su palabra.
El ser humano es la tierra que contempla, que ve la maravilla y empatiza, que es consciente del amor.

La frontera donde la luz aparece como amor

Podemos decir que el ser humano es aquella frontera donde la luz aparece como amor. El ser humano es esa expansión de la luz, y esa expansión de la luz es el amor.
Entonces, toda la creación es el trayecto, el camino que ha desarrollado la luz para convertirse en amor.
También el ser humano, al despertar su
conciencia a la conexión con la energía Dios, abre el camino para reintegrarse a la plenitud.

A través del amor el humano reconecta con Dios.

La vertiginosa carrera de las partículas subatómicas

Cuando las partículas subatómicas, después de toda su eterna atemporalidad, consiguen construir un átomo, comienzan una vertiginosa carrera de miles de millones de años, hasta que consiguen configurar el platino dentro de la supernova.
Y entonces, maravillosamente estallan y se superdesconfiguran para permitir iniciar la vida orgánica.
Ahí comienza una vertiginosa carrera de miles de millones de tiempos hasta conseguir configurar al ser humano, o sea tú, yo, aquel, aquella, la otra, los otros.
Y entonces, comienza una vertiginosa carrera, entre atemporal y temporal como todas estas carreras, hasta llegar a reintegrarse o hasta -versión b- llegar a producir ese salto cuántico que trasciende la dimensión ordinaria de las cosas, para entrar en la dimensión extraordinaria de la maravilla.

Cuando las partículas subatómicas, después de toda su eterna atemporalidad, consiguen construir…

Cuando las partículas subatómicas, después de toda su eterna atemporalidad, consiguen construir un átomo comienzan una vertiginosa carrera de miles de millones de años, hasta que consiguen configurar el platino dentro de la supernova.
Y entonces, maravillosamente estallan y se superdesconfiguran para permitir iniciar la vida orgánica.
Ahí comienza una vertiginosa carrera de miles de millones de tiempos hasta conseguir configurar el ser humano, o sea tú, yo, aquel, aquella, la otra, los otros.
Y entonces, comienza una vertiginosa carrera, entre atemporal y temporal como todas estas carreras, hasta llegar a reintegrarse o hasta (versión b) llegar a producir ese salto cuántico que trasciende la dimensión ordinaria de las cosas, para entrar en la dimensión extraordinaria de la maravilla.

El ser humano tiene un poder que desconoce

Empezar a creértelo es empezar a estar. Empezar a creértelo y verlo es empezar a vivir algo, es abrirle la puerta a una realidad, que era nuestra pero la desconocíamos.

El ser humano tiene un poder que desconoce. El ser humano tiene el poder de ser feliz y sin embargo lo desconoce. Lo tiene dentro y cree que está fuera. El ser humano tiene un poder maravilloso, gracias a Dios, gracias a la vida, bendito sea.
Bendito sea ese poder, que puede ser expresado como masculino o como femenino. El ser humano tiene un poder dentro que cree que está fuera, y solo cuando lo encuentra empieza a ser humano en plenitud. Cuando encuentra ese poder encuentra la razón de su existencia en esta dimensión: el poder de ser feliz y el poder de hacer felices a las personas.

El ser humano en su interior tiene un poder, que simplemente proyectándolo sin que ocurra nada material, empieza a transformar la realidad.
El ser humano tiene el poder de hacer felices a las personas simplemente mirándolas desde su corazón y amándolas, porque el amor es una vibración que transmite vida.
Gracias.