El óvulo parece pasivo, pero en realidad es totalmente activo vibracionalmente

El óvulo atrae. El óvulo en el plano físico formal está quieto, pero en el nivel vibracional es totalmente activo y atrae al espermatozoide. Antes de que el espermatozoide comience a correr, el óvulo ya ha empezado su tarea de atracción sobre el espermatozoide.
El óvulo parece pasivo, pero en realidad es totalmente activo vibracionalmente.

Por otro lado, el espermatozoide es muy activo en el plano físico, material y formal, porque lo que hace es tratar de llegar el primero a la meta. Se esfuerza al máximo, pero en realidad es atraído. Si lo situáramos en un mundo magnético, veríamos que hay un potente imán que atrae. Esa es la fuerza activa y lo que es atraído representa una fuerza pasiva.

¿Qué te afecta más, el abandono o el rechazo?

Hemos realizado una encuesta en nuestro entorno. La pregunta es ¿qué te afecta más, el abandono o el rechazo? La repuesta ha sido mayoritariamente el abandono para las mujeres y el rechazo para los hombres.

Eso parece traducir la realidad que se expresa a nivel de óvulo y espermatozoide. El óvulo no va en búsqueda de espermatozoides, sino que los recibe, y de alguna manera selecciona el que quiere aceptar. Esa es su potestad, su poder. Puede decir sí o puede decir no, pero necesita que haya ese interés, esa atracción. Aquí el abandono es lesivo, porque muestra el final del interés; se ha terminado el interés. Entonces, esa relación de atractor y atraído se rompe, porque el atraído no es atraído y abandona hacia otra atracción. Eso es una negación del óvulo.

Por eso el abandono, que es el abandono del interés, es lesivo para el óvulo. El abandono, como falta de interés, le borra como óvulo, le borra de la vida. Sin embargo, el rechazo le hace ser óvulo, porque el óvulo puede rechazar.

Sin embargo, el espermatozoide no tiene el poder de rechazar al óvulo, porque el óvulo no va a buscarle. El espermatozoide hace un esfuerzo total para llegar y eso le permite ser espermatozoide. Al óvulo le permite ser óvulo el poder admitir o rechazar, pero necesita esa atracción.
Al espermatozoide le hace espermatozoide el esfuerzo en el que pone toda su vida, y entonces, lo que le duele es el rechazo; no el abandono, porque si el abandono es falta de interés, el espermatozoide sí tiene interés, pero por llegar a otro sitio.

El poder del óvulo es el elegir, o sea el rechazar lo que no, y lo que le duele es el abandono que supone la existencia de un interés mayor, de una atracción mayor en otro sitio.
Mientras, al espermatozoide le hace ser espermatozoide su intención, su movimiento y su ir a su meta, y entonces lo que le duele es que la meta le diga que no y le rechace.

EL ÓVULO FEMENINO TIENE SUS PROPIAS LEYES (Vídeo)

EL ÓVULO FEMENINO TIENE SUS PROPIAS LEYES (Vídeo)

El óvulo tiene sus propias leyes, su propio programa. El óvulo femenino responde a sus propias leyes y programa, igual que el espermatozoide.
El óvulo puede permitir o no el acceso al espermatozoide. Pertenece a su potestad.
Es un tema que hay que perfilar, porque hay muchas cosas en ese territorio que son tóxicas. No por ser tienen validez.
En el tiempo de la conciencia hay que determinar qué cosa es tóxica y qué cosa pertenece a la vida. No todo sirve. Muchas cosas no son reales, no tienen futuro y no entran en otra dimensión.

El ser humano masculino genera más músculo y durante más tiempo. Es una de las diferencias respecto al cuerpo de la mujer.
La necesidad de dormir afecta más a la mujer y al hombre menos.
Consecuentemente, hay diferencias en lo físico o fisiológico. Son programas distintos.
Se sabe también que los circuitos cerebrales del embrión son inicialmente femeninos, y a partir de la octava semana ya se van creando los circuitos masculinos.

El problema está cuando el ser humano masculino se cree el uno. Siempre es el dos frente a dimensiones superiores. El hombre no puede prescindir de referencias superiores.

Ahora mismo es necesario resituar la energía femenina en la humanidad. Pero no se trata de una guerra o de poner a unos abajo y otros arriba, sino de hacia dónde te estás moviendo tu, tanto como hombre como mujer.