El presente es cuando estás viviendo un momento de lucidez y entonces estás evolucionando

El presente es cuando estás evolucionando, cuando estás viviendo un momento de lucidez y entonces estás evolucionando.
El presente no es cuando simplemente está pasando el tiempo y te diriges hacia la muerte, hacia el final del tiempo, sino cuando estás despertando como conciencia viva, tomando decisiones desde una libertad absoluta. Entonces, es cuando estás entrando en el presente.

Cuando entras en el presente, que es el lugar del ser siendo, de la plenitud, entonces estás en la plenitud y no en la inercia hacia la desaparición. Por eso imprescindible, adecuado y lo propio en este tiempo el conectar con ese presente y sentir cómo entras ahí, porque hay como una frontera vibracional, una frontera dimensional.

Podemos decir que hay dos presentes como hay dos realidades: el presente hacia el dejar de ser y el presente hacia el ser. El presente real es el que se dirige al ser, que requiere esos dos componentes de conciencia y libertad absoluta, y entonces sales del presente, falso presente, que es el de la inercia.
Se trata de pasar de la inercia a la libertad.

Instalarse en lo nuevo a veces es difícil por la tendencia a la inercia

montaña a través de los árboles s
Instalarse en lo nuevo a veces es difícil porque hay una tendencia a la inercia y a repetir lo antiguo, por la seguridad que da.

Entre lo viejo y lo nuevo hay unos periodos intermedios, de modo que muchas veces no se puede decir cuándo ha empezado lo nuevo. Son periodos de adaptación, porque en el cuerpo como en la personalidad hay cosas rápidas y lentas. En el cuerpo hay músculos y reacciones rápidas de adaptación, pero también músculos lentos y procesos lentos, que se han hecho fuertes porque han aprendido a hacer algo y al aparecer lo nuevo no desaparecen tan rápido, revirtiendo lo que conocen.
De la misma manera la personalidad ha aprendido cosas que le hacen sentirse útil y fuerte, y cuesta desaprenderlas. Las ha aprendido lentamente y las va a desprender lentamente.
Esa lentitud forma parte de la supervivencia, porque en caso de que haya que dar marcha atrás, todavía sigue estando activo.

Cuando te sitúas en la visión del águila, que está mirando desde arriba, viendo muchos procesos a la vez y no solamente uno, te das cuenta de que tienes que situarte en lo nuevo para que todos los procesos vitales se instalen en lo nuevo.
Desde esa visión del águila es necesario reconocer cómo lo nuevo es una versión de lo antiguo, porque el águila también ve eso.
Su visión es tan profunda como elevada. Está viendo desde lejos pero también desde dentro en profundidad. Por eso en el águila hay que unir, junto a su visión periférica y puntual, una visión profunda en el interior de los procesos.

La visión del águila es también la de los radiotelescopios, que ya no ven imágenes en la superficie sino las vibraciones del núcleo, que son también las vibraciones propias del in lak’ech, donde “yo soy tú” y “tú eres yo”, porque el yo y el tu están en la superficie, al igual que las fronteras y culturas.
Hay un núcleo interno que nutre a todas las culturas, en el que las culturas y personas son la misma y los fenómenos superficiales son pura superficie.
Gracias, bendición, perdón